11 de diciembre de 2018
11.12.2018

El juez absuelve al dueño de un bar de Torrellano acusado de echar a dos lesbianas

La sentencia sostiene que el testimonio de las dos denunciantes no resulta creíble

10.12.2018 | 22:19
La Ciudad de la Justicia de Elche, en una imagen de archivo.

Los testigos acreditan que el propietario no les dijo que se marcharan del negocio aludiendo a su condición sexual.

El juzgado de lo Penal 1 de Elche ha absuelto al propietario de un bar de Torrellano que fue denunciado por dos clientas que aseguraron que les había echado por su condición de lesbianas. El fiscal calificaba los hechos en su escrito como un delito contra el ejercicio de los derechos fundamentales y libertades públicas y solicitaba una pena de un año de cárcel o alternativamente una pena de inhabilitación de dos años para el ejercicio de su profesión, la hostelería. La sentencia desestima la pretensión y absuelve al hostelero con base en dos argumentos: las denunciantes incurren en contradicciones en sus versiones sobre lo ocurrido y «no resultan creíbles»; y, al mismo tiempo, el magistrado da validez a la prueba practicada en juicio que «no deja acreditado que el acusado las echara del bar aludiendo a su condición sexual».

Los hechos se remontan a julio de 2017, aunque del hecho denunciado no se supo hasta enero de este año, cuando INFORMACIÓN publicó la calificación de estos hechos tras la acusación formulada por la Fiscalía. El magistrado considera, a la vista de la prueba, que no ha quedado probado en el juicio, como sostenía el fiscal, que el dueño del negocio se dirigiera a las dos jóvenes cuando estas «estaban en actitud cariñosa, dándose besos, y, atendiendo a su condición sexual, les dijera 'no hagáis eso porque estáis molestando a los demás clientes' al tiempo que las invitaba a abandonar el local», lo que sostenía su acusación.

El fallo, de siete folios, centra en la declaración de las dos denunciantes buena parte de su argumentario para absolver al acusado al contrastarlas con las de los testigos y con las de ellas mismas. Queda claro que las jóvenes, procedentes de Girona y que habían venido a ver un festival de Música a IFA, llegaron por la mañana, sobre las 11 y consumieron bocadillos y bebidas para después jugar al Trivial porque el bar, sostuvieron, no cerraba hasta las diez de la noche y eso les decidió a quedarse allí. Cerca de las dos o las dos y media de la tarde, se produjeron los hechos que acabaron en la denuncia. Todo ocurrió, según declararon las jóvenes porque se «dieron un pico» (un beso). Al cabo de un rato y cuando no quedaban clientes en el bar, el propietario, que estaba con dos personas más comiendo en una mesa, les dijo que «se fueran, que iba a cerrar y que no tomaran represalias por eso». Una de ellas se quedó pagando mientras la otra, que declaró que sufrió una crisis de ansiedad a consecuencia de ello, se salió y, ya en el exterior, le dio una patada a un árbol y se lesionó el tobillo. Ambas se dirigieron entonces haciendo autostop hasta IFA al concierto donde la lesionada fue atendida.

«Actitud cariñosa»

La versión de las jóvenes contrasta con la de los testigos, el sanitario y la médico forense. Así, uno aseguró que vio a ambas toda la mañana en actitud cariñosa, que se sacaban «la lengua y una le puso la mano a la otra en los genitales». Al mediodía, según esta versión, el propietario les dijo que iba a cerrar y a limpiar, nada más. Otro afirmó que hubo tocamientos entre ambas pero que en ningún momento el propietario las echó por ello, aunque en un momento dado les dijo: «Por favor, guardad un poquito de respeto». El sanitario que atendió a una de ellas declaró que le manifestaron que «se habían enfrentado al dueño de un bar, una le había pegado una patada al árbol por la impotencia de esa disputa y no les manifestaron la crisis de ansiedad». En su testifical añadió que ambas, «querían que pusiera cosas en el parte, querían linchamiento público hacia el bar, quería que pusiera que había sufrido crisis de ansiedad, sé diferenciar muy bien lo que es una crisis de lo que no». De ahí se acordó el trasladó al Hospital de la herida para elaborar un parte. La forense añadió que en el informe facultativo no venía reflejada crisis de ansiedad.

En la sentencia el juez entiende que las perjudicadas «han incurrido en contradicciones a la vista de la prueba analizada en contraposición con lo denunciado y manifestado en la instrucción, ya que no han sido uniformes en la prestación del testimonio en relación al momento de la llegada al bar, el momento del surgimiento de la supuesta crisis de ansiedad, de la duración de la misma, el momento en el que se fueron o sobre si les echó el dueño del bar en un primer momento o con posterioridad cuando iban a cerrar, por lo que el testimonio de las mismas no resulta creíble de ningún modo, máxime si se tiene en cuenta que existe prueba contundente y diáfana que, contrariamente a lo sostenido por las perjudicadas, determina la ausencia de crisis de ansiedad».

En el fallo también se explica que, porque el dueño del bar les pidiese respeto, «no por ello ha de concluirse que dicha manifestación sea agresiva y la existencia de un odio hacia las perjudicadas derivada de su condición sexual, teniendo en cuenta además que en ningún momento por el acusado se le negó a las perjudicadas algún tipo de consumición». Sobre si el local tenía horario continuo o no hasta las diez, concluye que no ha quedado corroborado por prueba alguna.

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