28 de abril de 2019
28.04.2019
Bicentenario Balmis
Capítulo 13 /

Qué bonita es Cuba

Dividida la Expedición en dos ramas, el grupo dirigido por Balmis navegó rumbo a Cuba. Al llegar comprobaron que la vacuna ya estaba introducida en la isla

27.04.2019 | 20:37
Tomás Romay y sus hijos en un óleo.

Un diálogo constructivo con Tomás Romay fraguó el éxito de esta etapa.

¿Cuándo llegó la vacuna a Cuba?

En febrero de 1802, se recibió en la Sociedad Económica de la Habana una obra procedente de Madrid titulada Origen y descubrimiento de la vacuna. Era una traducción del libro del francés François Chaussier realizada por el médico Pedro Hernández. La Sociedad lo remitió al prestigioso doctor Tomás Romay para que emitiese una opinión. Su juicio favorable despertó el interés de los isleños por conseguir la vacuna, apoyados por el gobernador Salvador Muro, marqués de Someruelos. Romay solicitó dosis de vacuna a España y Estados Unidos sin éxito. Un año después pasó por la isla un viajero con linfa vacunal procedente de Filadelfia, Romay la aplicó a uno de sus hijos, pero estaba deteriorada y no prendió. Tuvo que pasar otro año para que un nuevo viajero, el médico francés Vignaud, procedente de la isla vecina de Saint Thomas, trajera unas dosis que aplicaron a 600 personas, pero la vacuna se extinguió por el recelo de la gente, que se dedicó a desacreditarla. Dos años habían transcurrido y Cuba estaba sin vacuna.

María Bustamante


Francisco Oller, el médico de Puerto Rico con quien se había enfrentado Balmis en el capítulo anterior, había difundido la vacuna en la isla puertorriqueña llegando hasta la localidad de La Aguadilla. Procedente de esta ciudad llegó a La Habana el 10 de febrero de 1804, la señora María Bustamante, que había vacunado antes de salir a su hijo y a dos jóvenes criadas mulatas. Enterado por casualidad del arribo de estos viajeros y comprobado que sus brazos portaban vacuna activa, Romay se apresuró a organizar una sesión de vacunación. Sus cinco hijos y otros 35 niños fueron vacunados al día siguiente. A partir de estos se inició una cadena de vacunaciones brazo a brazo que a finales de marzo alcanzó a más de 4000 personas. La señora Bustamante, según Romay, «no era consciente del bien que les había hecho», coincidiendo además con una epidemia de viruela que amenazaba a la isla. El Real Protomedicato quedó convencido de la efectividad de las vacunaciones y los escépticos apagaron sus críticas. La buena práctica de Romay hizo que las poblaciones del interior le solicitaran vacuna, a lo que este accedió extendiéndola por la isla.

El arribo de la Expedición


Balmis llegó a la isla el 26 de mayo, venía acompañado de su equipo compuesto por cinco personas, el médico Antonio Gutiérrez Robredo, el practicante Francisco Pastor, los enfermeros Pedro Ortega y Antonio Pastor, la enfermera Isabel Zendal, además claro está de los niños vacuníferos. Al comprobar la buena labor realizada por Romay y con la lección aprendida de la experiencia en Puerto Rico, optó por mantener una actitud colaborativa. Su equipo se sumó a los vacunadores cubanos, Balmis actuó como un buen profesor trasmitiendo su experiencia, contribuyendo a disipar dudas, rectificando falsas creencias, destruyendo los argumentos de los médicos contrarios a la vacuna y ahuyentando los miedos de algunas personas que la habían rechazado previamente. La estancia en la isla fue placentera y productiva. Los niños vacuníferos fueron recibidos con cariño y agasajados por el gobernador Someruelos. Balmis entregó a la Sociedad Económica ejemplares de su Tratado sobre la vacuna para que pudieran ser consultados por los facultativos que lo desearan. Los expedicionarios vacunaron a 578 personas.

La Junta de Vacunación


Con el apoyo del gobernador, de Romay y de la Sociedad Económica, Balmis formó una Junta de Vacuna y elaboró un reglamento para fijar su actividad. En un acto solemne que fue difundido por la prensa, se anunció la creación de la Junta. Balmis y Romay pronunciaron discursos de reconocimiento mutuo. La Sociedad nombró a Balmis miembro honorario en calidad de «profesor distinguido». Balmis redactó un informe al Consejo de Indias ensalzando la labor de Romay. Este recibió los honores de médico de la Real Familia como fruto de su dedicación como vacunador. Acabado su cometido en la isla, los expedicionarios partieron de La Habana el 18 de junio de 1804. Necesitados de niños para proseguir la cadena humana, Balmis pidió cuatro niños al gobernador que denegó la solicitud. Como solución, se vio obligado a comprar tres esclavas e incorporar a un niño Miguel José Romero, tambor del Regimiento de Cuba, financiados por la Expedición por 250 pesos. Cabe preguntarse si esta práctica era ética o no. Dedicaremos a esta cuestión un nuevo capítulo. «Se continuará...».

Tomás Romay Chacón (1764-1849)

Nacido en La Habana, fue el primero de los 18 hijos del matrimonio formado por Lorenzo Romay y María Ángeles Chacón. Se licenció como médico en la Universidad de La Habana. Por su actividad como promotor de la salud y favorecedor de la vacunación, está considerado como el primer higienista e iniciador del movimiento científico en Cuba. Impulsó además la modernización de la medicina clínica en la Universidad de La Habana.

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