15 de diciembre de 2019
15.12.2019
La contracrónica

Hércules CF: Clamor contra el olor a muerto

Medio millar de aficionados se congregan en la Puerta 0 del Rico Pérez para protestar contra la plantilla, Ortiz, Ramírez y Mir; que tienen que salir escoltados del estadio tras otro ridículo deportivo

15.12.2019 | 00:36
Hércules CF: Clamor contra el olor a muerto

El Hércules es un cadáver. Dentro del club no hay nadie que lo levante. No saben. Cada día el olor es peor. Más amargo, más moribundo, más definitivo. Por increíble que parezca, el club excavó ayer todavía más para sepultar lo poco que le queda. El partido de ayer ante el Badalona, que ganó con justicia en el Rico Pérez y que sobrepasa al Hércules en la tabla, fue un horror. Una sucesión de malas decisiones de unos jugadores bloqueados hasta el extremo. Muchos de ellos son una sombra de lo que fueron, otros ni siquiera han demostrado nada. El culmen del pánico y del terror llegó tras el partido, cuando medio millar de aficionados se congregó en la puerta cero del estadio alicantino para clamar contra todo y contra todos. Contra Enrique Ortiz, por una gestión nefasta de 20 años de historia. Contra Juan Carlos Ramírez, su socio de despropósitos en los últimos años, que no pudo tener peor estreno en su nueva puesta de largo. Contra la plantilla y contra el propio entrenador, un Vicente Mir que agitó a los presentes tras afirmar en rueda de prensa que el equipo se le cayó tras los pitos del estadio. «A partir de que la gente se ha empezado a meter con el equipo, los jugadores se han venido un poco abajo». Inaudito.

La tensión fue máxima y 45 minutos después del término del partido ningún futbolista ni directivo había salido. Enfrente, medio millar de indignados cantando contra la nefasta gestión de un Hércules que se arrastra, sin rastro alguno de su noble y centenaria historia. «Directiva, dimisión», «jugadores, mercenarios» y «respetad el escudo» fueron algunas de las proclamas de un afición que ayer dijo basta con todas la letras.

Los primeros en salir fueron los canteranos Pedro Torres y Abde, que fueron aplaudidos. Tras ellos, los jugadores de la primera plantilla fueron desfilando a cuentagotas y la crispación tocó techo. La afición se desplazó hasta el párking, donde los jugadores fueron a sacar sus vehículos particulares. Todo ello con más de una decena de miembros de la seguridad privada del club. Los canteranos Álvaro Pérez y Víctor Olmedo fueron los únicos futbolistas que se acercaron a la afición para dialogar y pedir perdón. Fueron los momentos más duros de la noche, pero la afición terminó reconociéndoles el orgullo torero a ambos.

Unos minutos más tarde salió el grueso de la plantilla, que desfiló directamente hacia sus coches y que fue diana de toda clase de pitos y protestas. Sólo el capitán Falcón fue despedido entre aplausos y la afición congregada en el párking terminó coreando su nombre. A Nani también se le reconoció entrega.

Poco después salió el técnico Vicente Mir, sobre el que la afición depositó su irritación por las palabras en la rueda de prensa que acababa de dar. Trabajo tiene por delante. De las críticas tampoco se salvó el cuerpo técnico y el preparador físico, Portu, fue criticado y la afición congregada en la puerta cero pidió su dimisión. Nadie se salvó del descalabro.

La ira de la afición se centraría poco después en Juan Carlos Ramírez, que terminó saliendo del estadio escoltado por la seguridad privada del club, pero también por varios efectivos de la Policía Nacional. Los herculanos pidieron la marcha del empresario vasco, que precisamente esta semana ha asumido las riendas del equipo tras el adiós de Portillo como director deportivo. Ramírez se marchó solo ayer del estadio. Al mismo tiempo que él también salía del Rico Pérez el presidente, Carlos Parodi, que pasó más desapercibido entre el enojo generalizado.

Mientras, la expedición del Badalona esperaba en el interior del estadio para poder salir con el autobús. Cuando logró hacerlo, lo hizo entre aplausos de la afición herculana.

Sin entrar cinco minutos

La semana ya venía calentita. La ilusión por la llegada del técnico Vicente Mir apenas duró tres horas porque el martes por la tarde el club anunció que los abonados tenían que pagar para el partido del próximo martes (20.45 horas) de Copa del Rey contra el Recretivo de Huelva. De nada valió, provocó el efecto contrario, la intentona del club por apañar el desaguisado, al aclarar que ante el Recreativo sí habría que pagar, pero quien lo hiciera, entraría gratis a la siguiente ronda, en caso de que la hubiera. No entendieron nada.

Tal despropósito despertó a la afición, que ayer terminó de rugir como nunca, y se invitó a entrar ayer al partido con cinco minutos disputados. La propuesta tuvo buena acogida y el partido comenzó con un estadio casi vacío. Además, la pancarta de la discordia de hacía dos semanas, pudo entrar, así como multitud de pasquines con el mismo lema. «Respetad el escudo».

El Hércules toca fondo cada semana desde hace más de lo debido. Ya no es su preocupante y alarmante posición de descenso a Tercera División, ni siquiera el hecho de poder estar hoy a tres partidos de la salvación, es el olor a cerrado tras dos décadas de una gestión deficitaria, que ha rebajado al club hasta el extremo.

La afición teme y con razón que la centenaria historia del Hércules termine un día de estos. No sería el primer caso de un club abandonado a su suerte por la directiva y arrastrado en lo deportivo. Si Ramírez y Ortiz, que ayer estaba en el extranjero (maravillosa habilidad para no salir nunca en la foto), no quieren cargar de por vida con el cadáver del Hércules deben salvar la temporada con la mayor dignidad, sacar al equipo del descenso y dejar paso.

Dejar paso a alguien que asuma el club como propio, con intenciones limpias, con voluntad de equiparar la actualidad del club con su más que digna historia. Con mano izquierda, de dejar hacer a quien sabe hacerlo.

El Hércules huele a muerto y lo que es peor, ha demostrado que es capaz de seguir hundiéndose. Lo más inmediato es el mercado invernal, lo más necesario es abrir las ventanas para no ahogarse.

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