07 de octubre de 2019
07.10.2019
Análisis

Una medalla y más finalistas

La selección española cierra el Mundial de Atletismo con la única presea del vallista Orlando Ortega y ocho atletas entre los ocho primeros, el mejor balance desde 2007. El décimo puesto del maratoniano Dani Mateo pone el broche a la cita de Doha

06.10.2019 | 23:23
Orlando Ortega, con su medalla de bronce conseguida tras la reclamación de la Federación Española.

El décimo puesto del soriano Dani Mateo en el maratón puso un digno colofón a la actuación del equipo español en los Mundiales de atletismo de Doha, en los que regresó al medallero gracias al bronce de Orlando Ortega que fue preciso reclamar dos veces en los despachos.

Después de una edición, la de Londres 2017, en la que España regresó sin metales por primera vez en la historia de los campeonatos y con cinco finalistas, la controvertida edición de Doha terminó la madrugada del domingo para el conjunto español con una medalla y ocho finalistas (clasificados entre los 8 primeros). Era la apuesta más segura y Orlando lo ratificó en la pista, al menos hasta que se disponía a atacar el décimo y último obstáculo para afrontar la mejor marte de la carrera para él, en la que se ha demostrado un especialista magistral.

En ese punto se cruzó en su camino el campeón olímpico, el jamaicano Omar McLeod, y lo relegó al quinto puesto cuando tenía la plata prácticamente segura. Ni el árbitro de carrera atendió la protesta de España, ni el Jurado de Apelación la reclamación primera. Los responsables del equipo español hubieron de presentar una segunda, con más pruebas del «delito» para que, finalmente, Ortega recibiera, al menos, el consuelo del bronce.

El vallista habanero, estandarte del equipo por su brillante trayectoria profesional, fue el mejor de los 38 que estuvieron en Doha, y por detrás de él, dos gallegos: Ana Peleteiro, sexta en triple, mejorando un puesto con respecto a Londres, y Adrián Ben, que en su primer Mundial obtuvo la misma plaza en el 800. Dos veteranos, Eusebio Cáceres en longitud y Javier Cienfuegos en martillo, lograron séptimos puestos, y la marcha, en el infierno de Al Corniche, aportó tres octavos: el eterno Jesús Ángel García Bragado y July Takacs en 50 km, y María Pérez en 20.

El fallo más aparatoso se produjo en la prueba masculina de 20 km marcha. España traía un equipo de categoría mundial: Álvaro Martín (campeón de Europa), Miguel Ángel López (campeón mundial en 2015) y Diego García Carrera (subcampeón de Europa), pero ninguno de los tres estuvo ni siquiera entre los 20 mejores. Martín fue el mejor, vigésimo segundo.

La preparación había sido costosa e intensiva, y no es que fuera un fallo generalizado de los marchadores europeos: hubo cinco entre los diez primeros. El fracaso sumió en el desconcierto a los implicados, que ahora no saben como preparar los Juegos de Tokio, donde se enfrentarán a condiciones climáticas muy similares.

Pese al fracaso de Adel Mechaal, cuarto del mundo en Londres y eliminado aquí en primera ronda, el 1.500 continúa irguiéndose, aunque no todavía lo bastante para estar en finales. Kevin López, Jesús Gómez, Marta Pérez y Esther Guerrero llegaron hasta la penúltima ronda, dejando a su paso una imagen de combatividad. Fernando Carro, que viajó a Doha en una insólita tercera plaza del ránking en 3.000 m obstáculos, acreditó la segunda mejor marca de su vida (8:12.31) y sólo fue undécimo. Aún le queda un largo trecho para estar a la altura de los africanos, que fundieron al madrileño con sus relevos.

Los dos maratonistas, Dani Mateo (décimo) y Marta Galimany (decimosexta), rayaron a gran altura en el infierno de la bahía, demostrando que también allí podía obtenerse un resultado notable si se actuaba con inteligencia.

Por número de finalistas, el dato que mide el nivel real de un país en el atletismo, España obtuvo su mejor cosecha desde los 10 de Osaka 2007.

La medalla de Ortega es la número 39 del equipo español en la historia de los campeonatos, que dentro de dos años recalarán en la localidad de Eugene (Estados Unidos).


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