20 de agosto de 2019
20.08.2019
Obituario
'Pepe' Csóka

Un mágico magiar en La Viña

19.08.2019 | 21:24
Gol de Csóka con la camiseta del Hércules al Elche en la temporada 1960-61.

La invasión soviética a Hungría de 1956 cogió al Honved Budapest de camino a Bilbao. Una eliminatoria de la Copa Europa que cambió la vida de todos los futbolistas de la plantilla, una hornada dorada en la que figuraban Puskas, Czibor o Kocsis; que tuvieron la admiración del mundo del fútbol mundial con su selección. Aquellos «mágicos magiares», como habían sido apodados, decidieron no regresar a su país tras el partido de San Mamés y encontraron asilo en España, principalmente.

Aquella desbandada generalizada debilitó al Honved de Budapest, que hubo de echar mano de su segundo equipo, donde destacaba un joven Jozsef Csoka (Vacszentlaszlo, 1936) que había debutado con los mayores, pero que en aquella ocasión no había viajado a Bilbao.

Apenas un mes después, en diciembre de 1956, el Rapid de Viena invitó al reconstruido Honved a un torneo. Sería el salvoconducto ideal para Csoka, que firmaría sobre suelo austriaco un contrato con el Atlético de Madrid. Su debut con los colchoneros se hizo esperar y la 57-58 la disputó cedido en el Recreativo de Huelva. Tras un año casi inédito en el Manzanares, se marchó al Mallorca, donde consiguió ascender a Primera. Sin embargo, en ese mismo verano, el de 1960, una llamada del técnico Saturnino Grech le hizo cambiar su ruta con dirección a Alicante.

En el Hércules, recién ascendido de Tercera, Pepe, como se le rebautizó en España,disputó 30 partidos y marcó 9 goles.

Desde el primer día dejó patente su calidad, coetánea de aquellos húngaros como Puskas y Kubala, que tan buen recuerdo dejaron en la liga. «Pepito era muy fino, cuando había penalti ni mirábamos, sabíamos que era gol», recordaba ayer Ramón Balasch, compañero de Csoka en el Hércules.

De Alicante se marchó sin haber cobrado parte de lo que había firmado y estiró su carrera en el Sabadell, el Baleares y el Andorra, lugar en el que ayer falleció a los 83 años. Allí había establecido su domicilio porque su mujer era propietaria de un supermercado. En el vestuario del Hércules quedó grabado su depurada técnica, su cariñosidad y sus discusiones con Ricardo García, surgidas por eternas partidas de dominó.

El valenciano, entonces soltero, vivía en el barrio del Pla junto a Csoka y su mujer. «Alguna vez apareció el dominó en el congelador porque la mujer de Pepito lo escondía para que no jugaran más« confesaba ayer Balasch, que fue el primero en recibir la noticia.

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