Historia íntima de INFORMACIÓN - 75 Aniversario

Divas made in Spain

Como es bien sabido, Lola Flores era una mujer temperamental, simpática y campechana cuando estaba contenta, pero de genio bastante vivo, por no decir irascible, cuando surgía algo que la contrariaba. Dos redactores de INFORMACIÓN tuvieron oportunidad de comprobarlo, en dos ocasiones distintas.

08-11-2016TuentiMeneame
Lola Flores, en playa de San Juan.
Lola Flores, en playa de San Juan.. PERFECTO ARJONES.

La primera vez fue durante la última gira nacional que realizó la folclórica con su pareja artística y sentimental de entonces, Manolo Caracol, antes de su ruptura en 1951.  Unos días antes de llegar a Alicante habían estado actuando en Zaragoza, donde una pelea pública que mantuvieron fue noticiada por los periódicos nacionales. Aquí repitieron una pelea similar, también pública, en el restaurante La Goleta, donde cenaron. Como todas las suyas, fue una riña harto escandalosa. Miguel Vidal Masanet, que era el dueño del restaurante y también de Albany, la sala de fiestas que había en los bajos del Casino, telefoneó a su hermano, Pepe, que era el redactor deportivo de INFORMACIÓN, para contarle lo sucedido. Pepe le pasó la noticia a su compañero Isidro Vidal, quien la escribió según se la contaron.

Al día siguiente telefonearon a la redacción desde la sala Albany, preguntando por Isidro. Era Lola Flores, quien jaleada por Manolo Caracol le amenazó de muerte por haber publicado lo de su pelea la noche anterior. Un hecho cierto, pero que a nadie importaba más que a ellos, en su opinión. Isidro se hizo el duro, aunque le temblaban ligeramente las rodillas cuando colgó el auricular, al mismo tiempo que trataba de tranquilizar a sus compañeros, que se habían arremolinado a su alrededor, atraídos por sus gritos y los de la folclórica, que brotaban de la línea telefónica con la fuerza suficiente como para que la oyeran quienes estaban a menos de dos pasos del auricular. Seguro que no son capaces de venir, para cumplir su amenaza, dijo Isidro recordando lo que le había dicho la artista: que iban para allá a darle un escarmiento. Pero quien sí se tomó la amenaza en serio fue el director, José Cirre, que estremecido aún llamó a la Comisaría de Policía para que enviaran protección.

Ni Lola Flores ni Manolo Caracol aparecieron por la redacción aquella noche. Unos años después, en Madrid, Isidro tuvo oportunidad de conocer personalmente a la célebre artista. Recordaron entre risas aquel suceso y se abrazaron. Y es que la Lola de España era así, todo temperamento y espontaneidad, se dijo el periodista.

Temperamento y espontaneidad que volvieron a ponerse de manifiesto, en su peor versión, de nuevo en Alicante, ya en los años 60. A mediados de esta década, Lola Flores venía cada verano a actuar en la sala de fiestas Gallo Rojo, en El Campello, cuyo propietario era por cierto Miguel Vidal Masanet. El domingo 29 de agosto de 1965, por ejemplo, el anuncio de su última actuación, por fin de temporada, se publicó en media docena de páginas de INFORMACIÓN.
Pedro Rodríguez, el reportero cuyas preguntas solían desquiciar a los gobernantes más flemáticos, quiso entrevistar a Lola Flores, aprovechando su estancia en Alicante. No he encontrado dicha entrevista en la hemeroteca, lo reconozco, pero no por ello dudo de que se llevara a cabo. Quizá no llegó a publicarse. El caso es que durante años al propio periodista le gustaba recordar, entre risas, aquellos dos encuentros que mantuvo con la famosa folclórica. La primera vez, durante la entrevista propiamente dicha: cuando le preguntó cuánto ganaba con sus actuaciones, la Lola le echó una mirada a lo zaino que presagiaba bronca, pero cuando le preguntó cuánto le pagaba a su marido, el Pescaílla, la amenaza tomó cuerpo en un cenicero que voló hacia su cabeza, y que él esquivó por un pelo. El segundo encuentro, mucho más dramático, aunque el periodista lo contaba con tono tragicómico, fue cuando Lola Flores se presentó, aquella misma tarde, en la redacción de INFORMACIÓN, preguntando por Pedro Rodríguez y con una faca en la mano. El final de esta historia, real o no, pero verosímil en todo caso, no fue trágico, obviamente.

También por esa época solía visitar Alicante con frecuencia otra diva de aquella España de folclore y turismo, que Fraga Iribarne presentó ante el mundo con el lema «Spain is different!» Me refiero a Sara Montiel.

Sara Montiel, en Alicante.
Sara Montiel, en Alicante. PERFECTO ARJONES.

En cierta ocasión, Cholas, el reportero gráfico de INFORMACIÓN, fotografió a Sarita entrando en el hotel Carlton, donde se hospedaba. Lo hizo mientras ella subía los escalones de la entrada y enfocándola de abajo arriba con un gran angular, que exageraba un poco la imagen. La llamó y, aprovechando que ella volvió la cabeza para mirarle, le hizo la foto, que apareció publicada al día siguiente. La cantante y actriz telefoneó a la redacción, exigiendo hablar con el fotógrafo. Cuando Cholas cogió el auricular, hubo de soportar una reprensión tan larga como áspera; o sea, una bronca impresionante. ¿Por qué? Porque la Montiel estaba entonces algo gordita y el maldito gran angular le había sacado un trasero monumental.


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