05 de mayo de 2019
05.05.2019

Y llegó la vida

04.05.2019 | 21:31

Capítulo 13 / Dejamos a los expedicionarios esta semana, Balmis con su equipo navegando hacia México y Salvany con el suyo adentrándose en Colombia. Vamos a recordar la única novela sobre la expedición escrita en el siglo XX.

Novelando a Balmis


La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1813) ha adquirido un lugar relevante en la historia de la salud pública internacional como ejemplo pionero de campaña de vacunación. Varios autores han abordado las circunstancias que propiciaron aquel viaje para combatir la viruela en los territorios de Ultramar, reflexionando sobre sus aspectos organizativos, el impacto de sus resultados o las vicisitudes de sus protagonistas. La conmemoración, hace dieciséis años, del bicentenario de su partida desde A Coruña reactivó el interés hacia esta aventura, que ha aumentado su visibilidad con efecto multiplicador a través de artículos científicos, libros y reseñas. Aún así, la historia de la expedición no está cerrada todavía y quedan por explorar sugestivas líneas de investigación. Su contexto y escenarios, por otra parte, se prestan muy bien a la fabulación. Resulta apasionante la idea de narrar tan larga travesía por mares y océanos, cruzando territorios a veces hostiles con la filantrópica tarea de llevar la vacuna a tierras lejanas. A ese carácter de gesta histórica le añade un atractivo singular el perfil de sus personajes. Niños como portadores del preciado bien, las figuras contrapuestas por edad y carácter de Balmis y Salvany, a lo que hay que añadir una presencia femenina, la rectora transformada en enfermera Isabel Zendal. No son menos interesantes el resto de expedicionarios que formaban la misión. Frente a ellos irán desfilando en cada etapa de la ruta personajes variopintos, que les atenderán con afecto o les pondrán en dificultades. Resulta pues, un magnífico guion para desarrollar una novela o una película. Las iremos analizando, dedicando este espacio a la única obra de estas características redactada durante el siglo XX.

Y llegó la vida


Publicado en la popular Colección Austral de Espasa-Calpe hace 69 años (1950), este libro de bolsillo constituye una rara avis que pone de manifiesto el escaso interés por este tema durante el siglo pasado. Su autor, Enrique Alfonso es citado en la solapa como «un joven y notable escritor español, que se ha destacado también en actividades cinematográficas dentro y fuera de su patria». No se conocen más obras literarias de este periodista nacido en Madrid en 1910, que sin embargo, escribió guiones y adaptó textos para el cine y la televisión. La novela está prologada por el célebre profesor Carlos Jiménez Díaz (1898-1967), que la define como una «historia perfumada de sentido humano bienhechor». El autor especifica que se trata de un «retrato literario dialogado, agrupando las facetas que integran el mismo como Estampas». Centrada en la Expedición, no banaliza y apenas confiere atributos físicos o de carácter a los personajes. Balmis es «alto y seco», Salvany está casado y su mujer espera un hijo en España que no conocerá, Isabel de Cendales y López es «una mujer esbelta y fina de agradables y femeninos ademanes, con un aire serio, casi triste? ojos grandes, expresivos y hermosos, que parecen absortos en sus pensamientos». Presentada como una atenta colaboradora, detallista, que ejerce su rol de enfermera y cuidadora, sólo en un momento de la acción un Balmis excepcionalmente contento le dirige un cumplido: «¡Yo no sé en qué están pensando los hombres jóvenes!». El relato insinúa una pequeña historia de amor de juventud de Balmis que, conmovido, visita en México un cementerio donde está enterrada una joven muerta años atrás. No hay relaciones cruzadas entre los expedicionarios, que se tratan entre ellos con camaradería, excepto los requiebros del cirujano Gutiérrez a Isabel que ella rechaza.

Precisión histórica


Muy bien documentada, muestra una encomiable labor de búsqueda en archivos y utiliza para el caso concreto de la Expedición los textos de Ruiz Moreno (1947) y de Castillo Domper (1912). Sus notas aclaratorias al final del texto son excelentes. Aparecen citados La Condamine, Carro, Moreau de la Sarthe, Salvá, Piguillem, Careno y de manera muy especial Edward Jenner con el que abre y cierra el libro.

La crónica de la Expedición es bastante completa, llama la atención un breve encuentro entre Balmis y un joven Simón Bolívar en Caracas (escena supuesta) y la minuciosidad de la breve estancia de Balmis en la isla de Santa Elena que le permite asociar a Jenner con Napoleón. Obra amena, que reivindica una gesta heroica en un periodo que coincide con los primeros intentos de la dictadura por acabar con el aislamiento internacional. La Expedición es enfocada como una proeza médica del añorado imperio. «Se continuará?»

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