Especial La Festa d'Elx 2012
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Reflexiones sobre la festa en tiempos de crisis

Reflexiones sobre la festa en tiempos de crisis

Manuel Rodríguez Maciá. Director de la revista Festa d´Elx y ex-alcalde de la ciudad

08-08-2012TuentiMeneame

La celebración de La Festa es la representación por excelencia de la ciudad. En su historia se refleja la vida de la comunidad, en sus momentos más esplendorosos y también en los más tristes y dramáticos. Así en el año 1609, el Concejo Municipal decide hacerse cargo de La Festa, ya que nadie quería aceptar la mayordomía de la misma debido a los gastos que ello suponía, pues se atravesaban momentos de escasez. En el acta del Concejo en la que se decide la protección de la Festa, se alude al daño sufrido por el arbolado debido a la tormenta de pedrisco. Frente a la opinión de quienes pensaban que debido a aquella situación se debiera dejar de hacer la representación, se decide por parte del Ayuntamiento que ésta jamás deje de hacerlo, pues pertenece a una antigua tradición que ya celebraban nuestros antepasados, así como por estar dedicada a la Patrona de la Villa. Una sabia decisión, pues con la continuidad de la celebración se afirma la voluntad de permanencia de la comunidad humana a pesar de los inconvenientes del momento. A lo largo de los siglos, no son pocas las situaciones dramáticas que se han vivido en la ciudad y desde luego repercutieron en la celebración de La Festa, baste citar como ejemplos los terremotos del año 1829 que dejaron inutilizada la iglesia para la celebración. En varias ocasiones tiene que suspenderse la representación para evitar el contagio de algunas epidemias, aunque en algún caso, como ocurre el año 1855 se cambiase de fecha pasados los momentos críticos. La situación de penuria económica se manifiesta especialmente cuando el año 1835, se decide suprimir la capilla de música pues de hecho no se tenía dinero ni para pagar al maestro o al médico. Pero a lo largo del tiempo siempre se apostó por la celebración de la Festa aunque hubiese que adaptarse a las circunstancias. En unos momentos críticos como los presentes no conviene olvidar las lecciones del pasado en que frente a todas las adversidades, se apostó por la celebración de la Festa, afirmando así la imagen de la comunidad. De modo especial ahora hemos de apostar por su celebración con toda dignidad y esto no es una cuestión baladí, en ello nos va la permanencia de una de nuestras más claras señas de identidad; precisamente en estos momentos es más necesario que nunca aferrarse a los valores que lleva consigo la fiesta. Con frecuencia se ha tratado el fenómeno de las fiestas únicamente desde el punto de vista crematístico y por ello recientemente en las páginas de este periódico, manifesté mi perplejidad de cómo el Presidente del Gobierno hablaba en las Cortes del traslado o la supresión de fiestas sin hacer referencia alguna al valor cultural de las mismas, como si todo se quisiera medir desde la óptica de la rentabilidad económica. En sentido contrario, en muchas ocasiones y no falta razón en ello, se habla del valor de las fiestas solo desde el punto de vista del incremento económico en la población, la atracción de turismo, la invitación al consumo etc. No se trata de despreciar el aporte económico que la fiesta pueda representar en el contexto de la economía local, a nadie le amarga un dulce. También podemos aportar noticias desde bien antiguo, de lo que suponía la celebración de la Festa en el sentido de incentivación de la economía, pero el mensaje de la fiesta va mucho más allá de lo que económicamente se consiga en su celebración o en su supresión. La fiesta es la manifestación de nuestras señas de identidad como pueblo, y en el caso de la Festa d´Elx, lleva consigo añadido el hecho de que sea un valor universalmente reconocido. Es la imagen que nos hace sentirnos lo que somos y el sentimiento de identidad en la comunidad es un elemento clave en su desarrollo. En el Misterio de Elche se ha visto representado durante muchos años la cultura del pueblo valenciano.
La representación del Misteri nos retrotrae a los fundamentos del teatro en Europa y hoy más que nunca es necesario poner en valor que Europa es más que el euro, que si perdemos nuestras referencias culturales nos quedamos sin parte esencial de nuestro mundo simbólico, lo que significa quedarnos sin nada, pues valga la redundancia nada podremos significar... ¿Qué valor pueden tener las cosas si perdemos aquello que les pueda dar sentido a las mismas? La representación del Misteri vivido como lo que es, como la fiesta de la ciudad, puede ser nuestra aportación más original a la idea de Europa, en un momento en que ésta se halla tan necesitada de símbolos; además es importante hacerlo desde la Europa de las ciudades, es decir, desde la vida de los ciudadanos y no solo desde los despachos de los burócratas y menos desde la cara oculta de los poderes financieros.
Otras de las lecciones de la fiesta es el hecho de que crea sentido de comunidad, estructura a la sociedad, lo cual en estos momentos de esta grave crisis que padecemos tiene especial significación. En más de una ocasión he manifestado que uno de los motivos por los cuales nuestra ciudad de Elche, a pesar de los pesares, sigue siendo una ciudad estructurada, es por el hecho de haber mantenido vivo un amplio calendario festivo. En estos momentos, especialmente, hemos de valorar lo que significa mantener la sociedad cohesionada. Me pregunto cuál sería la situación en España si no existiese la relación familiar existente y el sentido de convivencia que todavía existe. Y en ello tiene una parte sustancial el mundo de la tradición y de la fiesta, por ello se me hacen difícilmente entendibles propuestas como las que recientemente leíamos de algún colectivo de la enseñanza que pretendía desligar las vacaciones escolares del calendario tradicional y todo ello en aras de la eficacia y la racionalidad. Sinceramente sospecho de los progresismos que arrinconan la tradición, el progreso se basa en la memoria. En el espacio de la tradición podemos encontrar un espacio común con nuestros pueblos vecinos de Europa, de algunos de ellos especialmente debíamos aprender el respeto por el patrimonio material e inmaterial de sus pueblos. Por parte de aquellos que tienen responsabilidades políticas de gobierno, deberían tener en cuenta que lo que caracteriza a un buen gobierno es precisamente el fomento de la convivencia, la confianza entre los ciudadanos y la fiesta (no el mero espectáculo) es una clara manifestación, ciertamente lo contrario de la política maquiavélica, que consiste en sembrar la desconfianza entre los miembros de la comunidad con el fin de mantenerse los mismos en el poder. El sentido de la cooperación, para lo cual se requiere la confianza, es el gran activo con el que debemos contar, siempre y especialmente en estos tiempos de crisis.
La fiesta de otra parte desarrolla el sentido utópico tan necesario en la vida, lógicamente no me refiero al olvido de la realidad presente, sino por el contrario a saber imaginar una realidad diferente a la que se vive cada día. Estamos sumidos en la dictadura del pensamiento único, el cual nos conduce al fatalismo de pensar -eso que se nos repite continuamente- que las cosas no pueden ser más que de una manera determinada, una auténtica falacia, que viene muy bien para aquellos que quieren imponer su criterio. Mantener vivo el sentido de la imaginación, de la creatividad, pensar que el mundo que tenemos no es el mejor de los mundos imaginables, que las cosas pueden ser hechas de otro modo y que el mundo puede ser algo mejor que el que tenemos. En estos tiempos hasta los sueños nos los quieren programar. Es necesario saber poder soñar despierto para actuar de una manera decidida de cara a un futuro mejor.
La fiesta, como decía, requiere llevar a cabo una representación con toda dignidad, dignidad que no significa renunciar a la sencillez, en estos tiempos hemos venido confundiendo la dignidad con la apariencia y en relación a esto hemos tenido ejemplos patéticos en nuestra Comunidad Valenciana. El hecho de representar la fiesta con toda dignidad es una auténtica escuela de ciudadanía, pues en la medida que llevamos a cabo dignamente la representación, nos sirve de estímulo para llevar a cabo una representación digna en la vida de cada día, y en ella debe estar presente la dignificación de la representación política. No perdamos pues los valores que nos transmite la fiesta de sentido de convivencia, de igualdad, mantener viva la imaginación y la esperanza, del sentido de la dignidad; mal está haber pensado que éramos un país rico y darnos cuenta de que somos un país que se va empobreciendo, pero al menos mantengamos nuestras señas de identidad y no nos convirtamos en un pobre país.