05 de marzo de 2017
05.03.2017

Los expertos aseguran que la jornada continua baja el rendimiento académico de los escolares

Sociólogos, pediatras y pedagogos debaten en el Centro de Congresos sobre el impacto del horario escolar en la productividad y la salud de los niños

05.03.2017 | 01:18
Una de las conferencias sobre la jornada continua.

Las charlas inciden en apostar por lo que es mejor para los estudiantes al margen de otros intereses de la comunidad educativa.

«No hay ni un solo estudio que determine que la jornada continua mejora el rendimiento académico de los niños, sino todo lo contrario. Todas las investigaciones concluyen que baja». Bajo esta premisa centró ayer toda su intervención el catedrático en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Fernández, en el marco de la jornada organizada por la Universidad Miguel Hernández y la Universidad de Alicante para analizar el impacto de la jornada escolar en la educación, la salud, y la sociedad. El sociólogo fue «Contra toda evidencia y la banalización del tiempo en la jornada escolar», como rezaba el título de su charla. El docente quiso huir de «lo que nos cuentan» para vender la idoneidad de adoptar el horario continuo, y basarse en «investigaciones científicas».

Y es ahí, asegura, cuando todas las evidencias apuntan que los resultados en cuanto a atención, fatiga y rendimiento, no dejan lugar a dudas, ya que «en todas las investigaciones publicadas se concluye que la hora que ganamos por la mañana es mucho menos productiva que la que pretendemos eliminar por la tarde. Los resultados son obvios: cuando más continua es la jornada, peores son los resultados». El catedrático añadió que «es muy preocupante que los educadores de los niños sean los primeros que creen y defienden lo contrario».

Para Fernández, esta creencia «se basa en el sentido común, que paradójicamente es el peor de los sentidos. Precisamente para combatir al sentido común se creó la ciencia. El sentido común nos dice que si el sol sale y se esconde todos los días, es que gira alrededor de la tierra, pero la ciencia nos dice lo contrario». Este fue el símil que utilizó para incidir en la importancia de atender a las investigaciones científicas a la hora de determinar el horario escolar, si bien es cierto que «hay que tener en cuenta otros factores, como si queremos que el niño tengas las tardes libres para aprender otras actividades que no podrá aprender en la escuela, o simplemente que sea más cómoda la jornada continua. Pero la mejora académica, no puede ser un argumento», sostuvo.

Las charlas también sirvieron para poner sobre la mesa otro debate, como las consecuencias que tiene alargar la jornada sobre la salud de los niños. Para ello, la presidenta de la Sociedad Valenciana de Pediatría, Pilar Codoñer, expuso la importancia de que «sin entrar en qué modelo es el idóneo, se respete el reloj biológico, tan importate en toda la población pero especialmente en los niños».

Para Codoñer, respetar el horario y la ingesta de las cinco comidas al día es esencial para la salud y «para prevenir la obesidad infantil». Por tanto, fue tajante al afirmar que «comer a las tres de la tarde es muy perjudicial para los niños», por lo que, aplicando el sistema de jornada continua (donde los escolares terminan las clases a las dos), no se respetaría el horario de la comida, que debe producirse entre las 13 y las 13.30 horas. La doctora explicó que «con cada comida, se disparan los niveles de insulina, muy importantes para, entre otras cosas, controlar la obesidad infantil».

Reforma

Otra de las charlas, impartida por Elena Fabregat, profesora del departamento de Sociología de la Universidad de Alicante, puso sobre la mesa el caso del colegio de Sant Vicent del Raspeig, que ha acompañado el cambio a la jornada continua con una reforma del proyecto educativo que ha integrado a toda la comunidad escolar para, más allá del horario, mejorar los resultados académicos con un proyecto global en el que padres, profesores y alumnos cubran sus necesidades.

Precisamente de esto también se habló en la ponencia de Cecilia Martí, maestra especializada en Pedagogía Sistémica. La profesora sacó a cinco personas del público para representar los distintos agentes implicados en el proceso educativo: una niña, un representante de la escuela, otro de las familias, otro de la administración y un quinto que hacía las veces de los expertos. Los cuatro anteriores se pusieron de espaldas a la niña, en una metáfora de cómo se toman las decisiones en base a los intereses de cada una de las partes. Una conclusión que sirvió para debatir la mejor opción, caso por caso, en una mesa redonda.

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