02 de diciembre de 2018
02.12.2018
Tribuna

La decisión final

Muchos pensaban que la salida idónea que buscaría el regidor sería ponerse de acuerdo con la Conselleria de Cultura

02.12.2018 | 04:15

Lo ha hecho. Hay quien todavía no se lo cree, pero ahí está. El alcalde ha tomado una decisión. Sobre el Mercado Central. Una decisión. Sobre el mercado, sí. Ya se lo reiteró recientemente su jefe político y predecesor al frente del Ayuntamiento, Alejandro Soler: «Antes de Navidad tienes que arreglar lo del mercado». No sé si la resolución adoptada encaja en alguna de las definiciones del verbo activo transitivo arreglar, pero tres años y medio después de recibir la «herencia envenenada» de Mercedes Alonso y a seis meses de las elecciones municipales, Carlos González, teniendo en cuenta que la parte contratante de la primera parte debe ser considerada la parte contratante de la primera parte, además de estudiados los pormenores y pormayores, y atendiendo a lo que no dice pero sugiere Icomos, ha decidido que no pasará a la historia como el alcalde que puso el Misteri en peligro de extinción, como la cerceta pardilla.

Así que paraliza el proyecto mercantil y, por supuesto, el pérfido aparcamiento subterráneo que no solo contaminaría la vila murada y alrededores, sino que fulminaría en un santiamén y dos avemarías la declaración de la Unesco. Y solo faltaría que después de que un olmo de un pueblo de 700 habitantes haya humillado a nuestra majestuosa Palmera Imperial en la candidatura española a árbol europeo del 2019, ahora se nos esfume también el título universal de nuestra inmarcesible Festa. Eso sí que no.

Y es que aunque no se han hallado en las catas arqueológicas ningún argumento material que justifique legalmente cargarse el proyecto, en cambio sí lo hay inmaterial, en este caso la eventual amenaza de que la Unesco pueda ponernos en la lista negra de maltratadores de bienes de la Humanidad. Tal vez parezca una magra justificación jurídico-administrativa para romper el contrato mercantil, pero en cambio es una decisión político-sentimental de grueso calibre y, quizás, de no menos voluminosa indemnización (aunque Mireia Mollà ha dicho que no habrá que pagar nada a la empresa, como ha pasado en Salamanca. Nos quita un gran peso de encima a todos y todas los y las ilicitanos e ilicitanas).

En cualquier caso, no deja de resultar llamativo este desenlace (o mejor, falso final, como en las películas). Muchos pensaban que la salida idónea que buscaría el regidor para no seguir adelante con el proyecto sería ponerse de acuerdo con la Conselleria de Cultura del Consell supuestamente «amigo» para encontrar de una vez por todas el refugio de la guerra civil que afecta al parking y declararlo protegible al amparo de la ley valenciana de Patrimonio Cultural, modificada para tal fin en mayo del 2017. Eso sí que parecería una razón legal de peso. Pero ha pasado año y medio y no se ha hecho nada (por culpa de Valencia, seguro). Igual confía el alcalde en que el melodioso y angelical canto de la María consiga ablandar más el corazón de jueces y juezas que una prosaica ley autonómica.

La cuestión es que el Consell ha logrado salir de rositas, de momento, de este embrollo (ya se adivinaba el escaqueo cuando quitó importancia a los restos de los bajos del inmueble) y será el Ayuntamiento el que deberá afrontar en solitario el eventual pago a la empresa. Aunque no hay que alarmarse todavía. González confía en convencer a Aparcisa para que sea buena y socialmente responsable, y acepte una salida negociada. Eso nos reconforta mucho más que lo que asegure Mollà, sobre todo en vista del éxito del primer intento.

Las reacciones políticas no se han hecho esperar. Alonso, alarmada por este intento de aborto terapéutico de su embrionaria criatura, puso el grito en el cielo raso: «Habrá que pagar millones, el centro se hundirá y Santa María se resquebrajará. Eso sí que afectará al Misteri». El candidato popular Pablo Ruz terció en el asunto: «Yo, de entrada, a favor del proyecto; pero como amo tanto el Misteri tengo el corazón partío», y se marchó con su cepillo y su cubo a seguir con las vallas para que la gente de fuera del centro lo vaya conociendo de cara. «Yo, lo mismo que ellos pero más», apostilló Caballero, de C's. Y añadió, eufórico, viéndose ya candidato: «Debemos hacer un frente ciudadano-popular para no pagar el pato y bajar el IBI». JR Pareja, sosegado, como siempre, pero rotundo, prorrumpió: «No compartimos la decisión aunque la acatamos como miembros leales del gobierno, si bien tal vez votemos en contra o nos abstengamos, por principio».

«Ni retirada, ni rendición, ni negociación», se le oyó exclamar al representante de la empresa en su reunión secreta con el alcalde en la terraza del bar del mercado provisional. La reunión fue breve. Los placeros, al descubrir el cónclave, comenzaron a arremolinarse en el lugar con actitudes poco amigables hacia la primera autoridad, blandiendo calabacines, palas de mojama, cañas de lomo, algún que otro hueso de jamón e incluso una merluza de tres kilos. «Bueno, me voy, que tengo que entrenarme para una maratón», y dicho lo cual, González puso pies en polvorosa hacia el nuevo sendero del Pantano.

En cualquier caso, la ciudadanía en general y la del centro en particular no debe desesperar. Fijo que el equipo de gobierno tiene preparado un participativo, sostenible y «Misteri friendly» plan B para el mercado y lo presentará un día de estos. Continuará (seguro).

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