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Tribuna Joan Castaño, Archivero del Patronat del Misteri d'Elx

Procesión jubilosa: en honor a la Virgen de la Asunción

Esta procesión nunca ha tenido un carácter doloroso o fúnebre, siempre se ha considerado como una de las partes integrantes de la Festa

01-08-2019Meneame
Procesión del 15 de agosto.
Procesión del 15 de agosto.

Desde hace algunos años, quizás a causa de la influencia de las procesiones de Semana Santa que han tomado gran fuerza en nuestra ciudad, se han querido ver también en la procesión del 15 de agosto, la de la Virgen de la Asunción, matices de tristeza y de luto. Se argumenta que dicha procesión representa el entierro de la Madre de Dios, llevado a cabo por los apóstoles y judíos con asistencia de las Marías y ángeles de cortejo.

Nada más lejos de la realidad. Nunca ha tenido esta procesión un carácter doloroso o fúnebre, sino que siempre ha sido considerada como una de las partes integrantes de la Festa, de la fiesta mayor de la ciudad, que culmina la misma tarde con la coronación de María. Y como tal procesión jubilosa se presenta en las consuetas y en las descripciones que conservamos a lo largo de los siglos.

Por ejemplo, en el guión de 1625 se nos dice que, «lo dia de Nostra Senyora de matí, a hora de missa major, es fa la processó general, acompanyada de les tres parròquies i els dos convents de frares franciscos descalços i frares mercedaris i lo procurador i batle, justícia i jurats i demés oficials ab tota la gent principal, ab los confrares de Nostra Senyora ab ciris encessos en les mans davant de dits clero i frares, ab lo pendó de domàs blanch ab la insignia de Nostra Senyora, xirimies i sons, ab los dos elets ab los bastons daurats, ab dos capellans, ab ses capes de cor blanques i bordons d'argent, concertant i arreglant dita processó. La música cantant lo salm de "In exitu Israel de Egipto" i diversitat de cançonetes [€], essent dita processó en la plaça Major disparen l'artilleria de la muralla i torres i dura fins que arriba a la torre de la Calaforra, que·s la placeta de Santa Isabel, que·s a la porta de la vila, tremolant banderes per dites torres i muralles€»

Los elementos festivos que actualmente siguen enfatizando este desfile religioso no dejan lugar a dudas de su carácter exultante: volteo de campanas, dulzaina i tamboril, disparo de cohetes y tracas, participación de las comisiones de fiestas... Elementos que, por el contrario, no están presentes en el luto del Viernes Santo.

Es cierto que en algunos años, por intentar equiparar esta procesión con la del Santo Entierro, se ha oído interpretar a la banda de música que cierra el desfile algunas marchas fúnebres similares a las que acompañan a la «Mare de Déu de les Bombes», a la Virgen de los Dolores, pero pronto se corrigió esta desviación ya que la alegría de la Asunción ha de manifestarse con todos los medios posibles.

Tampoco parecen apropiadas ropas de luto en sus participantes, sino que este día luminoso y alegre, como el principal día festivo del año, ha sido ocasión de vestir las mejores galas, siempre de elegantes colores.

José Pomares Perlasia, en su viva descripción de la Festa de los años cincuenta del siglo pasado, nos ofrece también algunas pinceladas del ambiente gozoso que impregna esta procesión: «En toda la región valenciana, las procesiones se han de iniciar con lo que aquí se llama "el tamboret i la xaramiteta", que se ponen a la puerta de la iglesia para mover y arrastrar a los fieles a salir [€] También desde hace algunos lustros abren la procesión gigantes y cabezudos, fórmase una doble hilera de cirios que se mueve poco al principio, a la que muchas veces hay que apretar sacando a la imagen a la mitad del andador [€]»

«La salida de la Virgen a la calle es anunciada de modo estruendoso al estilo valenciano: mientras la cama se detiene en el dintel de la puerta Mayor, a su presencia la música rompe en una marcha triunfal, las campanas se echan al vuelo y un sin número de cohetes-bomba atruenan el espacio: "La Maredéu ja està en el carrer!"».

Los elementos festivos de este desfile religioso no dejan lugar a dudas de su carácter exultante.

La explicación última de este espíritu jubiloso resulta evidente para la fe cristiana en la que se basa nuestra Festa. El Viernes Santo conmemoramos el entierro de un Cristo muerto en la cruz, derrotado, al que acompañan la tristeza, el luto y la desesperanza de sus discípulos, mientras se recuerda como su cuerpo sin vida fue depositado en el Santo Sepulcro.

Pero una vez celebrada su resurrección el Domingo de Pascua, Cristo, que ha vencido a la muerte para siempre, nos muestra que los hombres no hemos de temerla, no hemos de verla como algo definitivo ya que también resucitaremos. Aunque la desaparición de un ser querido nos entristece como humanos, esa tristeza ha de ser esperanzada.

María, que es considerada primicia de la Humanidad, muere en su Dormición de la «Vespra», rodeada por los apóstoles, protegida por la palma que le entregó el ángel de la Mangrana, y su alma entra en el cielo en manos del Ángel Mayor del Araceli. Pero la fe nos da la certeza de que la «llena de gracia» fue resucitada y subió al cielo en cuerpo y alma, como representamos en la «Festa». De ahí que su entierro carezca de los elementos de tristeza a que nos referíamos.

La Iglesia también significa esta realidad con el color de los ornamentos de los celebrantes. Mientras el Viernes Santo éstos visten de morado o de negro, signos de penitencia y de luto, en la festividad de la Asunción los ropajes son blancos, el color de las fiestas.

El mismo color que muestra la capa pluvial de San Pedro, que oficia como preste en la segunda parte del Misteri: «el qual va ab capa de cor de domàs blanc per a lo enterro de Nostra Senyora», indica la consueta.

Otro elemento al que se confiere equivocadamente un halo fúnebre es el «In exitu Israel de Egipto» que entonan apóstoles y judíos durante la procesión, tanto por las calles de la ciudad, como en el propio cadafal. Se trata del salmo 113A, que es un canto lleno de esperanza, un salmo alegre y triunfal, en el que se manifiestan las maravillas del éxodo, de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, la misma liberación que experimentamos al pasar de esta vida a la eterna.

Al salir Israel de Egipto –dice el salmo-, se convirtió en el pueblo elegido por Yahvé. Y al ser liberado del poder opresivo del faraón se muestran los portentos que hizo Dios: el mar huyó y se produjo el paso milagroso del mar Rojo; el río Jordán retrocedió, se secó su cauce y pudieron entrar los israelitas en la tierra de promisión; los montes y los collados saltaron como carneros.

«En presencia del Señor se estremece la tierra, en presencia del Dios de Jacob, que transforma las peñas en estanques, el pedernal en manantiales de agua», recordando las fuentes que brotaron en el desierto para que saciaran su sed los hijos de Israel.

De hecho, el Concilio Vaticano II recuperó este salmo para las exequias cristianas a las que se quiere dar un significado claramente pascual. Un salmo que se solía entonar en todas aquellas escenificaciones medievales en las que, como en nuestra Festa, había de representarse el entierro de algún santo para dejar patente la alegría del pueblo ante su pascua personal, su entrada en la gloria.

Es más, la consueta de 1639 nos indica que los personajes del Misteri d'Elx, al acabar la celebración con la llegada de María coronada al cielo de Santa María, salían del escenario y regresaban a la ermita de San Sebastián cantando, precisamente, «In exitu Israel de Egipto», cuyos versos sintetizaban la alegría de todos los presentes ante los grandes misterios vividos.

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