06 de junio de 2010
06.06.2010

Acogidos por necesidad y solidarios por voluntad

06.06.2010 | 02:00
La vivienda de acogida de Cáritas Elche ofrece la oportunidad a jóvenes como Raúl García de iniciar una nueva vida.

Escenario de contrastes. Las parroquias y el centro de Cáritas de Elche se han erigido como unos de los principales oasis para miles de ilicitanos que, arrastrados por el desempleo y los problemas sociales, tratan de encontrar una salida a su dramática situación. Sin embargo, estos lugares también se han convertido en un ejemplo de conciencia ciudadana gracias al importante aumento de los voluntarios que dedican su tiempo a ayudar a los desfavorecidos.

Tres años después del inicio de la crisis, el número y la gravedad de la situación de los desfavorecidos sigue creciendo. En este escenario, desarraigados y antiguos trabajadores se unen en las colas para solicitar unas ayudas que ya no están destinadas a pagar los libros escolares, sino el recibo de la luz o el último aviso del embargo de la vivienda. Como consecuencia, las organizaciones solidarias se encuentran desbordadas ante una demanda que, a pesar de sus esfuerzos, no logran satisfacer. Pero, al mismo tiempo, estas dificultades han despertado la solidaridad y el compromiso social de muchos ciudadanos que ven cómo algunos de los vecinos de su barrio tienen problemas para alcanzar unas condiciones de vida dignas.
En Elche, Cáritas se ha visto obligada a triplicar, desde 2007 hasta 2009, los fondos destinados a paliar estas situaciones cada vez más dramáticas y cercanas. De esta forma, el pasado año, esta ONG católica tuvo que gastar en torno a 718.000 euros, de los que más del 75% se dedicaron directamente a sus múltiples programas de orientación, atención y formación. No obstante, este incremento sigue sin ser suficiente para responder a unas necesidades que se han multiplicado por cinco o por seis en este breve pero trágico periodo de tiempo.
La historia de Aurelio Ruiz es una de las muchas que, cada día, pasan por su centro interparroquial, pero sirve para ilustrar una tendencia cada vez más acusada. Hasta hace no mucho tiempo, era el propietario de un taller en el que realizaba manualidades y tapizados para coches y gracias al que se ganaba la vida. Sin embargo, el descenso de la demanda acabó con su pequeño negocio y, en estos momentos, tras perder su vivienda, duerme cada noche en estas instalaciones. Según cuenta, el equipo de Cáritas le está proporcionando "una gran ayuda", pero le resulta complicado encontrar una salida inmediata a su situación por la "inmovilidad del mercado laboral".
El caso de Juan María Valverde es distinto, pero muestra las dificultades de muchos jóvenes para encontrar trabajo. Durante años, trabajó en empresas de calzado y de metales, pero la recesión le cerró las puertas de ambas industrias. Por eso, desde hace tres semanas, participa en un curso de cocina y repostería con el que espera, al menos, "hacerse un hueco en un restaurante durante los meses de verano".
El coordinador general de Cáritas, Javier Ruvira, señala que este tipo de situaciones son más comunes de lo que parece. Según ha podido comprobar, el perfil de las personas que requieren ayuda "ha cambiado considerablemente hasta incluir a gente que nunca se lo habría imaginado". Por eso, reconoce que hay muchas personas a las que el sentimiento de culpa no les permite hacer pública su verdadera situación, y asegura que hay que darse cuenta de que, ahora, "el pobre puede ser cualquiera".
En cualquier caso, Ruvira destaca que la labor de Cáritas debe alejarse del existencialismo para tratar de ofrecer una solución a los problemas del desempleo y la vivienda. Una prueba de esta filosofía es la situación de Raúl García, un ilicitano que, a los 19 años, se quedó sin hogar por problemas familiares. Ahora reside en una vivienda de acogida de esta ONG, en la que estudia para acceder a un ciclo superior de sanidad y, en el futuro, dedicarse a las instalar prótesis dentales.

Ejemplo de altruismo
Además de estas terribles consecuencias, el encrudecimiento de la situación económica ha despertado las conciencias de muchos ilicitanos. En Cáritas, esta tendencia se ha materializado en un notable incremento del número de voluntarios que, de manera altruista, dedican su tiempo y su esfuerzo a intentar mejorar el día a día de los más necesitados. En concreto, durante el último año, este colectivo, cuya labor se desarrolla fundamentalmente en las parroquias, ha crecido casi un 17% al pasar de 180 a 210 personas.
José Manuel Sabuco, responsable de esta sección, explica que esta implicación se debe a que "la gente se está dando cuenta de la gravedad de la situación" y ha decidido "aportar su grano de arena". Según su experiencia, cuando los nuevos voluntarios descubren "esa nueva realidad" y se dan cuenta de la posibilidad de ayudar a los demás, descubren que se trata de "una labor muy gratificante" y, habitualmente, "se enganchan" a esta organización, que "no podría llevar a cabo su función social sin su aportación".
Javier Ruvira añade que este incremento también ha supuesto un importante rejuvenecimiento del perfil de los participantes gracias a la entrada de miembros de menor edad. En su opinión, esta renovación es "necesaria para mantener el nivel de trabajo" y responde al compromiso adquirido por una parte de la juventud que, por motivos religiosos o morales, decide "echar una mano a los demás".
Además, José Manuel Sabuco señala que este crecimiento no ha sido simplemente cuantitativo, sino que, al mismo tiempo, se ha potenciado una mayor cobertura territorial mediante la incorporación de las cinco parroquias del Camp d'Elx a las 15 que ya funcionaban en el casco urbano. Desde su punto de vista, esta ampliación era "necesaria" porque la mayor parte de las partidas ilicitanas se han convertido en zonas residenciales pobladas por gente necesitada a la que no se puede atender "de forma aislada".
Juana María Navarro compagina, desde hace ocho años, las actividades de apoyo en una de estas iglesias, la Madre de Dios de El Toscar, con labores de administración en el centro interparroquial de Cáritas. "No entiendo mi vida sin hacer algo por los más pobres", asegura esta mujer a la que se le ilumina el rostro cuando recuerda las sonrisas que le devuelven las personas a las que ayuda.
Otra de sus compañeras, Vicenta López, narra que la primera vez que llegó a esta organización lo hizo acompañada de su madre para limpiar durante un breve periodo de tiempo, pero que, poco a poco, se dio cuenta de "la satisfacción que supone dar lo que tienes para generar esperanza". Además, destaca el buen ambiente que reina en este colectivo, que se ha convertido "en una gran familia que ayuda a los más necesitados".
Como estas dos voluntarias, cada miembro decide el tiempo que dedica y las actividades en las que puede realizar una mayor aportación. Pero, además, todos tienen la oportunidad de recibir una formación especializada para desempeñar esta labor con mayor eficacia. "Fomentamos la creatividad, pero también ofrecemos el apoyo técnico necesario", indica José Manuel Sabuco. Por eso, además del encuentro anual, se organizan reuniones de coordinación cada dos meses y, periódicamente, un grupo de cuatro personas acude a cada una de las parroquias.
En cualquier caso, la voluntad de estas mujeres y la ayuda que requieren aquellos con los que comparten muchos de sus días muestran la necesidad y, al mismo tiempo, la solidaridad que ha despertado la actual crisis económica.

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