04 de mayo de 2011
04.05.2011
Un modelo diferente

Las ventajas laborales de Alemania

Flexibilidad, suspensiones temporales, reducción de jornada y vinculación con la productividad son algunos de los factores

04.05.2011 | 02:00

Un modelo muy diferente. La tasa de paro española es tres veces más alta que la alemana. La flexibilidad laboral germana, donde abundan las suspensiones temporales y la reducción de jornada, además de la vinculación de los salarios a la productividad, explican en buena parte por qué un país tiene tantos parados menos que el otro. La menor incidencia del empleo sumergido es otro factor a tener en cuenta.

Cuando en el verano de 2007 el estallido de las hipotecas basura dio el pistoletazo de salida a la actual crisis económica, la tasa de paro de España y Alemania era casi idéntica: en torno al 8 %. Cuatro años más tarde, el porcentaje de desempleados germanos -pese al repunte de 2009, el año en que el PIB del país descendió un 4,7 %- está en el 7,1 %, mientras que el de los españoles es tres veces superior, concretamente, del 21 %. ¿Cómo se ha llegado a tal destrucción de empleo? ¿Por qué Alemania ha funcionado tan bien?. El profesor de Administración de Empresas de la Universitat Jaume I de Castellón, Vicente Castelló, considera que son muchos los factores que responden a ambas preguntas, aunque el principal de ellos es el "pionero" modelo laboral germano.
Una de las claves de ese modelo está en su flexibilidad y se sustancia en las suspensiones temporales de empleo y la reducción de jornada, que son dos factores clave para explicar por qué, aunque haya menos trabajo, el desempleo no aumente. En Alemania, cuando una fábrica debe reducir su producción por una caída en la demanda, se permite la suspensión temporal de los empleos innecesarios en ese momento. Es una fórmula equiparable, pero más ágil, al expediente de regulación temporal de empleo español. La empresa se hace cargo del 10% del salario y el Estado, del resto, si bien los trabajadores, "que no cuentan como parados", están obligados a realizar cursos de formación para reciclarse.
La reducción de jornada es otro elemento esencial -antes del verano del año pasado se habían acogido a esta fórmula un millón y medio de alemanes, que accedieron a reducirse el sueldo en un tercio- y contrasta con los hábitos más comunes en España, donde los empresarios han recurrido masivamente a los ERE de extinción de contrato y a los despidos con indemnización, lo que ha dado lugar a la sangría laboral que padecemos.
Pero lo mencionado hasta aquí explica sólo en parte el éxito germano. Como asegura Vicente Castelló, Alemania lleva más de una década premiando la productividad, es decir, vinculando la subida salarial a este factor en lugar de a la inflación, como sucede en España.
Castelló considera que tampoco hay que dejar de lado el muy distinto tejido económico alemán y el mayor tamaño de sus empresas. En este sentido, explicó que las firmas germanas tienen la suficiente dimensión como para poder aplicar sin excesivos problemas las suspensiones temporales o las reducciones de jornada, algo que, en su opinión, es mucho más complicado en el entramado español, donde existe un predominio de pymes que dificulta medidas como las mencionadas. A este respecto, el profesor de la Universitat Jaume I apunta un dato muy inquietante y es que la diferente estructura empresarial entre España y Alemania conlleva que en el primero de ambos países haya un elevado volumen de empleo sumergido -propio de las pymes, porque "las grandes empresas no pueden llevar a cabo este tipo de prácticas"- que explica en parte por qué, con tanto desempleado oficial, no haya habido una revuelta social.
Además del tamaño de las empresas, hay que tener en cuenta la distinta especialización sectorial. Una economía tan fundamentada en los servicios -turismo, comercio- y en la construcción y sus subsectores añadidos, como la española, "es más proclive a los trabajos temporales que a los fijos, más propios de la industria". Castelló opina que los alemanes "están más diversificados" y como prueba de ello recuerda que en el primer trimestre de este año, de los 242.000 nuevos parados españoles, 170.000 correspondieron a la construcción.

El empleo de la dependencia
Este experto abunda en otras cuestiones, en este caso relacionadas con el poderío alemán. Y es que su economía "es muy potente en valor añadido, en calidad, con unas exportaciones que, a diferencia de las españolas, son difíciles de copiar y que se venden, aunque sean caras, por su valor tecnológico". Todo ello supone que la sociedad alemana -que ya ha salido de la crisis, con un robusto crecimiento del 3,5% en 2010- disponga de una riqueza que le permite destinar una parte relevante de la misma a servicios que reducen de forma considerable el impacto del paro y que en España el Estado no puede dar.
Por último, está la cuestión de la movilidad. Según Castelló, si Portugal tiene una menor tasa de paro que España es porque muchos lusos están trabajando en el exterior. La falta de oportunidades está empezando a hacer que los españoles emigren. Toda una novedad en una sociedad "con un serio problema de movilidad laboral" que viene de la cultura de la propiedad inmobiliaria -más del 80 % de españoles tiene casa propia, frente al 40 % de alemanes, más proclives al alquiler-, que dificulta los movimientos internos.

comparativa
Hubo un tiempo con menos tasa de paro
En los últimos veinte años, la tasa de paro española ha registrado grandes variaciones respecto de la alemana. En 1992, el año de la Expo y las Olimpiadas, pero también cuando los germanos digerían con esfuerzo la reunificación, en España estaba en el 17% y en Alemania, en el 6%. A partir de entonces, España va registrando un paulatino descenso que se detiene a finales de 2007, cuando la tasa de paro no llegaba al 8%. En aquel momento, Alemania estaba en la misma posición, con ciertos vaivenes. En 1997, se aproximó al 12 %, luego cayó por debajo del 10 % y a partir de 2004 y durante la primera legislatura de Zapatero tuvo una tasa de paro superior a la española, hasta que la crisis volvió a cambiar las tornas.

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