30 de junio de 2019
30.06.2019
Bicentenario Balmis

Josef Salvany, el vacunador que atravesaba tormentas

29.06.2019 | 20:47

Capítulo 22 /Subdirector de la expedición, Salvany recibió de Balmis la orden de propagar la vacuna por América del Sur. Allí cumplió con creces una difícil misión que le costó la vida. Una de sus mayores alegrías fue doctorarse en Lima.

Doctor en Lima

«Y tú, amable Salvany, que por obedecer las órdenes de un Rey, te has expuesto a tantos peligros por mar y tierra, entra a reposar de ellos, ocupando un asiento entre los esclarecidos Doctores de esta Universidad». Estas palabras de Hipólito Unanue pronunciadas durante el discurso de investidura como doctor a Josef Salvany ponen de manifiesto el reconocimiento otorgado por sus colegas de Ultramar. Era un 30 de noviembre de 1806 en una sesión solemne de la Universidad de Lima. Unanue le invitaba a tomarse un respiro, conocedor del arrojo derrochado en el cumplimiento de su misión. Mientras tanto, en Madrid, donde había llegado en el mes de septiembre, Balmis era recibido como el héroe de una gran hazaña médica.

Infancia, juventud y formación

Salvany, bautizado como Joseph, Joan, Sebastiá, nació en Barcelona el 19 de enero de 1774. Sus padres fueron Joseph Salvany Rojas (cirujano) y Mariana Salvany Lleopart. Estudió dos años de Gramática (1784-1786) y dos más de Latinidad, Retórica y Poesía (1786-1788), a los que siguieron tres cursos de Filosofía en el Real Colegio del Convento de San Agustín de Barcelona (1789-1791). En octubre de 1791 se examinó de Latinidad, Lógica y Física en el Real Colegio de Cirugía de Barcelona y siendo aprobado se matriculó, cursando estudios en este centro hasta 1796 donde pasó con sobresaliente el examen final en 1797 convirtiéndose en licenciado en Cirugía.

Cirujano militar

Salvany inició su carrera militar como cirujano interino en el 4º Batallón del Real Cuerpo de Guardias Walonas (1797), pasando después al Regimiento de Infantería de Irlanda (1799) y finalmente sirvió en el 5º Batallón de Infantería de Navarra (1801). Su salud comenzó a darle problemas e intentó sin éxito acceder a un puesto de cirujano en alguna facultad. En julio de 1803 fue nombrado Cirujano del Real Sitio de Aranjuez. Fue entonces cuando se involucró en el proyecto de la Expedición al reunir los requisitos siendo seleccionado por la Junta de Cirujanos. Por tanto no fue elegido por Balmis, aunque tenían perfiles comunes, los dos provenían de un ambiente familiar de cirujanos, eran militares, tenaces y con sentido de la responsabilidad. Como ya hemos contado, Salvany y Balmis permanecieron juntos hasta que la expedición se dividió un periodo de apenas cinco meses. Salvany es para muchos el héroe desconocido y esforzado que no obtuvo el reconocimiento en vida, y tampoco disfrutó del éxito que sí obtuvo Balmis.

La personalidad de Salvany

Siempre valoró en positivo el trabajo de sus compañeros, se mostraba próximo a la población india a la que consideraba «protectora y acogedora» y se preocupaba por conocer sus costumbres. Por donde pasó recibió muestras de colaboración y afecto, como las de Mutis, Belomo, Dávalos, Devotti o Unanue, quizá este último la más contrastada ya que le apadrinó en el momento más feliz de su viaje, la obtención del grado de Doctor. Salvany leyó una tesis médica sobre «la vacuna como profiláctico de la viruela» y otra física sobre el «calor de la materia». Es obvio que podía disertar sobre la vacuna, pero lo que llama la atención son sus observaciones sobre el clima de los Andes, prueba de su interés en la observación de los entornos por donde viajó. Unanue hablaba de su buen carácter, «la honestidad de tu porte y la dulzura de tu trato son unos argumentos irresistibles de la moral de tu alma».

Entre la fragilidad y la perseverancia

Una constante en la corta vida de Salvany fue su lastimosa lista de padecimientos. En los inicios de su carrera (1798) se infectó de tuberculosis, y al año siguiente, tras ser nombrado cirujano del Regimiento de Irlanda solicitó un permiso para «tomar las aguas de San Hilario para recobrar su salud». Salvany tenía 25 años. Dos años después exponía que «he sufrido una grave enfermedad en Extremadura y he quedado con exceso de debilidad e inapetencia por padecer tercianas», y solicitaba una excedencia. Salvany había contraído la malaria. A pesar de todo, emprendió un largo viaje hacia un continente desconocido para él y lleno de riesgos. Al poco de iniciar la Ruta del Sur dio indicios de debilidad, y en el naufragio que sufrieron en el río Magdalena perdió el ojo izquierdo «a causa de una fluxión que le sobrevino». Atravesando los Andes se dislocó una muñeca que debía conservar inmovilizada, «no quedándole otro uso de ella que el de vacunar y escribir». El mal de altura asociado a la tuberculosis le afectó los pulmones y sufría frecuentes hemoptisis. En enero de 1807, llegando a Chilca, padeció un «fuerte garrotillo» o difteria en la garganta que minó más su salud. En Santiago de Almagro sufrió un fuerte cólico y rigurosas tercianas. En diciembre de 1807 se agravó su estado en Arequipa y, tras un reconocimiento, le certificaron que su estado «se confundía con la apoplejía por la intermitencia de su pulso y por la respiración estertorosa precedida de movimientos convulsivos y el síncope en su cesación presentaba un espectáculo de horror». Los facultativos le recomendaron interrumpir su viaje que sería demasiado penoso y fatigado. Salvany solicitó una vacante que le fue denegada. En abril de 1809 otro certificado fechado en La Paz dice que «padecía diversos ataques en el vientre, pecho y cabeza, pudiendo ocasionarle un accidente mortal, sería conveniente a su existencia fijar su residencia en un clima templado, sano y seco». No fue así. Salvany falleció el 21 de julio de 1810 en Cochabamba, condenado a vacunar, como le despidió Unanue: ¡Cuantas tormentas has sufrido por mar y tierra para librarnos de la viruela! «Se continuará...».


José Hipólito Unanue (1755-1833)

Como buen ilustrado, fue un hombre polifacético que ejerció como médico, meteorólogo, periodista y estadista. Apadrinó la tesis de Salvany como catedrático de la Universidad de San Marcos de Lima. Participó en el proceso de independencia de Perú como congresista y redactor de la Constitución, fue editor del influyente Mercurio Peruano y fundó la Escuela de Medicina de San Fernando. Su obra más conocida es Observaciones sobre el clima de Lima y su influencia en los seres organizados, en especial el hombre, donde intenta explicar las causas climáticas de las enfermedades en Lima al más puro estilo hipocrático. 
Compartir en Twitter
Compartir en Facebook