23 de febrero de 2010
23.02.2010
Enfoques

CALVINO, LOS EMPRESARIOS Y LAS PENSIONES

España es un país de tradición y cultura católica, lo que nos hace tener una visión de la vida, de la muerte y de la salvación distinta a la de otros países europeos, de raíz igualmente cristiana, pero impregnados por el calvinismo desde hace más de cuatrocientos años.

07.02.2010 | 01:00
CALVINO, LOS EMPRESARIOS Y LAS PENSIONES

La indispensable reforma en el sistema de jubilación debería redefinir los retiros anticipados, luchar contra el fraude o mejorar la base de cotización

En ningún país de influencia calvinista ante el anuncio de una posible reforma del sistema público de pensiones se hubiera confeccionado una página web con el sugerente título "va a trabajar dos años más tu puta madre", en referencia a la pretensión gubernamental de aumentar en dos años la edad de jubilación obligatoria. En un país calvinista la mayoría de los ciudadanos hubieran admitido con tranquilidad la posibilidad de trabajar esos dos años más si con ello el sistema de pensiones se fortaleciera. Para ellos el trabajo es una vía más para la salvación que depende de la decisión divina, mientras que para nosotros la salvación viene dada por el arrepentimiento, independientemente de nuestro modus vivendi, y por tanto dependiente de nosotros.
La polémica suscitada por la anunciada y/o pretendida reforma del sistema de pensiones va poniendo a cada uno en su sitio y dejando al descubierto las carencias tanto éticas como técnicas de más de un personaje significado de la vida pública española. Los empresarios, como no, no han tardado ni un segundo en aplaudir calurosamente el anuncio, cuando hasta hace bien poco han estado prejubilando con cargo a la seguridad social a millares de trabajadores, perjudicando ostensiblemente el sistema de pensiones y haciendo justo lo contrario de lo que ahora dicen apoyar. Sin ir más lejos, el paladín financiero Botín se ha despachado con unas declaraciones en las que asegura que el gobierno va por buen camino y ha tomado las decisiones más importantes de los últimos años, cuando él mismo en su banco ha llevado a cabo centenares de prejubilaciones, jubilaciones anticipadas y bajas incentivadas, todas con perjuicios contantes y sonantes para la Seguridad Social y el sistema de pensiones. Según fuentes sindicales en el 2008 fueron cerca de 500 las prejubilaciones en el banco cántabro.
Implementar el plan que se supone pretende llevar adelante el ejecutivo de Zapatero, no puede hacerse más que desde el consenso con los agentes sociales y partidos políticos y en el foro del Pacto de Toledo, que viene funcionando a la perfección desde 1995 cuando fue aprobado por el Congreso de los Diputados. Tanto el aumento de la edad de jubilación obligatoria, como el de los años para el cálculo de la pensión o las modificaciones a la pensión de viudedad, deben discutirse en este foro, pues es dónde se establecen las líneas de actuación y de reforma a introducir en el sistema de pensiones contributivo.
Seguramente el gobierno acuciado por las encrespadas críticas que se le vienen haciendo tanto internamente como desde el exterior, ha cometido la torpeza de tomar una decisión fuera del ámbito adecuado, con el consiguiente enfado de los sindicatos, contrarios de entrada a las medidas anunciadas, aunque bien es cierto que en otra ocasión y en el foro citado ya se llegó a un acuerdo que posibilitó aumentar el período de computo para el cálculo hasta los vigentes 15 años. Todo dependerá de si las cosas se explican con claridad y sin mezclarlas con el problema del paro o la crisis de endeudamiento y las dificultades gubernamentales para ajustar el déficit y encontrar dinero en el exterior que compre nuestra deuda a intereses moderados, que casualidades de la vida son en algunos casos fondos de pensiones de gran envergadura.
Las pensiones dependen sobre todo del futuro demográfico del país que las sostiene, y en nuestro caso está meridianamente claro que cada vez hay menos nacimientos y más esperanza de vida, con lo que en un futuro no lejano los cotizantes se pueden ver superados por los beneficiarios, con una descompensación brutal de la pirámide de edad. La reforma, pues, parece indispensable, lo que está por ver es de qué manera se aborda, como se aplica el bisturí sin que los recortes perjudiquen a los de siempre. Antes de pensar en aumentos de años en cotización o edad, habría que tomar medidas con las jubilaciones anticipadas, parciales o flexibles, redefinir los regímenes especiales, luchar contra el fraude, mejorar las bases de cotización, potenciar la eficacia gestora del sistema a través de una mayor integración orgánica y racional, impulsar la negociación colectiva como vía estratégica de extensión de la previsión social complementaria, y comprometer a las empresas a una política de vía común para todos y no de conveniencia coyuntural.

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