14 de octubre de 2019
14.10.2019

Contra viento y marea

Los nadadores de la travesía Oceanman Tabarca-Alicante resisten el fuerte oleaje en una prueba en la que dos embarcaciones de apoyo acaban en las rocas

13.10.2019 | 20:44

El ganador invierte casi siete horas.

La tradicional travesía Tabarca-Alicante a nado no fue una más. La llegada a meta se convirtió en una cuestión de supervivencia y no sólo para los 11 nadadores que afrontaron el reto, sino para los barcos que les acompañaban, que tuvieron que capear un fuerte temporal marítimo. Dos embarcaciones acabaron estrelladas en las rocas y tuvieron que ser rescatadas, una auténtica odisea en la que los protagonistas llegaron a pasar miedo en medio de un oleaje muy considerable que fue aumentando conforme iban pasando las horas.

Bajo la franquicia de Oceanman se disputó la prueba de 21 kilómetros que arrancó en la isla de Tabarca y acabó en Aguamarga. El primero en llegar a la meta fue el argentino Amilcar Repetto tras 6 horas y 43 minutos. Segundo lo hizo Mikel Arteaga, único español en la competición, y tercero el mexicano José Luis Prado. A sus 63 años es toda una institución en su país. Participó en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 y fue el nadador que arrebató el récord de 100 mariposa a Marc Spitz. Con gran mérito finalizó la dura travesía tras pasar momentos verdaderamente angustiosos.

Oceanman cogió el testigo de esta tradicional travesía que se convirtió finalmente en una de las más duras y con más representación internacional, ya que participaron nadadores de Líbano, Is rael, Kazajstán, Argentina, México, Ucrania, Tailandia y España

Cada nadador iba acompañado de una embarcación provista de patrón, socorrista y acompañante para garantizar la integridad de los participantes. Partieron los once nadadores desde la playa principal de Tabarca con destino a los farallones para de allí tomar dirección a Agua Amarga. Al poco de empezar dos participantes se vieron obligados a abandonar por las malas condiciones del mar. El resto prosiguió su camino con serias dificultades. El viento fue aumentando y las olas se hacían cada vez más peligrosas.

Las embarcaciones tenían serias complicaciones para seguir a los nadadores y dos acabaron en las rocas teniendo que pedir ayuda para ser rescatadas. Finalmente los nadadores pudieron llegar a la meta y no dudaron en calificar de «épica» su hazaña. Su sobreesfuerzo tuvo una mayor recompensa con una enorme satisfacción tras horas de sufrimiento en la que la retirada pasó por la mente de todos ellos.

Fermín Egido, director de la competición, tuvo muy claro que hubiera suspendido la prueba si la integridad de los participantes se hubiera visto comprometida. «Tomamos la decisión de salir porque aunque el mar estaba algo movido, en principio no había riesgo para los nadadores», asegura el organizador, que aplaude la valentía de los competidores por querer acabar la prueba pese a que las condiciones no eran las idóneas. «Estuvimos muy atentos en todo momento y nos alegramos mucho porque al final ha sido una gran experiencia para ellos», afirma Fermín, que está dispuesto a volver a organizar la prueba el próximo año.

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