27 de febrero de 2011
27.02.2011
Buen apetito

El gintónic de las 5

Entre experimentos y desvaríos, no falta alguna propuesta novedosa e interesante en torno al combinado de moda

27.02.2011 | 01:00

El boom de las ginebras con notas cítricas, exóticas o especiadas tiene su réplica, desde una marca clásica, con el tea tonic: una colección de infusiones en bolsita con distintos aromas para reforzar los que a uno le apetezcan.

Para los ortodoxos de la mixología clásica, un gintónic se compone de ginebra -unos 5 centilitros-, tónica -unos 25-, cubitos -un par, tres a lo sumo- y una rodaja de limón. Y se sirve en vaso de tubo. Es una forma de entender el gintónic que hoy sólo se encuentra en locales de dudosa reputación: en cuanto a mixología, si no más. Hace un par de décadas, se extendió la revolución urdida por el barman Joaquín Fernández, de la coctelería Dickens de San Sebastián, que llenaba de hielo una copa alta de balón y reemplazaba la rodaja de limón por tres twists o pedazos de piel retorcida. De una forma u otra, hacía pequeñas incisiones en ellos para que liberaran los aceites esenciales de la piel del limón, cuyos aromas son realmente lo que interesa. Uno lo vertía directamente en la copa, otro lo pasaba previamente por el borde para impregnarlo de sus aromas y otro lo retorcía antes sobre el gintónic ya listo.
La revolución del Dickens -el gintónic estilo Donosti- fue un big bang que sigue expandiéndose en combinados creativos con todo tipo de fantasías. Se le echa pepino, enebro, cardamomo, canela, lemon grass o plantas y flores diversas, se prepara en coctelera o se hacen mil y una piruetas en el escanciado de la tónica. Lo malo es que, con todo eso, proliferan los entendidos dispuestos a darnos lecciones en concursos y demostraciones o, peor aún, en la plácida hora de la sobremesa. La última onda del big bang es el gintónic con plancton y salicornia.
Además, el boom del gintónic ha propiciado la aparición de incontables marcas de ginebra y de tónica, que han obligado al aficionado a ir probando productos novedosos y sus combinaciones para volver, antes o después, a los de siempre. Más o menos, lo que le pasa también con la cocina. Entre patrañas y desvaríos, algunas iniciativas tienen el único valor que pueden tener este tipo de experimentos: el de dar con algo que no sólo sea novedoso, sino que además suponga una mejora real del invento en cuestión, léase gintónic en este caso.
Una de las pocas cosas realmente interesantes en ese sentido es el tea tonic propuesto por Tanqueray Nº Ten. Frente a las nuevas ginebras cítricas, especiadas, exóticas o cargadas de enebro, la elegante Nº Ten se aproxima a cualquiera de ellas, según gustos y ocasiones, con el tea tonic: un nuevo ritual a la inglesa para las 5 de la tarde. Consiste en reforzar cualquiera de esos matices, que ya están en la propia ginebra, dejándole en infusión durante un minuto alguna de las bolsitas como las de té que acompañan a la botella: especias, enebro, manzanilla, cítricos o una combinación de todos. Además, según el aroma elegido, el resultado cambia también de color. Los amigos de catas y maridajes tienen con qué entretenerse. Los que vemos en estas cosas la parte lúdica, también.

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