18 de agosto de 2019
18.08.2019
Bicentenario Balmis

Fuentes y autores balmisianos

Capítulo 29 / Hoy recordamos a los investigadores que han estudiado y contribuido al mejor conocimiento de la Expedición de la Vacuna y de sus expedicionarios, así como las fuentes documentales más interesantes. 

17.08.2019 | 20:34

Siglo XIX

Estamos a 216 años de distancia del inicio de la Expedición (1803) y a 200 años del fallecimiento de Balmis, por lo que resulta obvio que la base para investigar esta apasionante historia son los documentos que se generaron durante aquellos años. ¿Dónde se encuentran esos documentos? ¿Están desperdigados? ¿Son de difícil acceso? La respuesta es sencilla, hay dos lugares donde pueden consultarse los manuscritos esenciales para comprender tanto los orígenes de la Expedición como el desarrollo y consecuencias de la misma. El primero es el Archivo General de Indias (AGI), fundado en 1785 por José de Gálvez, marqués de Sonora. Se encuentra en Sevilla y contiene varios legajos con una rica información sobre la expedición. El segundo es el Archivo General de la Nación (AGN) de México que también dispone de numerosos expedientes. La Gaceta de Madrid fue dando noticias sobre la expedición, resumiendo su periplo en un amplio suplemento del 14 de octubre de 1806, muchas veces reproducido, que dice: «El domingo 7 de septiembre próximo pasado tuvo la honra de besar la mano al Rey nuestro Señor el Dr. D. Francisco Xavier de Balmis, Cirujano honorario de su Real Cámara, que acaba de dar la vuelta al mundo con el único objeto de llevar a todos los dominios ultramarinos de la Monarquía Española y a los de otras diversas Naciones, el inestimable don de la Vacuna». Se certificaba así públicamente la importancia de la gesta y fue el momento de gloria de Balmis. Este suplemento fue traducido al francés y el propio Edward Jenner lo difundió en su versión inglesa. A lo largo del siglo, en sesiones científicas de las Academias de Medicina se hablaba de la expedición, pero no se investigó en profundidad. Cabe mencionar una sesión apologética dedicada a Balmis, celebrada en el Instituto Médico Valenciano el 18 de noviembre de 1885. En su discurso, Eduardo Moreno Caballero glosaba su figura con datos biográficos interesantes que había obtenido en el Archivo de Palacio, en el de Alcalá y en la Universidad de Valencia (los originales de estos últimos perdidos en un incendio durante la Guerra Civil). Podría afirmarse que más allá de unas pocas menciones en alguna reunión académica, la Expedición y Balmis pasaron sin pena ni gloria por el siglo XIX:


Siglo XX

En 1912, Julio del Castillo y Domper, Jefe de Vacunación del Instituto de Higiene Militar, escribió el primer relato interesante sobre la Expedición tras consultar entre otros, al AGI y al Archivo Militar de Segovia, pudiendo pergeñar las carreras militares de algunos expedicionarios. En 1942, Sherburne Friend Cook fisiólogo y antropólogo norteamericano, profesor de la Universidad de California, publicó un excelente trabajo basado en documentos del AGN, al que siguió el del profesor argentino de historia de la medicina Aníbal Ruiz Moreno publicado en Buenos Aires en 1947, éste basado en legajos del AGI. Casi a la vez (1948) se publicó la obra del hematólogo gaditano Gonzalo Diaz de Yraola, basada en su tesis doctoral. AGI y Archivo de Palacio fueron sus fuentes primarias. Fue prologado por Gregorio Marañón. Muy bien documentado, ha tenido varias reediciones, la última de ellas en español e inglés publicada en 2003 y editada por la balmisiana Catherine Mark. En 1955, el médico e historiador mexicano Francisco Fernández del Castillo, citando a los tres anteriores, publicó un buen libro reeditado en 1985, con datos del AGN. Es muy destacable la obra, también basada en su tesis, del Profesor de la Universidad de Oklahoma Michael M Smith, publicada en 1974, sus fuentes son mexicanas, sobre todo el AGN.


Siglo XXI

Leída en 1998, publicada en Quito en 1999 y reeditada en Madrid en 2002, la tesis de Susana Ramírez Martín supuso un impulso a las investigaciones sobre la expedición de la vacuna. Ampliamente documentada en los archivos ya citados, se enriqueció con las consultas realizadas en archivos sudamericanos (Perú, Colombia), en el Archivo Histórico Nacional y en los de distintas ciudades españolas. Poco después, con motivo del bicentenario de la expedición (2003), se reavivó el interés y llegó un aluvión de textos y artículos para conmemorarlo. A las contribuciones de los ya citados como Smith, Ramírez o Mark, cabría añadir las de José Rigau, Emilio Balaguer, Rosa Ballester, Emilio Soler, Guillermo Olagüe, Alba Morales, Mikel Astrain, Thomas Colvin, Patricia Aceves, Víctor García Nieto, José Luis Duro, Patricio Moratinos o Enrique Laval, entre otros. «Se continuará?»


Espigar

En la segunda acepción del Diccionario de la Lengua Española (DLE), se dice: «tomar de uno o más escritos, rebuscando aquí o allá, datos que a alguien le interesan». Eso hemos venido haciendo para la redacción de los capítulos de esta serie. No hemos citado fuentes o autores para no dar el tostón y hacer fluidos los textos, pero hemos querido señalar en este capítulo dónde están las fuentes y quienes se han preocupado por echarle horas y días a la investigación, reconociendo sus aportaciones. En su quinta acepción, el DLE dice: «dicho de un caballo: mover la cola, sacudiéndola de arriba abajo». Los caballos rabean o espiguean por alegría, agitación, para quitarse los insectos, por mal genio o por vicio. Esto último hacen algunos maestros del copia y pega, fusilan textos sin citar fuentes y se quedan tan anchos. Quizá les dediquemos un capítulo, para recordarles que «caballo que rabea, nadie lo desea».
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