28 de julio de 2019
28.07.2019
Aprendiendo de nuestros errores

Libra, el experimento monetario de Facebook

27.07.2019 | 21:56
Libra, el experimento monetario de Facebook

Facebook ha estado trabajando en el diseño de una criptomoneda, de código abierto, basada en la tecnología blockchain, a la que ha acordado denominar Libra. Estaba previsto que el mercado dispusiera de ella en 2020. No obstante, ante la reacción de las autoridades económicas y monetarias, a ambos lados del Atlántico, sus responsables han asegurado que no se lanzará hasta que no queden resueltas todas las dudas regulatorias que puedan plantearse.

Los diseñadores de Libra han intentado salvar los problemas esenciales en los que han incurrido otras criptomonedas, particularmente una alta volatilidad, como la que ha experimentado Bitcoin, y, por ello, aseguran que estará respaldada por una canasta de monedas de curso legal, materializada tanto en depósitos bancarios como en bonos públicos a corto plazo, lo que, según ellos, garantizaría su estabilidad.

La finalidad que Facebook ha declarado perseguir es la de unificar los pagos en todo el mundo bajo una misma unidad monetaria. Libra se podrá almacenar en Calibra, una compañía independiente pero subsidiaria de Facebook, que se convierte en una plataforma de pagos que podrá ser utilizada a través de Facebook, Messenger o WhatsApp. Esta criptomoneda se regirá por la Asociación Libra, sociedad independiente, domiciliada en Suiza, con 28 miembros fundadores, entre los que se encuentran compañías tan importantes como Visa, Mastercard, PayPal, eBay y Uber, entre otras, además de la propia Facebook.

El ultra liberal Friedrich von Hayek defendió el establecimiento de monedas privadas, que compitieran entre sí y con las monedas soberanas, en su libro La desnacionalización de la moneda, publicado en 1976. Para este Nobel austríaco, la clave fundamental del éxito de una moneda privada es la estabilidad de su valor, lo que facilitaría su amplia aceptación. Parece razonable deducir que los diseñadores de Libra-Facebook han estudiado bien a Hayek.

Otra cosa muy distinta es que, a pesar de lo anterior, Facebook sea capaz, por sí sola, de proteger el valor de Libra. Como es suficientemente conocido, los sistemas de pagos requieren un nivel de respaldo de liquidez que una entidad privada no puede garantizar, ni tan siquiera con un alto nivel de innovación tecnológica.

Se ha informado de que Libra estará vinculada a una canasta de monedas. Esto significa que existirá un conjunto de divisas -sobre las que todavía no se ha informado, aunque es fácil prever que estarán las más sólidas y extendidas, como el dólar estadounidense o el euro, entre otras- que combinadas en determinada proporción -también desconocida de momento- serán la referencia para fijar el valor de cotización de la nueva criptomoneda.

Para hacernos una idea de lo que estamos hablando, recordemos que la cesta de monedas más conocida son los derechos especiales de giro (DEG), que es la unidad de cuenta que utiliza el Fondo Monetario Internacional, formada por el dólar estadounidense, el euro, el renminbi chino, el yen japonés y la libra esterlina, en proporción a la importancia que cada una de ellas tiene en el comercio y en las finanzas internacionales; proporción que se revisa periódicamente, cada cinco años, como norma general.

Como ya se ha señalado, para estabilizar el valor de Libra, dicen que mantendrán, a modo de reservas, depósitos bancarios y deuda pública a corto plazo, de acuerdo con la estructura monetaria que establezcan para la canasta. Cuando un inversor adquiera Libra, contra su propia moneda, en nuestro caso, contra euros, se supone que el «consejo monetario» de Libra, mantendrá dicho contravalor en la estructura de monedas de la cesta que hayan decidido, bien en cuentas a la vista, bien en valores públicos.

Por tanto, la estabilidad de Libra está vinculada a la canasta de monedas y no con una moneda específica, es decir, desde el punto de vista de un europeo, la estabilidad de la moneda no estará garantizada en términos de euros. O, dicho en otros términos, si alguien adquiere la criptomoneda Libra y la mantiene como un activo monetario, está asumiendo una inversión especulativa, prácticamente igual que quien decide comprar dólares estadounidenses o yenes japoneses para mantenerlos en cartera. Concretamente, si, supongamos, el euro tiene un porcentaje de participación en la canasta de monedas que respaldan Libra de un x por ciento, estaremos asumiendo un riesgo de cambio de (1 – x) por ciento.

Pero el tema de los riesgos asociados a Libra no termina en el riesgo de cambio. En el momento presente, todas las monedas soberanas son dinero fiduciario, que es legalmente obligatorio aceptar como medio de pago, porque lo respalda un Estado. Por supuesto, Libra también será dinero fiduciario, pero no será obligatorio aceptarlo como medio de pago, sino absolutamente voluntario. ¿Qué sucedería si, por ejemplo, se produce una gran crisis de confianza en Libra, o en su empresa matriz y creadora, Facebook? No creo que sea muy difícil pensar que Facebook puede perder la confianza de la gente; de hecho, creo que ya carece de tal confianza después de los escándalos que se han producido en torno a la violación de la privacidad.

Y si, por la razón que fuere, las tiendas se niegan a aceptar Libra, y sus tenedores quisieran cambiarla por su moneda soberana (euros, por ejemplo), deberían hacerse líquidas las reservas que respaldan Libra, lo que, en función de las cantidades que se reclamen a nivel global agregado, puede ser muy sencillo, o extremadamente complicado, generando un grave problema de liquidez y si se recurre a establecer un «corralito» nos enfrentaríamos a un problema de riesgo de crédito, porque ni Facebook, ni ninguna otra empresa privada tiene un acceso ilimitado a las monedas que forman la canasta que la respalda. Solamente los Estados soberanos tienen esa posibilidad a través de sus respectivos bancos centrales.

Desde la crisis financiera internacional de 2008, las autoridades regulatorias y supervisoras obligaron a los bancos a redactar lo que se ha denominado su «testamento vital», lo que no es más, ni menos, que un plan que han de elaborar los bancos sobre cómo van a actuar en caso de riesgo de insolvencia: esto es, cómo detectar de forma anticipada los posibles problemas y cómo van a ser abordados para solucionarlos antes de quebrar.

¿Sería razonable que los reguladores dejaran lanzar Libra sin que Facebook tuviera redactado su «testamento vital»? Desde luego que no, pero torpezas parecidas hemos visto.

En su caso, Libra debería estar sujeta a las mismas normas de transparencia que se aplican al sector financiero, pero, si así se hace, ya no sería una criptomoneda.

Suele decirse que el dinero es muy miedoso, y a la vista de todo lo anterior, no parece muy sensato comprar la moneda que Facebook quiere emitir. Si fuera, exclusivamente, para pagar una adquisición, en otro lugar del mundo, mejor cambiar nuestra moneda por aquella en la que esté denominado el precio del producto a adquirir. Si es para conservarla, como inversión, con origen y fines lícitos, podría ser una gran estupidez. Pero, como ha señalado Stiglitz muy recientemente, nadie mejor que Facebook para saber cuántos tontos nacen por minuto.

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