05 de junio de 2019
05.06.2019

Escribir con la imaginación

La niña Aysel Soliveres acaba de publicar a los 8 años su primer libro, Aventurar, que empezó a escribir e ilustrar con apenas 5

05.06.2019 | 00:08

El mundo, de momento, se le queda pequeño. Por eso la imaginación va más rápida que su mano para buscar aventuras, vivir experiencias y superar retos. Aysel Soliveres tiene 8 años de edad pero diez veces más de curiosidad. Una inquietud que le ha llevado a Egipto a buscar el plano de un tesoro; a América del Sur para encontrar una concha con un cangrejo dentro; a África para conseguir un colmillo de elefante; a Australia para conseguir un diamante; a Japón en busca de la caña dorada, y hasta Arabia para conseguir ver un lago dorado.

Todo ello a través de la imaginación y también de dibujos y textos que comenzó a plasmar en papel con tan solo 5 años y acabó con apenas seis y medio. Ahora, con 8, ha visto como se publicaba su primer libro, que, como no podía ser de otra forma, lleva por título Aventurar es el millor (Edicions del Sud).

Todo comenzó con el reciclaje del papel que envuelve los pedidos por correo. Entonces, con la ayuda de su madre, pensó en hacer libretas y hojas para dibujar. Y ahí empezó todo pese a que por su edad no sabía ni leer ni escribir bien. De esta manera, Aysel aprendió a leer mientras escribía los textos que acompañaban a sus dibujos, aunque, asegura, «primero pienso la historia y escribo, y luego me invento los dibujos». Unos dibujos que hace con bolígrafo, nunca lápiz, y con pastel. Pero sin borrar nada.

Lo primero fue dibujar «una carita», la de ella misma, porque es la protagonista de todas las aventuras que están reflejadas en estas páginas. «Dibujé la niña y mamá me dijo que podía hacer un libro de aventuras porque siempre estoy buscando aventuras, todo el día». Así que, plasmó en papel «las aventuras que a mí me gustaría vivir», afirma esta precoz autora que, de momento, escribe en valenciano, supervisada por su abuela que es maestra jubilada, y que no olvida ningún detalle en unos dibujos que le permiten vivir grandes emociones. En uno de los casos, junto a su perro Momo. «Existe de verdad, es así mi mascota».

Agotada de tanto viajar, vuelve a casa para enseñar a su madre y a su abuela sus tesoros. Incluso termina con el listado de todo lo que se debe llevar en la mochila y en la maleta para aquel que quiera aventurar. «Lo que quiero es que otros niños sepan cómo pueden aventurar y puedan imaginar todas esas cosas».

Aunque ahora habla de este libro, Aysel ya tiene en el cajón algunos trabajos listos para publicar cuando llegue el momento. «He hecho más libros. Una guía de Japón, uno sobre animales, otro sobre recuerdos... aunque ese no quiero publicarlo, es muy personal, es solo para mí». El que sí que piensa compartir es el que tiene ahora entre manos, un recetario. «Algunas recetas se las copio a mamá y otras me las invento». Hacerlas, las hace todas antes, pero en miniatura, que aún tiene más mérito. Y las prueba para comprobar que puede recomendarlas.

«He aventurado bastante, pero quiero aventurar más», asegura al final de su libro. Y en ello está.

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