30 de octubre de 2019
30.10.2019

El tropiezo de las zapatillas veganas «made in Elche»

La firma que comercializaba las zapatillas SlowWalk entra en concurso por problemas con un proveedor

29.10.2019 | 20:52
El tropiezo de las zapatillas veganas «made in Elche»

La marca seguirá a través de otra sociedad.

En ocasiones las buenas ideas no logran llegar a buen puerto o, al menos, no lo hacen en el primer intento. La compañía Neweco Shoes SL, que alcanzó cierta relevancia en los últimos años al lanzar una línea de zapatillas veganas bajo la marca SlowWalk, se ha visto forzada a solicitar el concurso de acreedores ante la imposibilidad de servir a sus clientes, después de que su principal proveedor le dejara en la estacada. Así lo confirmó ayer a este diario el socio y administrador único de la mercantil, Juan Caparrós, después de que el Boletín Oficial del Estado publicara el decreto que da inicio a este procedimiento, así como la designación de un administrador concursal.

Un proceso que, en cualquier caso, no significará la desaparición de la marca, que pertenecía a otra mercantil vinculada a la familia del emprendedor y que ha decidido continuar con esta línea de negocio, según las fuentes consultadas. A pesar de ello, no deja de ser un importante tropiezo para el proyecto, que llegó a llamar la atención de Ágata Ruiz de la Prada, que cuenta con su propia línea de diseños bajo este paraguas.

Fue en el año 2013 cuando, con sólo 20 años, y tras abandonar sus estudios de Biología, el ilicitano Juan Caparrós decidió continuar con la tradición zapatera de su familia. Un par de años después, en 2015, constituyó la mercantil SlowWalk SL, con la que empezó a comercializar sus propias colecciones, aprovechando la denominación que era propiedad de otra firma familiar, que ostenta la licencia de la misma, según explicó ayer el emprendedor.

Buscando nuevos nichos de mercado, Caparrós decidió apostar por el auge de los productos sostenibles y planteó la creación de unos zapatos veganos, es decir, que no incluyeran productos derivados de animales y fueran respetuosos con el medio ambiente. Su primera colección con estas características, que denominó Teemo, salió al mercado en 2017 con una veintena de modelos con diversas combinaciones de colores, confeccionados a partir de retales de lonas de algodón tintadas al agua para eliminar cualquier tipo de producto químico. También contaban con suelas de goma de látex o recicladas a partir de caucho de otras suelas que, además, estaban diseñadas de tal forma que, al final de la vida últil de la zapatilla, se pudieran separar fácilmente para volver a reciclarlas.

Caparrós apostó por la producción local y, según relata, al principio contrataba la fabricación con varios talleres de la zona. Sin embargo, el aumento de la demanda le llevó a querer organizar mejor el proceso y buscó un único proveedor, que concentrara toda la producción. Fue su condena, según afirma, ya que este proveedor pronto empezó a tener problemas de liquidez, lo que obligó a la compañía a adelantarle dinero. Sin embargo, todo fue en vano, porque el taller no logró solucionar sus problemas y la pasada primavera acabó por no servirle los encargos, cuando Caparrós ya contaba con más de 600.000 euros en pedidos de clientes. La imposibilidad de atenderlos le llevó a iniciar una proceso de preconcurso, con la intención de llegar a un acuerdo con la banca que no se ha producido, según el empresario, lo que ha llevado a la declaración formal del concurso.

En cualquier caso, el propio Caparrós señala que la licencia de la marca ha revertido a la firma de su familia que, según fuentes oficiales de la misma, tiene la intención de continuar con su explotación y con la línea vegana. El que no seguirá en el proyecto, según sus propias palabras, es Caparrós, que ha decidido apartarse. La firma que creó cambió en marzo su denominación de SlowWalk a la mencionada Neweco Shoes.

Una compañía que llegó a facturar casi 3,5 millones


La sociedad Neweco Shoes -hasta el pasado marzo denominada SlowWalk SL- registró un crecimiento exponencial desde su creación. Así, en 2015 ya ingresó 953.000 euros con su actividad que, en 2017, el último año en que la mercantil ha depositado cuentas en el Registro, ya se habían convertido en cerca de 3,5 millones de facturación. Además, registró beneficios desde el primer año. En 2017, no en vano, declaró unas ganancias de 26.710 euros.

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