22 de enero de 2019
22.01.2019
Análisis

El declive de la Media Maratón de Santa Pola

La descalificación de los atletas etíopes añade polémica a una prueba que ha visto reducida en más de la mitad su participación en tres años

22.01.2019 | 01:26

¿Fallo de la organización o despiste de los corredores? Es la pregunta más repetida tras la descalificación de los tres atletas etíopes en la Media Maratón de Santa Pola por confundirse de recorrido en un tramo de la prueba. Lo cierto es que el punto en cuestión, kilómetro 9 de la carrera, estaba señalizado correctamente por una línea de conos que advertía que por ahí no se podía pasar. Quizás no hubiera estado de más alguna señalización mayor por parte de la organización en forma de petos llamativos o algún elemento vertical teniendo en cuenta que los atletas marchaban a una endiablada velocidad de algo más de tres minutos el kilómetro. Pero el trazado estaba correctamente señalizado. Eso debe quedar claro en una prueba que cumplió 30 ediciones con polémica en varios frentes. Ver a Gebrie Erkihun celebrar su victoria y pocos minutos después ser descalificado junto a sus compatriotas no es la mejor imagen para la Media Maratón más internacional de la provincia. En la larga historia de la carrera es la primera vez que el vencedor no recibe su merecido homenaje en la línea de meta, por lo que Hasane Ahouchar tuvo que contentarse con el aplauso en el podio y con un premio económico que ya no esperaba en absoluto.

La prueba nada en aguas revueltas desde que la organización quedó desligada del Club Atletismo Santa Pola hace ya dos años. El cariño que le daba a la carrera el club de la ciudad no ha sabido trasladarlo a los corredores la empresa y la Media se desarrolla desde mucho antes de su inicio en un clima áspero que no beneficia en absoluto a la prueba.

De casi 10.000 atletas que tomaron la salida en la edición de 2016 se ha pasado a poco más de 4.000 en estos dos últimos años. Una participación que, pese a no ser en absoluto despreciable, nada tiene que ver con lo que se estilaba en Santa Pola donde toda la población se volcaba con la que consideraban «su» carrera. Es cierto que es fácil ahora tratar de buscar fallos en estas dos últimas ediciones (por ejemplo, ausencia de avituallamiento en el kilómetro 20, escasez de alimento sólido cuando restaban buena parte de los corredores o las interminables colas para recoger la ropa del guardarropa), pero nunca será lo mismo en ningún deporte una carrera organizada por un club que por una empresa con ánimo de lucro pese al importante esfuerzo realizado.

El malestar en los habitantes y comerciantes de Santa Pola sigue latente al tener sensación de que se les arrebató algo suyo y, aunque se ha querido dotar a la carrera de todo lo que demandan los atletas, la participación ha decaído casi a la mitad y, lo más duro, ataque sin piedad en las redes sociales después de la Media Maratón. Un clásico de las pruebas populares y con lo que hay que convivir en los nuevos tiempos.

La carrera santapolera sigue siendo una fecha señalada en el calendario de los atletas, ya sea como entrenamiento pensando en una prueba superior o como reto tras meses de preparación. La belleza del recorrido, el trazado llano y la historia de la prueba son ingredientes más que suficientes para inscribirse y disfrutar por encima de cualquier polémica. Ni siquiera los etíopes abandonaron Santa Pola dando un portazo tras su descalificación. Lo entendieron a la perfección y admitieron que pudieron cometer un error, pero a buen seguro que tratarán de regresar el próximo año para quitarse la espina. Bien haría la organización en aumentar la señalización en esa parte del recorrido porque un suceso de nuevo como el de este año puede poner la puntilla a una prueba envuelta en un halo de polémica permanente que no favorece a nadie.

La Media ha pasado de 10.000 atletas poniendo en juego el campeonato de España a poco más de 4.000. Duro declive para los 21 kilómetros más esperados de todo el año para muchos atletas que eligen la carrera santapolera para iniciarse en la distancia. Los gestos y los rostros de los corredores en la meta hablan por sí solos. Es en todo ello en lo que convendría fijarse a la hora de organizar una prueba popular que debe cumplir la próxima temporada sí o sí los 31 años de edad.

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