Tendencias Invierno 2018

Técnicas para evitar el estrés y desconectar del trabajo

El trabajo, la autoexigencia y la tecnología hacen que nuestra mente vaya «disparada», generando estrés y otros trastornos cerebrales. Por ello, aprender a desconectar nos va a ayudar a estar más relajados, descansar mejor y, en definitiva, a ser más felices

30-01-2018Meneame
Fotolia / Freepik.es
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VÍCTOR M. ROMERO

El estrés es uno de los trastornos con más incidencia de nuestra era en las sociedades desarrolladas. No es una afirmación exagerada. Al menos es lo que refleja el VII Estudio CinfaSalud sobre «Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés» donde se indica que nueve de cada diez ciudadanos, de entre 18 y 65 años, han sentido estrés en el último año y el 42% lo ha sufrido de manera frecuente o continuada.

En números, este porcentaje refleja que más de 12 millones de españoles tienen la percepción de estar estresados frente a los cuatro de cada cien ciudadanos que aseguran no sentir ningún tipo de estrés. ¿Qué motivos nos llevan a sufrir estrés? ¿Somos conscientes de ello? ¿Cómo podemos prevenirlo?

Los motivos que causan estos casos son variados. De hecho, no suele haber una única causa sino una combinación de varias. Por ello, una buena decisión para empezar a vivir mejor es aprender a desconectar, empezar a incorporar en nuestro día a día una serie de hábitos y rutinas que nos ayuden a relajar la mente y reducir las revoluciones a las que marcha nuestro cerebro.

El trabajo, la autoexigencia y la dependencia de la tecnología y los dispositivos móviles son factores que provocan que nuestra mente esté disparada. El no ponernos horarios también incide. Quién no ha enviado un email de trabajo fuera del horario laboral o le ha sonado el móvil en el gimnasio o en el cine. Interrupciones pequeñas y constantes que, si no les ponemos freno, van a minar poco a poco nuestro estado de salud.

¿Y cómo podemos desconectar? El trabajo es sencillo. Sin embargo, debe ser constante. La constancia es la base para lograr el éxito y la dificultad reside precisamente en la necesidad de ser constantes. Sin ello es imposible reeducarnos para vivir más relajados.

Para empezar a desconectar es imprescindible asumir que cada persona debe tener sus momentos de desconexión, una desconexión que se puede conseguir de diversos modos. Una manera de hacerlo es a través de la respiración y del pensamiento. Trabajar la respiración ayuda a hacer un parón mental, convirtiéndose en el recurso idóneo para activar el sistema parasimpático. Las respiraciones lentas y profundas van a permitirnos «aflojar». Una respiración que también debe de ir acompañado de un cambio de pensamiento.

Y es que hay que tomar conciencia de que estos momentos de desconexión son momentos independientes, fuera de nuestra rutina, y que se hacen para mejorar. Por ello y para cambiar estos pensamientos una buena técnica consiste en modificar los verbos que utilizamos con nosotros mismos y con los que nos organizamos el día a día. En este sentido, un ejemplo claro sería el de sustituir una frase que contenga «tengo que» por expresiones como «me apetece» o «ahora elijo».

descanso

Este tipo de técnicas ayudan a transformar lo cognitivo y a tomar consciencia de que son momentos diferentes. También es importante, imprescindible, desconectar de la tecnología, de los emails y de los móviles. La desconexión tiene que ser una conexión con nosotros mismos, algo que nos ayude a limpiar nuestro sistema nervioso. De este modo, la desconexión nos va a ayudar a aprender a decidir, pudiendo tomar mejores decisiones ya que vamos a introducir la reflexión. No vamos a decir algo a base de impulsos.

Los momentos de desconexión pueden ser muy diferentes. Dependen de la persona y cada una puede escoger los que le generen mayor bienestar. La respiración es una técnica excelente pero también existen otras opciones como la de tener una buena conversación, buscar destinos de viaje o leer. Cada uno podemos elegir cómo y cuándo desconectar.

 

Aprovechar los trayectos

 

Los trayectos pueden ser también un buen momento para desconectar. Por ello, el momento de, por ejemplo, puede ser una situación ideal. Trabajar la respiración en estos momentos, fijarse en un único punto y tener pensamientos positivos pueden hacer que nos relajemos más y, con los hábitos adquiridos, ayudar a prevenirnos de depresiones.

Estas iniciativas son sencillas de tomar. La dificultad reside, como se ha comentado con anterioridad, en la necesidad de ser constantes. Por ello hay que practicar y asumir que puede que no salga bien desde el principio. No perder de vista el motivo por el que nos esforzamos y no tener prisa son ideas a tener presentes. Los beneficios con los nuevos hábitos llegarán, permitiéndonos estar más relajados, rendir mejor y disfrutar más de nuestro tiempo.

 

Beneficios de desconectar

 

Menos estrés. Desconectar nos ayuda a bajar el nivel de cortisol y nos relaja fisiológicamente.

Mejora la calidad del sueño. Visualizar imágenes positivas antes de dormir utilizando el lenguaje simbólico o sustituir pensamientos del tipo «tengo que» por «me apetece» o «ahora quiero» también son positivos

Beneficiar las relaciones sociales. Las neuronas espejo también se tienen que desconectar. Estar con nosotros mismos nos ayuda a saber dónde están nuestros lími- tes y fronteras.

Mejora la productividad en el trabajo. El momento de descanso es una parte muy importante del trabajo. Es necesario e imprescindible. Nos va a ayudar a ser más productivos.

Fomenta el humor y la creatividad.