Especial La Festa d'Elx 2012

La mangrana

José Pascual Ruiz Maciá. Director de la UNED

08-08-2012TuentiMeneame

«Déu vos salve Verge imperial,
Mare del Rei celestial,
jo us port saluts e salvament
del vostre Fill omnipotent»

Es bien sabido que la fe o la creencia en lo sobrenatural, a lo largo de la historia, ha estado ligada a una serie de signos y símbolos significativos, extraídos del entorno, fáciles de reconocer por sus formas, tonos, colores, texturas, etc., para expresar cualidades catequéticas y dogmáticas esenciales de la fe.
Según la profesora Eva Castro, de la Universidad de Santiago de Compostela, en «Cultura y Representación en la Edad Media» (pág. 77), nos indica que conviene detenerse en la esfera de lo externo, en la visualización, porque es en ella donde se producen las aproximaciones entre liturgia y teatro.
Los frutos de la madre naturaleza han sido revestidos por el ser humano, desde muy antiguo, con independencia de su útil aprovechamiento nutricio, de un papel o rol mitológico tanto por la cultura grecolatina como sagrado por las religiones monoteístas, bien con significación de exaltación virtuosa o bien como despreciativa, ruin o pecaminosa.
El Misteri d´Elx no está en absoluto privado de elementos simbólicos extraídos de la madre naturaleza, al contrario son utilizados y su significación enriquece el argumentario del drama sacro-lírico a la vez que su aparición en la representación nos sobrecoge y fascina, como la mangrana, vocablo referido a la granada, uno de los tres aparatos que forman parte de la tramoya aérea, que conduce al mensajero divino y anuncia a María la inmediatez de su Tránsito, y la áurea palma portada por el ángel desde el Paraíso celeste y entregada a María.
El latín clásico utiliza la expresión malum para referirse tanto a la manzana como al pecado o la maldad y la locución malum granatum para referirse a la granada, cuya traducción es manzana con granos, debido a las semillas contenidas en su fruto. ¿Por qué la utilización de elementos de la botánica, como el fruto del granado, en la representación del dama sacro-lírico? ¿Qué simbolismo encierra?
En el Islam, conforme a referencias coránicas y tradiciones del profeta Mahoma se considera al granado como uno de los árboles del Paraíso. Para los árabes el granado también es sinónimo de vergel y de regalo de Dios, con este sentido se menciona tres veces en el Corán
La tradición helénica cuenta que Hades, el dios del mundo subterráneo, raptó a la hermosa Perséfone. Su madre, la diosa Hera, la buscó desesperadamente, hasta encontrarla y recuperarla; pero la joven había comido siete granos de una tentadora granada cuando estuvo en el reino de los muertos, rompiendo el ayuno aconsejado por Zeus, por lo que se vio obligada a descender de nuevo a los infiernos. En este mito la granada aparece asociada tanto al amor como a la muerte. De ahí que la granada sea un fruto tradicionalmente ligado, por un lado a los ritos matrimoniales y por otro a los ritos funerarios de algunos pueblos del Mediterráneo.
En el texto de la Consueta podemos encontrar en las cuatro primeras coblas, que entona el ángel durante el descenso del aparato aéreo, las inspiraciones o motivos simbólicos de la mangrana: amor, muerte y resurrección.
Según Luis Quirante, en su obra «El Misteri d`Elx, Edició de la Consueta del 1722» (pág. 36), la mangrana, cuyo término no aparece en toda la Edad Media, consigue un gran uso durante el siglo XVI para indicar el núvol que descendía y al abrirse aparecía el xiquet encargado de dar la bienvenida a los soberanos a la llegada a una ciudad. Así sucede a la llegada de Felipe III a Barcelona (1589), a Valencia (1599) y a la arribada de Felipe IV a Valencia (1632): en el dintel de la puerta de Cuarte se colocó una enorme granada que a la llegada del rey se abrió, saliendo de ella un ángel que le entregó las llaves de la ciudad.
El ángel del Misteri, se anticipa a la arribada de María al Empíreo, saludándola, en primer lugar, como Madre del Rey celestial, porque va a ocupar un altísimo lugar en el cielo ante la inmediatez de su Tránsito y, posteriormente ante el lecho de la dormición, le hace entrega, no de las llaves del Paraíso, sino una palma blanca revestida de oropel que ha de ser portada delante en el momento de su entierro en el Valle de Josafat (cuarta cobla del canto del ángel: Emana´m que us la portàs / aquesta palma i us la donàs / que us la façau davant portar / quan vos porten a soterrar).
Hemos de señalar que si bien en el Misteri personajes celestes y terrestres conviven en el drama, éstos últimos no ven a aquellos, al no ser por gracia divina (espacio de la ficción), como es el caso de María que sí contempla al ángel que le anuncia su muerte y resurrección. Igualmente son los ángeles de cortejo quienes desatan de la mangrana al portador de la palma y no las Marías, que es de suponer que no presencian este acto, y que los personajes celestes en el plano terrenal (espacio escénico o Cadafal) permanecen enmudecidos, como es el caso del ángel anunciador ante el lecho de la dormición de María.
En el canto de la segunda cobla el ángel subraya el amor de María al Hijo, encendida en deseos de verle (Lo vostre Fill qui tan amau/e ab gran goig lo desitjau). San Francisco de Sales expuso esta misma idea de un modo brillante, al considerar que la Muerte de María se produjo como efecto de un ímpetu de amor. Habla de una muerte «en el amor, a causa del amor y por amor» y por eso llega a afirmar que la Madre de Dios murió de amor por su Hijo. Y en las salves que se cantan en Elche durante la octava de la Asunción se dice que murió «en un éxtasis de amor».
San Juan de la Cruz en su «Cántico espiritual» reconoce en el fruto de la granada las perfecciones divinas, con sus innumerables efectos, la redondez que los encierra como expresión de la eternidad divina y la suavidad del jugo como la del gozo de un alma que ama y que conoce. También en la segunda cobla el ángel anuncia a María su inminente muerte, la fatídica, anhelada por Ella, postrera varilla del abanico de su vida (Ell vos espera ab gran amor).
En el simbolismo judeo-cristiano la palma expresa la victoria sobre la muerte, que es todo un símbolo de triunfo que al igual que la entrada triunfante de Jesús en la Jerusalén terrenal, María está predestinada a entrar triunfante en la Jerusalén celestial (Per ensalzar-vos en honor).
La tercera cobla de la Consueta alude a su resurrección. Al igual que el Hijo, María será asunta al tercer día (E diu que al terç jorn, sen dubtar, / Ell ab si us vol apel-lar / alt en lo Regne Celestial). Según la mitología griega, un granado brotó de la sangre del dios del vino, Dionisos, cuando fue despedazado por los titanes, y por ello el fruto se abre como una herida sangrienta, mostrando su interior rojo. Para los antiguos griegos la granada simbolizaba la promesa de la resurrección, pues Rea, la abuela de Dionisos, logró recomponerle y devolverle a la vida. También los antiguos egipcios eran sepultados con granadas con la esperanza de la resurrección.
Así pues, en la representación de esta catequesis teatral mariana o drama asuncionista, la intervención de la mangrana o granada, en la jornada de la Vespra, permite aproximarnos a conceptos de una realidad más abstracta o simbólica, identificada escénicamente e intrínsecamente asociada con los términos amor, muerte y resurrección.