06 de junio de 2010
06.06.2010
Reportaje. LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (XXXV)

Lugares repoblados y abandonados

Muchos de los lugares donde habían vivido los moriscos fueron repoblados de forma lenta, mientras que otras zonas quedaron definitivamente olvidadas

06.06.2010 | 02:00
Lugares repoblados y abandonados

Para ocupar el vacío dejado por los moriscos y poder sembrar cuanto antes, la Real Audiencia ordenó a los señores valencianos el 25 de diciembre de 1610 que repoblasen los lugares dejados por los moriscos en el plazo de seis meses; orden que fue reiterada desde Valencia en otro bando del 12 de enero de 1611.

Repoblación lenta
Esta reiteración de órdenes para repoblar los lugares desalojados por los moriscos hace suponer que la repoblación debió de ser lenta, o al menos no tan rápida como las autoridades deseaban, con seguridad debido a la urgencia que había por sembrar los campos.
El obispo de Orihuela cuenta en una carta datada el 9 de octubre de 1609 cómo, estando aún en Petrel los moriscos en sus casas, habían aparecido ya sus impacientes sustitutos, provenientes de Alicante, Monforte y Jijona, que habían ocupado setenta casas. Y un mes después, en otra carta, el obispo informaba de que en Petrel había "como cien casas de nuevos pobladores christianos viejos", de los cuales sesenta "estavan de asiento".
No obstante, todo parece indicar que lo ocurrido en Petrel y quizás en otros lugares del Medio Vinalopó no fue la tónica general. La marquesa de Guadalest, por ejemplo, se lamentaba ante el Consejo de Aragón de que los 1.200 moriscos que vivían en su valle hubiesen sido reemplazados por sólo 120 cristianos viejos. Lo que no decía la marquesa, como ninguno de los otros señores valencianos, era que una de las causas de esta demora en la repoblación de sus tierras se debía a las exigencias que imponían a los nuevos pobladores, con obligaciones similares o peores a las que ataban a sus antiguos vasallos moriscos.

Repobladores valencianos
La inmensa mayoría de los repobladores que ocuparon los lugares anteriormente moriscos en el reino de Valencia, procedían del propio reino. Es decir, se produjo una migración interna.
Así ocurrió, por ejemplo, en Orba, que había quedado completamente vacía y cuyos primeros repobladores procedían de Pego (6 personas), Murla (6) y Jávea (1). Y en Negrals, repoblada en agosto de 1611 por vecinos de la cercana villa de Pego. Y también en Sagra y Sanet, repoblados ambos lugares por algunos manchegos, pero sobre todo por gente proveniente de Muchamiel, Penáguila, Oliva y Valencia, según Halperin. Y en Alcalalí, repoblada por cristianos viejos que procedían de Muchamiel, Polop, Calpe, Benissa, Bocairente, Altea, Murla, Jávea, Finestrat y Valencia, alguno de Barcelona y dos de la población mallorquina de Manacor: Antonio Cervera y Mateo Roselló.

Repobladores mallorquines
Los repobladores foráneos provenían de diversos lugares: Cataluña, Francia, Aragón, si bien el mayor número de ellos vino de la isla de Mallorca.
Fue sobre todo la comarca de La Marina (cuya despoblación en la zona montañosa superaba el 90%) adonde llegaron los colonos mallorquines. Giner Guerri explica cómo en muchos de los lugares repoblados de La Marina "perdura todavía hoy el testimonio de sus ancestrales características mallorquinas, como son especialmente los productos de la industria chacinera y ciertos modismos de lenguaje. En ambos aspectos el pueblo que permanece como ejemplo más llamativo es Tárbena, con sus sobrasaes y el artículo sa y es en vez de la y el valencianos. Respecto al Valle de Gallinera escribió Cavanilles lo siguiente: "La expulsión de los moriscos despobló el valle de tal modo, que el duque de Gandía, para conservar con utilidad aquella corta porción de sus estados, traxo de Mallorca 150 familias, que repartió en los diez lugarcillos que actualmente existen y forman tres parroquias". El Patricarca Ribera fue quien fundó dichas tres parroquias: Benirrama, Benicivá y Patró".
El 14 de junio de 1611 se encontraba en el Valle de Laguar Mateo de Roda, procurador del duque de Gandía, presentando ante el notario Baltasar Clúa la carta-puebla de la baronía. En ella figuran los 27 nuevos colonos cabeza de familia, "todos ellos agricultores, oriundos de la isla de Mallorca, convocados y reunidos en la plaza de Alfeig [Fleix], Foya de Alaguar". Entre aquellos 27 mallorquines (de los que descienden la mayor parte de los habitantes actuales de Campell, Fleix y Benimaurell) había 4 con el apellido Riera y 3 con el de Camps. Todos venían acompañados de sus respectivas familias, celebrándose muy pronto la primera unión conyugal entre dos de ellas: Bartolomé Cerdá y Catalina Moll, ambos naturales de Artá (Mallorca) contrajeron matrimonio el 23 de octubre de 1611 ante el rector mosén Juan de Tena, residente en Pego, según se lee en el Quinqué libri de la parroquia de Laguar. Y algunas de las mujeres llegaron embarazadas, puesto que el primer bautizo se llevó a cabo en noviembre de aquel mismo año.
Por su parte, en La Baronía de Llíber en el siglo XVII, Miguel Monserrat copia los apellidos de los repobladores de Llíber que aparecen en la carta-puebla fechada el 12 de diciembre de 1611. Los más numerosos son los Mas, Monjo y Vidal, con cuatro cabezas de familia así apellidados. Según Monserrat, "podemos asegurar que proceden de las Islas Baleares, los linajes siguientes: Femenia, Ferrá, Font, Lull, Mas, Monjo, Monserrat, Morell, Noguera, Oliver, Peña, Pou, Puig, Puigserver, Reus, Sauva y Vidal. Si tenemos en cuenta esta aseveración podemos afirmar que más del 90% de los primeros pobladores de Llíber son originarios del reino de Mallorca y concretamente del lugar de Llucmajor".
Joan Reglá aprovecha los datos que el arbitrista Ibáñez de Marquina ofrece en su Memorial, para contar las poblaciones del reino de Valencia que fueron repobladas por cristianos viejos tras la expulsión de los moriscos.
Sin contar la ciudad de Valencia, en 1609 había 302 poblaciones ocupadas por cristianos viejos, mientras que los moriscos vivían en 453 poblaciones. En total, pues, había en el reino de Valencia 755 poblaciones, además de la capital. En 1638, las poblaciones cristianas eran 550. De ello se desprende que 248 poblaciones (550-302) fueron ocupadas por cristianos viejos después de ser desalojadas por los moriscos, y que otras 205 poblaciones (755-550) quedaron abandonadas.
Así pues, no todos los lugares moriscos fueron repoblados. Tanto los señores como los repobladores prefirieron colonizar los lugares que ofrecían mejores condiciones, dejando definitivamente abandonados el resto, casi todos ellos lugares pequeños y con terrenos de difícil cultivo. En Alcalalí, por ejemplo, quedaron despobladas las alquerías de Mosquera y Beniatía; en Parcent, las de Vernisa y Alcanicia; en Castell de Castells, las de Villa y Ayalt; Marnes y el Cau, en Llíber; Benibrahim, en Jalón; Isbert, en Orba; y en Murla, su arrabal (antigua aljama). También Halperin Donghi nos presenta una relación de lugares del reino de Valencia con sus respectivas casas, registradas en tres ocasiones distintas: entre 1565 y 1572, en 1609 y en 1646. Para una fácil comparación, se presenta a continuación un extracto de esta relación, en la que figuran los lugares que actualmente forman parte de la provincia alicantina (faltan algunos, como Villajoyosa y Castalla, que no aparecen en el original) con las casas registradas en 1609 y en 1646. Es fácil comprobar cómo las localidades de cristianos viejos mantuvieron su población o la aumentaron (en algunos casos descendieron ligeramente, debido a la migración interna de los repobladores), en tanto las antiguas moriscas descendieron bruscamente a pesar de la repoblación:

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