14 de noviembre de 2019
14.11.2019
Tribuna

La gran depresión: Las uvas de la ira

14.11.2019 | 00:01
La gran depresión: Las uvas de la ira

1936, John Steinbeck publicó siete reportajes sobre el éxodo a California de los granjeros arruinados del Medio Oeste, preludio de su gran novela. El encargo del San Francisco News ha estado, inexplicablemente olvidadoS al castellano hasta hace bien poco ( Los vagabundos de la cosecha, Libros del Asteroide, 2007) ilustrado con excelentes fotografías de Dorothea Lange. Poco antes, Steinbeck publicó En lucha incierta, donde relataba una huelga de jornaleros en una granja de California. En 1937, publicó Steinbeck De ratones y hombres, dos personajes, Lennie, deficiente mental, y George, braceros al borde de la indigencia durante la Gran Depresión.

En Las uvas de la ira, que le valió el Premio Pulitzer a Steinbeck, su protagonista, Tom Joad, pudo ser cualquiera de los cientos de miles de migrantes de Oklahoma, Kansas o Texas, conocidos como oakies, que perdieron sus granjas por la presión combinada de la Gran Depresión, las catastróficas tormentas de polvo bíblicas que destruyeron las tierras de cultivo y la voracidad de los bancos. Los oakies, con sueldos de miseria, eran personas consideradas como sucias e ignorantes bestias de carga de las que no se podía prescindir pero a las que se despreciaba y maltrataba. No fueron los únicos: California, la tierra prometida de la fruta y miel, había sido previamente el destino ya de miles y miles de chinos, filipinos y mexicanos a los que se explotó sin piedad y que terminaron expulsados cuando se rebelaron o trataron de organizarse para defender sus derechos. Esto es lo que Steinbeck escribió, John Ford plasmó en una impresionante película y Woody Guthrie cantó tras subirse a un tren rumbo a California con su guitarra, que llevaba la leyenda de «máquina para matar fascistas». Como muestra, un diálogo de la novela: «Suponte que tú ofreces un empleo y solo hay un tío que quiera trabajar. Tienes que pagarle lo que pida. Pero supón que haya cien hombres interesados en el empleo; que tengan hijos y estén hambrientos. Imagínate que con cinco centavos, al menos, se puede comprar algo para los críos. Y tienes cien hombres dispuestos. Ofréceles cinco centavos y se matarán unos a otros por el trabajo». La novela mezcla el horror y la esperanza y es mucho más pesimista que el film de John Ford: la hija mayor de la familia Joad, que por sus pésimas condiciones de vida acaba de dar a luz un bebé muerto, amamanta con su leche a un hombre que está agonizando por el hambre.

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