07 de julio de 2019
07.07.2019
Bicentenario Balmis

Manuel Julián Grajales y las gaviotas de Chiloé

06.07.2019 | 22:38
Obra de Grajales sobre la vacuna (1822).

Capítulo 23 /Acompañó a Salvany en la ruta para propagar la vacuna por América del Sur. Fue el encargado de llegar hasta Chile. Tras cumplir su misión ejerció como cirujano varios años hasta volver a España.

Sonsecano

Manuel Julián, hijo de Antonio García Grajales y de Josefa Gil de la Serna, nació en la villa de Sonseca (Toledo) el 15 de enero de 1775. Su educación fue encomendada a un tío materno que era clérigo en la Corte. Así pues, desarrolló sus estudios en Madrid en la Escuela Pía de San Antonio Abad y también en los Reales Estudios de San Isidro durante varios cursos académicos (1794-1797). Tras ser aceptado en el Colegio de Cirugía de San Carlos, estudió allí durante cuatro años, recibiendo el grado de bachiller en Medicina en 1801. Con posterioridad, le fueron convalidados sus estudios en la Universidad Literaria de Toledo, obteniendo la licenciatura en junio de 1803.


Expedicionario


Ese mismo verano, Balmis lo reclutó, como ayudante, para integrar la Expedición de la Vacuna. En mayo de 1804, cuando Balmis decidió dividir a los expedicionarios, Grajales fue incluido en el grupo que acompañó a Salvany hacia la América Meridional. Del que también formaban parte el practicante Rafael Lozano, el enfermero Basilio Bolaños y cuatro niños. Su objetivo será llevar la vacuna por la capitanía General de Venezuela, Virreinato de Nueva Granada, Virreinato de Perú, capitanía General de Chile y finalizar en el Virreinato de Río de Plata.

Siguiendo las instrucciones de Salvany, Grajales llegó a Chile a fines de 1807, siendo el único miembro de la Expedición que propagó la vacuna en esa Capitanía. Cuando arribó, supo que la vacuna había sido introducida dos años antes por fray Pedro Manuel Chamorro, al que había apoyado el regidor Nicolás Matorras. El fluido vacuno había llegado a Chile a través del virrey de la Plata, Rafael de Sobremonte, quien, a su vez, lo había obtenido gracias a una expedición lusitana procedente de Brasil.

Grajales inició su actividad vacunadora en Valparaíso y en enero de 1808 constituyó la Junta de Vacuna del Puerto, institución que se encargó de propagar y administrar este método preventivo en todo el territorio. Más adelante, recorrería Quillota, Aconcagua, Casablanca y Melipilla para establecer, en octubre de ese mismo año, la Junta Central de Vacuna en Santiago, donde ejerció durante un tiempo.

Enterado de la muerte de Salvany ocurrida en julio de 1810, volvió a territorio peruano, instalándose en Lima con la idea de finalizar sus estudios en la Universidad de San Marcos. Sin embargo, el contexto independentista obligó al virrey Abascal a embarcarlo, junto a otros oficiales, como cirujano en la fragata española Thomas, al mando del almirante realista Antonio Pareja. El barco fue apresado en junio de 1813 en Talcahuano y Grajales fue capturado. Dada su destreza y buen hacer, fue incorporado en el bando de los patriotas como sanitario, prestando sus servicios en el ejército independentista durante la contienda.

Integrado en Chile

Una vez producida la independencia de Chile, Grajales se estableció en Santiago, integrándose en la sociedad del país. En 1819 fue nombrado profesor de anatomía y cirugía del Instituto Nacional. En mayo del mismo año, fue designado examinador de flebotomía y fiscal del Protomedicato chileno, admitido legalmente para el ejercicio profesional en 1823. Data de esa época un manuscrito que publicó sobre la vacuna, su forma de aplicarla y las precauciones necesarias para efectuar correctamente la operación. Asimismo, en el Hospital Militar de Santiago, Grajales demostró un profundo interés por la anatomía, practicando sus disecciones en esa institución. Allí ejerció como cirujano hasta finales del año 1824, fecha en la que volvió a España, poco antes de las Capitulaciones de Ayacucho (9 de diciembre de 1824).


Vuelta a España


Grajales siempre se honraría de haber llevado la vacuna brazo a brazo desde los 40º latitud norte a los 48º latitud sur de la isla de Chiloé. Ya instalado en España contrajo matrimonio con la joven Josefa de Ustariz y Bosquets, a la que muy probablemente conocería con anterioridad, ya que era la hija de Juan Francisco Ustariz, Tesorero de las Reales Cajas de Cuzco y Tomasa Bosquet. No tuvieron descendencia. Tras padecer ciertas dificultades, Grajales se afincó en Cádiz como médico militar y luchó por conseguir el reconocimiento a su trabajo como miembro de la Expedición de la Vacuna y como parte del ejército realista. Este agradecimiento llegaría de la mano de la reina María Cristina, quien le otorgó la Cruz de Caballero de la Orden Americana de Isabel la Católica, en agosto de 1833. El reconocimiento a su labor también le llegaría desde la otra orilla del Atlántico, pues en 1848, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, le nombró Miembro Honorario, remitiéndole el documento que así lo acredita. Murió en Cádiz en 1855.

«Se continuará...».

Chiloé

Cuando llegaron los españoles, los pobladores de la isla eran los chonos (cazadores), los huilliches y los cuncos (agricultores y criadores de llamas). Hablaban el mapuche. Durante la colonización, la isla fue llamada Nueva Galicia, pero la denominación no tuvo éxito, manteniendo la voz huilliche Chiloé que significa lugar de Chelles. Las Chelles son unas gaviotas blancas con la cabeza negra. Desde un punto de vista geográfico, la isla de Chiloé, que pasó a formar parte de Chile en 1826, es el extremo más austral donde la labor desarrollada por los expedicionarios alcanzaron a llevar la vacuna. Dada la enorme dificultad para acceder al intrincado territorio chilota, así como la cantidad de pequeñas islas que habían de recorrerse, la llegada de la vacuna a la isla se antojó una empresa difícil. 

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