25 de octubre de 2019
25.10.2019

Miguel Hernández, censurado

Más de un centenar de expedientes sobre publicación, representación o grabación de obras del poeta oriolano se recogen en un libro de Aitor Larrabide y Sánchez Balaguer

24.10.2019 | 23:50
Miguel Hernández, censurado

Los documentos, entre los años 50 y 70, incluyen borrados y eliminación de estrofas.

«Ni las obras como conjunto ni individualmente son autorizables. El auto sacramental con el que comienza el tomo contiene ataques a la religión y a la Iglesia Católica. En las otras se ataca a los generales que comenzaron el Alzamiento, a la Guardia Civil, etc. (...) Muy especialmente la página 836, en la que se recogen los versos: cuatro generales traidores de pura raza. DENEGABLE». Este informe, fechado el 25 de febrero de 1971, es uno de los muchos realizados por la censura en los años 60 y 70 contra la edición de la obra poética, teatral o la grabación de versiones musicadas de los poemas de Miguel Hernández. De expedientes como este conservados en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares, se ha hecho acopio Aitor Larrabide, presidente de la Fundación Miguel Hernández de Orihuela, y junto a Juan José Sánchez Balaguer los ha reunido en un libro que se publicará a principios del próximo año.

«Lo que se ve con este trabajo de investigación es que básicamente el material es de los años 60 y 70, que son las décadas de florecimiento y auge de Miguel Hernández, y también que los criterios de la censura van variando, de ser muy restrictivos al principio hasta que van abriendo la mano», apunta Larrabide.

Son en total 111 expedientes los que se han conservado -muchos faltan porque se perdieron en las transferencias de los documentos a Alcalá de Henares y por unas inundaciones-, entre ediciones de la obra poética y la teatral, además de la representaciones sobre un escenario de sus obras y la grabación de discos.

El primer expediente es de1950, cuando Espasa Calpe quiere exportar a Argentina el libro El rayo que no cesa y otros poemas. «El lector número 1 -censor- dice que es una colección de versos muy malos y dadaístas, nada censurable». En 1951, la petición de publicación partió de Alicante. «Me llama la atención que en el libro Seis poemas inéditos y 9 más, fueron aceptados todos, pero gracias a que Vicente Ramos (historiador y escritor alicantino) tenía contactos con la censura en Madrid y entonces no hubo problemas para publicar».

Para este experto en el poeta, resulta llamativo que en los años 70 hay peticiones de 12 ediciones de antologías poéticas y 18 expedientes, que son justamente los años del mayor boom editorial de su obra; en los años 60 hay 5 ediciones y sin embargo 30 expedientes, y en los 50, 3 ediciones y 9 expedientes. De representaciones teatrales hubo 9 peticiones».

También trabajan en los expedientes de censura para la grabación de discos con sus poemas. «Entre ellos el de Serrat en el 72, que pasó sin problemas». No obstante, la primera solicitud para hacer un disco con sus poesías es de 1967 y la última de 1973. «De censura fonográfica hay 34 expedientes, el primero del 67 cuando discos Tempo solicitó autorización para grabar sus poemas, y el último del 15 de enero del 73, de Luis Pastor».


Tachaduras y cortes


La censura actuaba prohibiendo el total de la publicación pero también eliminando poemas o estrofas, e incluso dejando frases inacabadas. En este sentido, resulta muy gráfico el caso de la solicitud de la editorial Cátedra en 1974, para publicar el libro El hombre y su poesía, de Juan Cano Ballesta. En La canción del esposo soldado, el verso «Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado» se publicó eliminando «con el puño cerrado» y aparecen en su lugar puntos suspensivos. En esa misma edición, en el poema dedicado a García Lorca La elegía primera, hay una estrofa entera (la 16) que se suprime y se sustituye también por una línea de puntos suspensivos («Caiga sobre tu alegre sangre de granado / somo un derrumbamiento de martillos feroces, / sobre quien te detuvo mortalmente. / Salivazos y hoces / caigan sobre la ancha de su frente»). «Cano Ballesta no supo lo que le habían cambiado hasta que lo vio editado».

La censura se cebó en gran medida con el teatro de Miguel Hernández. Al antes citado, se une un expediente del 15 de marzo de 1971 sobre la solicitud de la editorial Escelicer para publicar Teatro selecto. «Diversas obras teatrales, en las que hace aparición como en todas las del autor, la apología de la lucha de clases, la de los mineros, la demagogia más barata, la irreligiosidad, los ataques a los militares del 18 de julio que iniciaron el alzamiento, así como el canto a las milicias populares, a las mujeres de los mineros, etc. Particularmente aparece denigrada la Guardia Civil. DENEGABLE».

El 25 de mayo hay un nuevo intento. «De las tres obras que componen esta selección, las dos primeras son en principio inautorizables (...). Y aparece la nota : « Los hijos de la piedra. Es una apología de la lucha de clases, presentando a un dueño y su capataz, sencillamente abominables, pero amparados por la Guardia Civil, a la que naturalmente presenta con un aspecto poco favorable. No publicable».

Valoración crítica


Para Larrabide, aparte del valor en sí de los expedientes, estos documentos son importantes porque «recoge a los funcionarios del Ministerio de Turismo que se encargaban de valorar y eliminar partes de las obras. Los censores vamos». Además, «no solo recogemos los expedientes sino que lo contrastamos con las ediciones que finalmente salieron y hacemos una valoración de los prólogos y estudios introductorios, cotejándolo con lo que los censores ponían».

«Este trabajo no tiene sentido si no dices al lector qué significó esa edición, los poemas que cogían de cada libro y hago un estudio de cada edición», además de recoger algunas de las reseñas que se publicaron cuando el libro salió al mercado.

«Lo valioso es sacar a la luz cómo funcionaba el aparato represor franquista y cómo se iba acomodando a las circunstancias históricas, ya que con el paso de los años va abriendo más la mano». En este sentido, Aitor Larrabide asegura que las antologías de bolsillo «son las que mayoritariamente aparecieron en los expedientes porque son las que más éxito de público tuvieron y la censura sabía que iban a tener gran repercusión».

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