Las tontinas: el seguro en el que cuanto más vives, más cobras

En el siglo XVII Lorenzo de Tonti ideó una fórmula de ahorro y financiación que se asemeja a los actuales seguros de vida y jubilación

por Cecilia Vega | BeContent

Cardenal Mazarino Cardenal Mazarino

Para que nadie se confunda, conviene aclarar desde el principio que, al contrario de lo que pueda parecer, tontina no es la forma cariñosa de referirse a una chica de escasa inteligencia. La tontina debe su nombre a su creador, el banquero italiano Lorenzo de Tonti, que en el siglo XVII ideó en Francia lo que para muchos es el germen de las pensiones y los seguros de vida.

En términos generales, tenemos una tontina cuando varias personas aportan una suma de dinero que se invierte. Al cabo de un tiempo, cuando la tontina llega a su fecha de vencimiento, los inversores que hayan sobrevivido reciben los dividendos. Cada vez que uno muere, su aportación se reparte entre el resto de supervivientes. Y así sucesivamente hasta quedar solo uno vivo, que se quedaría con todo el capital. En el modelo original, el dinero que no fuera empleado, por diversas causas (porque ninguno de los participantes quedara vivo, el legítimo dueño no quisiera disponer de él, etc.), se destinaría en última instancia al Estado, que lo emplearía para obras públicas.

¿Morbosa mutualidad o inteligente sistema de ahorro?

Hay un capítulo de los Simpsons en el que el Sr. Burns trata de matar al abuelo Simpson. Ambos, junto a otros miembros de su unidad en la II Guerra Mundial, habían firmado un pacto según el cual el último superviviente se quedaría con una colección de arte que habían encontrado en un castillo alemán. Una forma de tontina simple pero que retrata bien uno de los peligros que entrañaba la fórmula: incitar al asesinato.

The Simpsons

Hoy en día la tontina ha quedado prácticamente olvidada, pero entre los siglos XVII y el XX fue, junto a sus derivados, uno de los productos financieros más habituales para gobiernos e individuos. La idea nació cuando en 1653 Lorenzo de Tonti le propuso al cardenal Mazarino un particular sistema para obtener fondos y así recuperarse tras la guerra de los 30 años. El estado debía proporcionar un capital inicial para la constitución de una mutua (de la que quedaban reservados dirección y usufructo) y luego repartir el dinero entre los supervivientes.

Esta primera tentativa fracasó. De hecho, Tonti acabó preso en la Bastilla y murió en 1684, cinco años antes de que Francia lanzara su primera tontina. Sin embargo esta fórmula de financiación se desarrollaría posteriormente en el país galo y también en Países Bajos, en Alemania, en España o en EEUU. Las tontinas se llegaron a convertir en un modo de pensión o seguro de vida, como los que hoy suscriben personas previsoras que piensan en su jubilación y el bienestar de sus familias.

Luces y sombras de las tontinas

En el esquema más corriente, los integrantes de la tontina debían ser de la misma edad (en la prueba de Tonti podían participar personas de diferentes edades con intereses diferentes) y la fecha de cierre era inamovible (por ejemplo, el 31 de diciembre del año en el que los socios cumplieran 70 años). El planteamiento parecía bueno pero como ya hemos adelantado, las sustanciales sumas de dinero que empezaron a manejarse, llevó a muchos al asesinato o, al menos, a la corrupción y la especulación. Bajo el prisma de “cuanto más vives, más cobras”, era corriente, por ejemplo, consultar a médicos en busca de familias con historial de longevidad para elegir a los miembros de la tontina.

Tontine Coffee House

Finalmente las tontinas se acabaron prohibiendo pero por el camino favorecieron la aparición de las primeras bases de datos sobre mortalidad. Evidentemente, era fundamental tener bien registrado quién fallecía. Además, con este sistema se financiaron desde guerras a la construcción de calles u hoteles o cafeterías. Una de ellas fue en 1794 la Tontine Coffee House, lugar de reunión de agentes de seguros, corredores de bolsa, minoristas, negociantes y políticos y germen de la actual Bolsa de Nueva York.

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