06 de octubre de 2019
06.10.2019

180 años como garantes del Derecho de Defensa en Alicante

Una reciente investigación determina que el ICALI fue fundando en verano de 1838

06.10.2019 | 04:15
180 años como garantes del Derecho de Defensa en Alicante

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En el momento de culminar las obras de la nueva sede, los documentos disponibles sobre la creación del ICALI se remontaban al año 1844, información recogida en el libro «150 años del Colegio de Abogados de Alicante», escrito por el actual decano, Fernando Candela.

No obstante, se deducía de la normativa de aquellos años que su fundación era anterior, aunque no se tenía documentación sobre la que basar esta afirmación. Una investigación de la Cátedra de Historia del Derecho de la UMH ha logrado determinar que los inicios del ICALI datan del año 1838, tras el hallazgo de los testimonios escritos que así lo certifican.

A lo largo de estos casi dos siglos de historia el ICALI ha consolidado su posición como garante de Derecho de Defensa, de los intereses de sus colegiadas y colegiados y se ha convertido en referente en el territorio ICALI.

Tanto en la lucha por defender siempre el Turno de Oficio como su labor por liderar nuevos paradigmas para la Abogacía como el impulso a la mediación. Del mismo modo ha sido protagonista en la innovación tecnológica a través, por ejemplo, de la implantación de la Centralita de Guardias, premiada por el Financial Times de Londres como innovación jurídica del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE).

Inmersos en la digitalización de la profesión, la nueva sede se ha diseñado para responder a esta exigencia, pero a la vez para preservar los valores de una institución que existe con el único fin que el de servir a sus colegiadas y colegiados.

ICALI, acto inaugural del nuevo colegio

Luis Delgado de Molina Hernández, Decano Emérito

Como Decano Emérito recibo la petición del actual Decano D. Fernando Candela de escribir unas letras, celebrando la inauguración de la nueva sede de nuestro Colegio. Petición que viene acompañada de un plazo equidistante entre el recurso de aclaración de nuestra Ley de Enjuiciamiento Civil y el recurso de reforma de nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal. Es decir, con urgencia.

Atiendo y agradezco la petición recibida y escribo estas líneas con emoción y orgullo por pertenecer desde 1.967 a una gran corporación como es el Ilustre Colegio de Abogados de Alicante que he vivido y disfrutado, no solo como colegiado, sino también, participando de su vida interna, primero como integrante de su Junta de Gobierno y más tarde como Decano.

Como Letrado en ejercicio, siempre me he mostrado favorable a la existencia de los Colegios Profesionales de Abogados como uno de los pilares de nuestra Ordenación Profesional; huyendo de concepciones corporativistas propias de la Baja Edad Media, al igual que resistiendo la acometida de las doctrinas neoliberales actuales que nos vienen azotando en los últimos tiempos.

En el momento actual creo interesante decir que la función de Abogado está plenamente reconocida en nuestra Carta Magna en sus artículos 17, 35 y 36, 122.3 y 159.2, en la Ley de Colegios Profesionales, Ley 2/74 de 13.02 y en la Ley Autonómica de nuestra GV 6/97, de 04/12.

No obstante el reconocimiento legal que contienen las normas citadas, entiendo dicho reconocimiento y funciones, como manifestación misma de lo que es -función social-.

Dicha función hace que los abogados y los Colegios Profesionales a los que pertenecemos proyecten su actividad en el orden interno de regulación de nuestro ejercicio profesional, pero también en el orden externo como integradores de lo que es el concepto de Estado de Derecho y en ese mismo «iter», en la defensa de los derechos básicos de la persona.

Las nuevas instalaciones colegiales suponen una adecuación de nuestra sede a los tiempos actuales, cometido que tiene asumido nuestro Colegio y cada uno de sus integrantes para con nuestra Administración de Justicia y para con la ciudadanía misma en la que estamos inmersos.

Por ello, la inauguración de la nueve Sede Colegial debemos recibirla con alegría por cuanto va a suponer un mejor servicio al ciudadano al que nos debemos - función social-, a la Administración de Justicia de la que somos parte integrante y al Estado de Derecho del que formamos parte.

Breve reflexión sobre la historia de la sede colegial

Isidro J. Echaniz Maciá, Decano Honorario ICALI

He escrito durante años en este Diario de temas sobre la situación de la Justicia, de los órganos judiciales, del Turno de Oficio, de las Tasas Judiciales, de la Abogacía, pero ahora que se me pide que haga una reflexión sobre nuestra sede colegial, me percato del paso del tiempo y creo que nos hemos hecho un poco mayores.

En el libro que publicamos en 1994 cuyo autor esa mi amigo y Decano Fernando Candela, habla y comenta de casi todo, y siendo Decano Manolo Caballlero y el que suscribe Presidente de la Agrupación de Abogados Jóvenes, se celebró aquella Junta General de 31 de octubre de 1978, en la que se acordó la adquisición de la sede de la c/ Gravina, solar de gratos recuerdos de mi juventud en aquel Centro Loyola y el cine de verano Rex, cuya propiedad era de la Compañía de Jesús, y después de muchos avatares que no son al caso recordar, la sede se inauguró el 27 de marzo de 1982, hace ni más ni menos que 37 años, con la asistencia de altas autoridades entre las que destacó la del Ministro de Justicia Pío Cabanillas y Antonio Pedrol, Presidente de la Abogacía. Y hago mención a la contribución en pesetas de todos y cada uno de los colegiados.

Diré que el pasado miércoles, de la mano de Fernando, paseamos por la renovada, ampliada y moderna sede y como Abogado y alicantino me impactó además de la obra en sí, esa nueva vista de nuestro Castillo de Santa Barbara y ese pequeño giro casi imposible al mar, que no dejan de ser los dos símbolos que aparecen en nuestro escudo colegial, así como volver a ver en la hornacina de la nueva y flamante biblioteca la imagen de nuestra Patrona, La Inmaculada.

Como he dicho al principio, «como el tiempo es el mejor autor, ya que siempre encuentra un final perfecto (Chaplin)», el hecho de mirar hacia atrás creo que esa «memoria colegial» nos debe dar impulso para seguir adelante y que sirva para que los compañeros/as de antes, de ahora y después, demos contenido a la nueva sede de la Abogacía Alicantina, siempre con el agradecimiento a todos aquellos que lucharon por ésta maravillosa y cada vez más dura profesión, sin olvidarnos del esfuerzo que me consta ha hecho la Junta de Gobierno con Fernando al frente y todos aquellos que han hecho posible esa nueva visualización de nuestra sede colegial.

El ICALI comprometido con la sociedad alicantina

Mariano Caballero Caballero, Decano Honorario ICALI

Solo unas breves líneas, a vuela pluma, por supuesto sin pretensiones de clase alguna; y simplemente, para, por una parte dejar constancia pública, a nivel personal, de nuestra gran alegría y satisfacción; y por otra para expresar nuestra enhorabuena, agradecimiento y felicitación al Decano, a la Junta de Gobierno, y a todos los colegiados y colegiadas, que con el esfuerzo y la dedicación de todos han logrado culminar la larga y perseguida aspiración de llevar a cabo la ampliación y remodelación de nuestro Colegio, para poder disponer así de una «nueva» sede colegial e instalaciones que permitan desarrollar con mayor eficacia y comodidad todas las actividades necesarias para el cumplimiento de los fines colegiales y la función social de la Abogacía.

Nuestro Colegio fue pionero allá por el año 82, siendo el primero en conseguir una sede colegial propia, fuera e independiente de las sedes judiciales e instalaciones de la Administración de Justicia, hito que se consiguió por la labor clave de la Junta de Gobierno entonces presidida por el Decano Manuel L. Caballero, con la colaboración de los compañeros (Joaquin Galant, Paco Zaragoza y Arturo Lizón) promotores de la construcción del edificio en que se realizó la adquisición de los locales por parte del Colegio; y, claro está, por la actitud de todos los colegiados y colegiadas de aquélla época que de forma generosa y desinteresada asumieron durante cinco años la aportación de una derrama extraordinaria, para el pago del precio de compra de los locales y la financiación de las obras, instalaciones y mobiliario del Colegio, para que así fuera de nuestra única y exclusiva propiedad, sin ninguna clase de concesiones administrativas, ni subvenciones de ningún tipo, ni ayudas de ninguna clase de organismos públicos y/o privados; para así tener siempre garantizada la total y absoluta independencia de nuestro Colegio, -que es la misma línea que se ha seguido por la actual Junta en la ampliación actual-, única forma de que el Colegio pueda cumplir uno de sus fines fundamentales: el amparo y defensa de la plena independencia de los Abogados y Abogadas en el desarrollo de su actividad profesional y el ejercicio del Derecho de Defensa.

Pero lógicamente el importante crecimiento de nuestro Colegio, y como consecuencia de ello el aumento de personal y trabajo a todos los niveles administrativos; el incremento del volumen de asuntos en todas las Comisiones colegiales, (Deontología, Honorarios, Turno de Oficio, Formación, etc), las mayores actividades de nuestra Escuela de Práctica Jurídica, (fundada también en el mandato de la Junta de Gobiernos citada por acuerdo con la Universidad (Facultad de Derecho) y la Audiencia Provincial); así como las de la Agrupación de Abogados Jóvenes, y la Agrupación de Mujeres Abogadas; la creación de numerosas Secciones Especializadas; aula informática, etcétera, fueron poniendo de manifiesto la cada vez más evidente insuficiencia del espacio y las instalaciones colegiales para cubrir adecuadamente todas las necesidades.

Hemos sido conscientes de ello, y por eso, durante muchos años ya por las distintas Juntas de Gobierno, se fueron adoptando medidas para tratar de dar soluciones, -que no es ahora momento ni lugar de comentar, siempre con idea de provisionalidad, y que si bien cumplieron su papel. Nunca resultaron satisfactorias para poder consolidarse como definitivas.

Por ello nuestro Colegio, tanto para atender la prestación de todos los servicios y desarrollar todas las actividades que le competen para el cumplimiento de sus fines y funciones; como por el prestigio, el peso específico y el reconocimiento que ha logrado en los Órganos Institucionales y en el ámbito de la Abogacía Española, precisaba disponer de estos nuevos espacios y estas nuevas instalaciones con su mayor representatividad.

Si comenzábamos dando la enhorabuena al Decano, a la Junta de Gobierno, y a todos los colegiados, que por supuesto reiteramos, queremos concluir haciendo extensiva nuestra enhorabuena a toda la sociedad alicantina y española; pues si el Colegio de la Abogacía Alicantina ha querido y hecho el esfuerzo de ampliar sus espacios y mejorar sus instalaciones para poder prestar más y mejores servicios de formación a sus colegiados, de control de la deontología, de atención a los ciudadanos en el turno de oficio, en fin, de mejor desarrollo de todas sus actividades para el cumplimiento de sus fines y de la función social de la Abogacía, lo ha hecho, y lo hace, por supuesto en beneficio de sus colegiados/as para facilitarles la mejor formación, proporcionarles todos los medios para el ejercicio profesional y garantizarles siempre su libertad e independencia en sus actuaciones; pero no como un fin en si mismo, sino para para tratar de conseguir la mejor Abogacía posible, pues solo en la sociedad donde existe una Abogacía Formada, Libre e Independiente que exija el cumplimiento de las normas y respeto a los derechos, que combata las normas injustas, que denuncie las violaciones de los derechos, las actuaciones abusivas y arbitrarias, solo ahí puede existir una Democracia, y aspirar a conseguir una sociedad más justa, más solidaria y más igualitaria.

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