23 de noviembre de 2019
23.11.2019

Blade Runner, contra la deshumanización

La investigadora de la UA Esther Marín analiza esta cinta y su secuela para mostrar cómo el cine de ciencia ficción contribuye a la divulgación científica

23.11.2019 | 00:19

El célebre filme de Ridley Scott Blade Runner, que transcurre en el actual noviembre del 2019, nos dejó con la duda de si todo lo que pensamos está programado y, en consecuencia, no somos más que autómatas sin voluntad ni voz propia. La investigación publicada en el artículo científico Blade Runner, de 2019 a 2049 El cine de ciencia ficción como divulgador de la ciencia, de la doctora en Sociología de la Cultura por la Universidad de Alicante Esther Marín Ramos, realiza un análisis comparativo, desde una perspectiva sociológica, de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y su secuela, Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017).

Los 35 años que distancian a ambas películas proporcionan a Marín Ramos la oportunidad de observar en qué medida los cambios acaecidos en nuestra cultura han modificado el discurso de las tramas de ciencia ficción. El estudio desvela que la evolución de estas dos películas da una respuesta a la deshumanización en la era de la reproductibilidad técnica, de la cosificación y la comercialización de lo humano por el capitalismo sin control y la producción en serie. «La tecnología o lo artificial en sí no resta humanidad, sino la forma en que es usada. Lo que determina nuestra condición de humanos es cómo nosotros tratamos a lo otro: si tus procesos y tus actos son desalmados o mecánicos, te deshumanizas, y lo contrario, lo que dota de humanidad cualquier cosa, por muy artificial que sea (un replicante como en Blade Runner, un muñeco como en Toy Story, un sistema informático como en Her, o un ser ficcional en general) es la humanidad con la que es tratada y atendida».

Los resultados de su estudio cuestionan algunas de las teorías que han tratado de describir la sociedad actual. «El capitalismo necesita que relativicemos, que creamos que todo puede ser intercambiable y superable, hasta las personas -añade Esther Marín-, para seguir vendiéndonos productos».

Por eso defiende el valor de la divulgación científica, «para poder digerir e integrar los descubrimientos adecuadamente y salvarlos de la explotación comercial sin control». Y en este papel, el cine de ciencia ficción, como las dos películas de este estudio, «resultan valiosísimas para generar reflexión y que ésta nos ayude, bien para prevenir y evitar efectos indeseables, bien para prepararnos para los cambios que el progreso genera».

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