22 de noviembre de 2019
22.11.2019

García Montalvo: «El Estado usa la inteligencia artificial para recaudar pero no para controlar el gasto»

El economista, Premio Jaume I, pone el acento en que el Big Data puede ayudar a superar algunos sesgos humanos, aunque no todos

22.11.2019 | 00:08
García Montalvo: «El Estado usa la inteligencia artificial para recaudar pero no para controlar el gasto»
García Montalvo: «El Estado usa la inteligencia artificial para recaudar pero no para controlar el gasto»

Considera que la Inteligencia Artificial puede jugar un papel importante contra las fake news o la polarización por el uso de redes sociales.

«El Big Data es como el sexo en la adolescencia: todo el mundo habla de ello, nadie sabe realmente cómo hacerlo, todos piensan que los demás lo están haciendo, así que todos dicen que también lo hacen». La sentencia, de Dan Ariely, catedrático de Psicología y Economía Conductual de la Universidad de Duke, en EE UU, encabeza la página web de José García Montalvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra, miembro del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y Premio Jaume I de Economía 2019. Y es una de las referencias que tomó la catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alicante (UA) Carmen Herrero, para presentar a García Montalvo, protagonista ayer de una nueva edición del Foro Alicante, que organizan INFORMACIÓN, la Universidad de Alicante, Bankia, la CEV e Hidraqua, y al que se sumó por primera vez como colaborador el Foro Germán Bernácer. Una máxima -la de Ariely- que no solo sirvió de carta de presentación, sino también de prefacio de lo que, posteriormente, iría desarrollando el economista valenciano. Y todo partiendo de la base de que, si bien es cierto que, como reconoció el investigador, el Big Data y la Inteligencia Artificial (IA) ofrecen muchas ventajas, también hay lagunas. Comenzando por el escaso uso que se le da para resolver problemas sociales o por el retraso que lleva Europa respecto a China y EE UU, en parte por una legislación de protección de datos, en su opinión, demasiado restrictiva. Eso sí, con una salvedad, como subrayó el catedrático de la Pompeu Fabra: «En España sí estamos avanzados en Big Data e Inteligencia Artificial en la Agencia Tributaria». Tanto que se atrevió a hacer una recomendación muy clara: «Si queréis alquilar un apartamento, debéis declararlo, porque os van a pillar seguro». Hasta citó la aplicación Electra que permite cruzar empresas y relaciones comerciales con el objetivo de detectar anomalías y sociedades pantalla. Ese efectismo, sin embargo, no se extiende a la evaluación y el control del gasto público, criticó. Como prueba, recurrió a la denuncia que hizo recientemente la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) sobre la imposibilidad de saber qué se gastan las administraciones públicas en políticas activas de empleo. «Tenemos instrumentos para hacerlo, pero no queremos hacerlo», decretó.

De hecho, esa fue la tónica que marcó su intervención: la de ir desgranando los usos del Big Data y de la IA, con todos los pros y los contras en estos momentos. Lo hizo, además, salpicando de casos prácticos su alocución, que había comenzado con la advertencia -no sin retranca- de que «los economistas sin PowerPoint no sabemos qué hacer» y que, además, como buen profesor, no le gustaba hablar sentado. Si influyeron esos factores, el auditorio en absoluto lo notó. El primer supuesto que citó, sin ir más lejos, es el de ese padre de EE UU que se enteró de que su hija adolescente estaba embarazada por los cupones de descuento de pañales y cunas que le enviaba una empresa denominada Target, por el uso de la IA. Eso le sirvió para poner sobre la mesa una de sus principales reivindicaciones: «El Big Data y la IA no deben tener solo fines comerciales, sino que también deben resolver problemas sociales». En ese punto, subrayó que no acababa de entender por qué la gente se escandalizaba por el rastreo de smartphones para el estudio de movilidad del INE, cuando simplemente bajando la aplicación de una linterna ya se ceden todos los datos sin que eso vaya a acabar teniendo ninguna repercusión para la sociedad.

A partir de ahí, entró más en harina y describió algunos de los usos que se le da al Big Data y a la Inteligencia Artificial en la actualidad. Sin ir más lejos, el que le dan los bancos a los macrodatos para ver si una persona es buena o mala pagadora de cara a la concesión de un crédito. ¿Cómo? Según apuntó, rastreando su reputación en redes sociales como Facebook, Twitter o LinkedIn, y teniendo en cuenta el nivel educativo de la persona en cuestión y de su círculo, o si tiene más o menos contactos, lo que puede determinar que encuentre un empleo rápido en caso de perder su trabajo. También mencionó que las entidades ya pueden saber si nos han robado la tarjeta solo por el modo en el que se marca el pin en el cajero. O las aseguradoras que, a través de sensores en el coche, y por la forma en la que se frena o se acelera, son capaces de predecir el riesgo y ofrecer precios personalizados a los conductores. Y hasta hizo referencia al modo en el que, gracias a la Inteligencia Artificial, el algoritmo AlphaGo Zero se convirtió en el mejor jugador de Go del mundo partiendo solo de las reglas del juego y entrenando con las partidas que jugaba contra sí mismo. Todo lo contrario a Deep Blue, el programa de IBM que en 1997 derrotó a Kasparov, pero al que previamente se le habían incorporado datos de miles y miles de partidas.

Ahí dio un paso más, y, tras dejar claro que «a los economistas no nos gustan las encuestas, nos gusta ver a la gente actuar en el mercado», apostilló que, «en estos momentos, Google es una especie de suero de la verdad». Se escudó, lógicamente, en más ejemplos, como en el hecho de que cuando las mujeres escriben en el buscador «mi marido es...» no preguntan por infidelidades, sino sobre si su pareja es homosexual. Mientras, para los niños, el rastreo lleva a «mi hijo es superdotado», aunque para las niñas «superdotada» apenas se escribe, y se cuestiona por si la pequeña es «obesa», «guapa» o «fea», relató García Montalvo. Hasta el análisis de las búsquedas por Internet llevó a que en una zona de EE UU en 2009 se pudiera ver la evolución de la gripe calle por calle.

Con todos esos puntos de partida, entre las ventajas del Big Data, aludió a las posibilidades que ofrece de superar algunos sesgos en los humanos. Aunque no todos: se hizo una prueba en EE UU con currículums exactamente iguales, pero en unos casos con nombres y direcciones afroamericanas frente a otros de personas blancas, y la «máquina» acabó seleccionando los de estos últimos. Por tanto, el hecho de que los algoritmos repliquen la discriminación fue uno de los factores en contra, según el catedrático, junto a la falta de privacidad o a la variación de resultados por el paso del tiempo.

José García Montalvo: "La polarización de la sociedad está poniendo en juego la democracia"

Por otro lado, y por lo que respecta a la Inteligencia Artificial, incidió, como ya había hecho con anterioridad, en la necesidad de que se le dé un uso en la resolución de problemas sociales y, sobre todo, en el análisis del gasto del dinero público. Ahora bien, por encima de todo, destacó el papel que puede jugar contra las fake news, o en la polarización y la erosión que supone para la democracia el hecho de que los usuarios, en las redes sociales, sólo accedan a contenidos de personas que piensan como ellos. «La Inteligencia Artificial y el Big Data tienen muchas posibilidades, pero no son la panacea. Las personas tendremos que seguir pensando», puntualizó. La conclusión era clara: las máquinas no pueden sustituir al ser humano.

«La sociedad está muy erosionada en Cataluña»


García Montalvo prevé que no habrá fugas adicionales de empresas, aunque ve difícil que vuelvan las que se han marchado

El catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona José García Montalvo no dejó de responder varias de las preguntas que le plantearon los asistentes al Foro Alicante sobre la situación en Cataluña, pese a que se podía percibir que se mostraba menos cómodo en esta parte del turno de preguntas que en el anterior, cuando las cuestiones se referían más a asuntos sobre su especialidad como economista.

No obstante, una cosa que sí manifestó claramente es que la sociedad catalana «está muy erosionada». Y añadió que «hay gente con la que no puedo hablar de muchas cosas, incluso con los amigos», se lamentó. En el ámbito estrictamente económico, reconoció que, en los primeros momentos del «Procés», en octubre de 2017, «el sector inmobiliario y la inversión extranjera se vieron algo afectados, aunque no tuvo mucho impacto». Entre otras razones, «porque no es lo mismo que tengas varios días intensos» de movilizaciones en las calles «que no saber cuándo se van a producir».

En este sentido, indicó que los sectores de la restauración y de los hoteles «están tocados, porque han tenido pérdidas durante la fase intensa de los incidentes,. pero ya lo están recuperando», aseguró García Montalvo.

Y, sobre la fuga de empresas de Cataluña, aseguró que cree que no habrá más salidas «adicionales». Ahora, sí apuntó que «lo que no habrá será retorno» para aquellas compañías que ya se han ido. Entre otras razones, porque adoptar una decisión de este tipo «es difícil y complicada, y, cuando se toma, no tiene vuelta atrás».

No obstante, también matizó que lo que ha habido es un traslado de las sedes sociales no de las fábricas. «Mientras la parte de la producción se quede allí, el impacto será menor», subrayó.

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