22 de marzo de 2020
22.03.2020
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Cultura de resistencia

El músico Niño de Elche, la bailarina Asun Noales, el actor Toni Misó y la artista de circo Andrea Pérez relatan cómo afrontan el confinamiento para seguir preparados cuando pase la tormenta, mientras ven cómo se cancelan todas sus actuaciones

21.03.2020 | 21:35
El actor alicantino Toni Misó, el músico y artista Niño de Elche y la bailarina ilicitana Asun Noales.

Sin ser derrotistas ni sentirse víctimas, lo cierto es que el mundo de las artes escénicas arrastra de forma crónica un lastre en el que la supervivencia se convierte en una montaña rusa, que ahora se presenta como el ascenso al Everest y cada vez con menos oxígeno.

Aunque el futuro parece muy lejano, afrontar el presente ya es complicado para un colectivo que vive de estar fuera de casa, de subirse a los escenarios que ahora están cerrados y de ofrecer sus creaciones a un público en estos momentos confinado.

La bailarina Asun Noales (OtraDanza), el músico y artista Niño de Elche, la artista de circo Andrea Pérez (La Trócola) y el actor Toni Misó viven su particular situación en la que al encierro y lógica preocupación por la alerta sanitaria se une la necesidad de mantener su estado físico y su proceso creativo, entre cuatro paredes. Y esto es lo que cuentan y lo que viven.

Niño de Elche. «Estar en casa me tiene un poco perturbado»

Su viaje a Miami para hacer una minigira fue de ida y vuelta. «Empezaron a caerse los bolos, queríamos mantener Nueva York, pero nada». Pudo volver a su casa en Madrid el sábado 14. A tiempo para empezar el confinamiento y para ir recibiendo llamadas de cancelación. «Se ha caído todo y este mes quería grabar el nuevo disco y tampoco voy a poder». Reconoce que estar en casa «me tiene un poco perturbado» y bromea (o no) cuando afirma que «salir a comprar comida se ha convertido en el gran evento del día».

Como artista multidisciplinar, Niño de Elche tiene abiertos muchos frentes. Lo que ocurre es que todos ellos son ahora inciertos, incluido el proyecto que está realizando para el Museo Reina Sofía, una instalación sonora cuya fecha de inauguración se fijó para el 9 de junio. «Es complicado porque es una instalación que requiere construcción de cosas y no sabemos si llegará todo a tiempo, y si en esa fecha todo va a estar normalizado».

Tampoco sabe si el Sonar de Barcelona, su festival fetiche, se celebrará en junio o no. «El problema es todo el trabajo presencial que tengo que hacer y que no puedo hacer en casa, los ensayos, los proyectos de creación...». Así que está aprovechando para escribir y terminar un libro que tenía a medias. «Es un ensayo sobre el flamenco con una perspectiva poética; terminaré este y me pondré con otro a ver si lo encarrilo». Para ello tiene que documentarse, «pero en casa no me gusta tanto leer, prefiero leer de viaje, en los trenes y en las cafeterías». Lo duro, dice, vendrá cuando acabe todo. «Va a ser emocionante ver cómo reacciona la gente».

Asun Noales. «Ojalá pudiera quedarme en casa»

El encierro ha pillado a Asun Noales fuera de casa. Desde el pasado día 10, el hospital es su casi su hogar. Allí permanece ingresada su madre, coincidiendo con este caos sanitario y emocional. «Esto me ha hecho vivir desde dentro la vida del hospital en estos momentos de tensión», asegura la directora de la compañía ilicitana OtraDanza, que ha visto cómo se han ido cayendo sus bolos.

«Entre todas estas emociones y tensiones, vuelvo a casa unas horas. Estos días me ha dado por desinfectarlo todo», destaca la también coreógrafa para quien bailar es una necesidad. «Necesito moverme y ese movimiento se ha convertido en un baile con el trapo, la escoba y el mocho. Nunca tengo tiempo para estas cosas y con estas tareas no le doy vueltas a la cabeza. Así que ya llevo cuatro armarios niquelaos».

Pero siempre encuentra un hueco para cuidar su cuerpo. «Me estiro en mi terraza, respiro profundamente al aire libre, ya que después retorno cada noche tras noche a la habitación 129, que mi madre y yo llamamos nuestro búnker. Allí nos sentimos seguras, de momento».

También, afirma, «hablo mucho con amigos que están lejos, con otros bailarines. Nos reímos con vídeos compartidos dentro de nuestras casas. Acostumbrados a movernos ocho horas diarias, imagínate como nos sentimos nosotros».

Asun Noales, que sopló las velas detrás de una mascarilla en el hospital, busca cómo posponer el festival Abril en Danza a septiembre mientras las aguas se calman. «Así está siendo mi cuarentena: extraña, incierta, estresante a veces. Ojalá pudiera estar en casa, eso significaría que mi madre está ya en su hogar».

Y confía en que saldremos. «Esto no deja de ser una lección de vida para todos los que siempre tenemos todo a nuestro alcance y estamos acostumbrados a tener cubiertas todas nuestras necesidades básicas y de ocio».

Toni Misó. «Esto supone un antes y un después»

Colgó la gabardina del comisario Valverde de la serie Amar es para siempre de Antena 3 el pasado enero. Entonces no sabía que después de encerrar a tanta gente en la cárcel, el encerrado iba a ser él. «Esto supone un antes y un después. Venimos de la crisis de 2008 donde nada volvió a ser como antes y con la precariedad que supuso y la falta de músculo que tiene el sector desde entonces no sé que va a pasar».

Echa de menos el escenario y al público, aunque en casa intenta seguir trabajando, de aquella manera. «Es curioso porque los actores curramos más en casa que fuera, teniendo curro claro; tenemos que hacer la memorización del texto, la lectura, tanto para series como para teatro. Pero si no tienes trabajo pues no tienes qué memorizar».

Aún así, el actor alicantino, que vive en València, no abandona su preparación. «Vas leyendo, ejercitas la imaginación, recuperas textos... es formación doméstica que llamamos los actores, pero ahora meramente como algo personal».

Lo peor, asegura, es la incertidumbre «total». Ha hecho un casting para una serie, «pero no se sabe si la van a hacer al final». Tenía previsto participar en el ciclo Musica empresonada en València; una función en mayo en Cabanyal íntim, con una obra basada en La hija del aire de Calderón de la Barca; iba de gira por festivales de teatro clásico con El canto de la rana, de Sanchis Sinisterra, que presentó en Almagro el año pasado; y estaba pendiente de que el Festival de Teatro de Alcoy programara Diktat. «Todo el mundo está muy preocupado».

Andrea Pérez. «Ya que no podemos movernos, vamos a crear»

«Justo ahora estaba terminando una tabla de preparación física que hago todos días». Andrea Pérez, de la compañía La Trócola Circ, vive este periodo de confinamiento con el objetivo primordial de no perder la forma física porque de eso depende su trabajo. «Intento mantener por lo menos el tono muscular y la elasticidad, pero es verdad que la técnica es un poco complicada de ensayar».

Y eso que, asegura, «tengo suerte porque vivo en el campo y tengo espacio en el jardín y terreno; hay cosas de técnica que sí puedo entrenar, más o menos, pero otras cosas no, somos un trío de acrobacia y trabajamos con sistemas de seguridad, unas cuerdas para poder preparar las cosas, aquí no tengo ni colchones de caída».

Con uno de sus compañeros comparte casa. El otro se quedó en Australia ante el panorama que se presentaba en España. «Somos tres y ensayar no podemos, todo se complica, pero intento mantenerme en forma lo mejor posible. Hago pinos, equilibrios sobre manos y trabajo con uno de mis compañeros aunque sin material».

Mientras el cuerpo se mantiene, «en este momento las cabezas están en modo de pensar cosas para el siguiente espectáculo; ya que no podemos movernos vamos a crear, que la imaginación no falte». Y algo positivo. «Esto me ha servido para darme cuenta de la importancia que tiene la cultura en la sociedad, porque es lo que mantiene a la gente feliz y con esperanza».

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