09 de marzo de 2020
09.03.2020
La contracrónica

La franja verde no engaña

El Elche sigue creciendo como equipo con un triunfo en Vallecas que demuestra la competividad de una plantilla llamada ya a pelear por el ascenso

08.03.2020 | 20:29
Los jugadores del Elche celebran con el banquillo el 1-3 que encarrilaba el partido.

Óscar Gil pide en el campo que le solucionen su renovación y el club ilicitano homenajea a la mujer.

Domingo a mediodía. Tocaba misa futbolística y Pacheta, el Sumo Pontífice del franjiverdismo, sorprendió con su primera decisión: mantener a los 11 «apóstoles» que habían conseguido el triunfo frente al Numancia. A su lado, en el banquillo, quedaban algunos discípulos predilectos, como Nino, que ya fue suplente la semana anterior, Gonzalo Verdú o Ramón Folch.

Fue un aviso a navegantes y no pudo salir mejor. La decisión de Pacheta demostró dos cosas. En primer lugar, que la plantilla tiene más profundidad de la pensada. Josema y Manuel Sánchez fueron capaces de sentar a dos pilares del técnico. Es un mensaje para que nadie se relaje, creyéndose indiscutible, y para que nadie baje los brazos. El que tenga una oportunidad y la aproveche, ya sabe que puede seguir contando con la confianza de Pacheta.

La segunda conclusión de lo acaecido en Vallecas es que el grupo está por encima de las individualidades, lo cual da una fortaleza mayor al mismo. Clave para que el Elche llegue hasta donde tenga que llegar. A esto se le puede llamar de mil formas. La palabra que mejor me suena es competitividad. El Santo Grial del fútbol. Más allá de acumular calidad, los buenos equipos de los campeones se distinguen por esta cualidad, por ser los mejores compitiendo. Y el Elche cada vez ofrece mejores sensaciones en este sentido. En Vallecas fue incluso capaz de resistir un final sufridor. Ese tipo de final en el que, por ejemplo, volaron dos puntos en La Rosaleda o en el Martínez Valero frente al Almería.

Esta vez no fue así, muestra de que la plantilla ilicitana va ganando en madurez conforme avanza el campeonato. La franja verde no engaña y es sinónimo de compromiso, valentía y lucha. En Vallecas se repuso a un mal primer tiempo (en líneas generales), a la lesión de Jonathas y a un penalti mitad accidente, mitad concesión que a un equipo sin gen competitivo le hubiese hundido.

Y para muestra sólo hay que variar el color y la dirección de la franja de los equipos que ayer se enfrentaron. El karma cambió de bando tras el entretiempo y al Rayo se le acumularon desgracias: el 1-1 en una acción entre los dos laterales del equipo contrario, la expulsión de Isi y el trompazo entre Dimitrievski y su central que puso en bandeja el 1-2. Cuando los madrileños quisieron reaccionar, gracias a un golazo, se quedaron sin tiempo. Ante las adversidades, un equipo se hundió y el otro salió a flote. La acción final de Yacine Qasmi, mandando al limbo el 3-3, fue el epílogo ideal. La victoria tenía que ser del Elche.

Un triunfo en un partido que suponía el duelo de estilos por controlar y cuidar el balón. Y no decepcionó. En una categoría como la Segunda División, en la que se presuponen otras virtudes a los equipos, no está nada mal que Elche y Rayo lleven por bandera el gusto por mirar primero y pasar después. Es decir, por no quitarse el balón de encima como norma sino como solución. El duelo dejó cinco goles, con el zapatazo de Joni como perfecto colofón, y una segunda parte trepidante en la que pasaron muchas cosas y aún pudieron ocurrir más.

El partido también sirvió como homenaje a la mujer, que tiene un día y bien merece 365. Al césped salieron las camisetas franjiverdes de Andrea, Sara Roca, Mari Ángeles, Ascen, Marta, Meseguer, Esther, Marta Zaragoza, Cas, Inés y Jarillo; pero el reconocimiento del club ilicitano fue extensivo a todas sus jugadoras, trabajadoras y aficionadas. Son, cada vez más, motor de la casi centenaria historia del Elche. Ojalá se puedan contar los triunfos de ellas igual que los de ellos.

Y el último triunfador del día fue Óscar Gil, a quien se le tiene como uno más, pero no hay que olvidar ni de donde viene ni el sueldo que recibe a final de mes. Esta vez brilló donde menos suele hacerlo, en ataque, marcando un gol e iniciando la acción de otro. Su crecimiento y su compromiso merecen, sobre todo, confianza. Ahora mismo, el chico está jugando más por pasión que por dinero. Ejemplo de fútbol «vintage». Y eso está muy bien para los románticos, pero la realidad es que esto no deja de ser una profesión y que Óscar, cada vez que salta al terreno de juego, se juega su futuro con sólo 21 años. Merece que le solucionen su renovación ya.

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