25 de enero de 2020
25.01.2020
Opinión

Pepa Flores no nos debe nada (Marisol tampoco)

24.01.2020 | 21:47
Pepa Flores no nos debe nada (Marisol tampoco)

Por primera vez en la historia de unos premios, el galardón que ya se conoce es el que está generando todos los rumores, dimes, diretes y demás. Sí, porque no sé si muchos saben que La trinchera infinita, Mientras dura la guerra y Dolor y gloria son las tres cintas con más nominaciones a los Goya malagueños pero seguro que sí que Pepa Flores ( aka Marisol) podría ir o no ir a recibir su Premio Honorífico; seguro que ha escuchado o protagonizado una conversación con amigos o compañeros de trabajo, divididos en dos bandos más o menos irreconciliables: los primeros opinan que Pepa debería salir de casa porque al fin y al cabo esto lo hacen en su tierra, que va a ir a cantar una de sus hijas y que esto de retirarse queda muy enigmático y bonito pero hasta cierto punto; los segundos, que debería seguir alejada del mundo aquel depredador que la convirtió en esa especie de icono triste con el que todos, desde fuera, sin tener ni pajolera idea, la identificamos.

Llevo ya varios días atendiendo al teléfono a compañeros de cadenas de televisión nacionales preguntándome por números de móviles de personas allegadas a Pepa Flores; buscan dar con aquella o aquel al que se le escape algo, que ofrezca una declaración más o menos jugosa (o sea, que dé pie al «uuuuy» y al escandalito). Y hace ya semanas que uno lee por aquí y por allá reportajes sobre Marisol, que si juguete roto, que si los Goyanes, que si hay que ver, que si vaya usted a saber. Si fuéramos ingleses, las casas de apuestas habrían creado una categoría de ésas (disculpen, jamás he hecho apuestas ni online ni de ningún tipo) y estarían frotándose las manos: «¿Recogerá Pepa Flores su Goya de Honor?». Uno echaría 20 euros, otro 100, otro... Así de absurdo.

Al final, me da pena que el gran legado de esta mujer, estupendísima artista donde las haya, vaya a ser su obstinado silencio; que vaya a resultar más conocida por su deseo de irse que por lo que nos dejó en el camino. Es por esa manía tan española de identificar el silencio con el misterio, con que algo se oculta detrás... El silencio, en este país, siempre resulta sospechoso.

A veces fantaseo con que Pepa Flores finalmente acuda al Palacio de los Deportes Martín Carpena el próximo sábado. Sí, la veo subiéndose al escenario, entre aplausos y sonrisas, a recoger el Goya de Honor; saca un papelito, lo desdobla, se pone sus gafas y lee: «Mi película Cabriola recaudó casi 35 millones de pesetas de 1964; o sea, unos 6 millones de euros actuales. Su productor ( Manuel Goyanes) se quedó con la mitad y a mi padre le dieron 50.000 pesetas. Ahora vosotros me habéis dado esto. Pues muy bien... Buenas noches». Y adiós, señoras y señores.

En realidad, todo esto va de que le exigimos una explicación a Pepa Flores de por qué se fue. Como si nos debiera algo. Como si no fuéramos nosotros los que, en realidad, le debiéramos algo a ella.

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