06 de diciembre de 2018
06.12.2018
Elche celebra el día de la Constitución

Una reforma constitucional para otros 40 años

Carlos González aboga por abordar de una vez por todas un nuevo texto adaptado a la sociedad y los tiempos que vivimos

06.12.2018 | 17:26
Una imagen del salón de plenos del Ayuntamiento de Elche

La Constitución de 1978 es el punto de partida de la democracia española. Es el resultado de un histórico acuerdo entre las distintas fuerzas políticas y sociales por el que los españoles decidimos mirar al futuro y construir juntos un proyecto común.

Un proyecto común que convirtió la España atrasada, aislada y sin derechos de la feroz dictadura, la España de las dos Españas irreconciliables, en un Estado social y democrático de Derecho; en un país moderno, abierto y europeísta, en el que la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo fueran los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico.

Nació fruto del consenso y de la responsabilidad política de personas como Adolfo Suárez; Manuel Gutiérrez Mellado; Manuel Fraga; Santiago Carrillo; Felipe González; Alfonso Guerra; Vicente Tarancón; Josep Tarradellas; Marcelino Camacho; Nicolás Redondo y, desde luego, del Rey Juan Carlos I, que fueron, entre otros, los artífices de la Transición.

Nació gracias a la generosa renuncia de todos ellos a imponer sus criterios particulares a los demás, motivada por las ansías de convivir en libertad. Lo que la convirtió en la Constitución de todos y para todos, circunstancia inédita en nuestra historia constitucional.

El marco jurídico y político por ella creado ha posibilitado los mejores años de nuestra Historia. Cuatro décadas de convivencia democrática en paz y libertad. De progreso social y económico. Avanzando juntos en la construcción de una sociedad más libre, más justa y más solidaria, basada en el diálogo, en el respeto y en la tolerancia.
Cuatro décadas en las que hemos construido un Estado de Bienestar digno, descentralizado el Estado y hemos modernizado España; en las que nos hemos convertido en una democracia europea, avanzada y moderna, y en un auténtico ejemplo para el mundo.

Cuatro décadas en las que también hemos tenido que enfrentarnos a complejas circunstancias históricas como el intento de involución política del 23 de febrero de 1981; la lacra del terrorismo etarra; tres crisis económicas severas; una creciente globalización económica y política; un fenómeno de grave desafección política que ha propiciado el distanciamiento entre la ciudadanía y sus representantes; la sucesión en la Jefatura del Estado y más recientemente a una grave crisis territorial que ha reavivado el viejo problema de la unidad de España.

Un periodo de convivencia en las que la sociedad española ha cambiado profundamente y ha demostrado su plena madurez democrática y del que debemos sentirnos profundamente orgullosos como nación.

Sin embargo, ese positivo balance no es obstáculo para que la mayoría social se manifieste partidaria de la necesidad de una reforma constitucional. Así lo piensa el 69,6 por ciento de los españoles, a tenor de una reciente encuesta del CIS, en la que sólo el 14,9 por ciento no la ve necesaria.

Opinión mayoritaria que comparto ya que considero necesaria una reforma constitucional profunda para afrontar los graves problemas del presente y los retos del futuro.

Una reforma para enfrentarnos a los desafíos de la grave crisis de convivencia provocada por el independentismo catalán. Pero también a las exigencias de perfeccionamiento del funcionamiento de nuestras Instituciones y del propio sistema democrático; y a la necesidad de consolidación de los pilares del Estado del Bienestar. Una reforma para fortalecer nuestro compromiso europeísta; para avanzar en igualdad entre hombres y mujeres.

Cambios constitucionales que permitan perfeccionar nuestro sistema autonómico y que sirvan para reconocer a los municipios como administración esencial para el progreso y el bienestar colectivo. Y que permitan adaptar la Constitución a la sociedad del siglo XXI y que sirvan para incorporar el empuje y la energía de nuestros jóvenes al fortalecimiento de nuestra Democracia.

Y sobre todo, una reforma que sea producto de la misma altura de miras, y de la misma voluntad de concordia y espíritu de consenso con el que se alumbró la Constitución en aquellos apasionantes años de la Transición.
Cambios constitucionales que nos sirvan para que los próximos 40 años sean décadas de cohesión social y territorial y años en los que vivamos con paz, progreso, prosperidad y justicia social.

En definitiva, una reforma que la fortalezca, que nos permita seguir teniendo una Constitución de todos y para todos y todas, donde encajen todos los territorios y todas las formas de sentirse español. ¡Feliz día de la Constitución!

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