19 de abril de 2019
19.04.2019

A dos metros bajo tierra

El descubrimiento de un aljibe junto a las termas de la Alcudia de Elche lleva al equipo de rescate del Consorcio de Bomberos a inspeccionar el depósito, de 2,5 metros de alto y 1 de ancho

18.04.2019 | 23:52
El sargento Salvador Luque, en el momento de entrar en el aljibe, que mide 50 centímetros de diámetro.

En esa zona podría estar la palestra, espacio para hacer deporte antes de entrar a los baños.

El azar llevó a que uno de los vehículos que recorren el yacimiento golpeara el pasado verano por descuido una columna de cemento colocada a la entrada de las termas. Al derribarse, quedó al descubierto el boquete de lo que los arqueólogos catalogaron de inmediato como un aljibe. Ahí empezó la historia de una aventura en la que el efecto sorpresa elevó el nivel de adrenalina del equipo de Jaime Molina, que trabaja en las termas de la Alcudia de Elche.

La tercera campaña de excavaciones estaba en marcha y la aparición del aljibe cambiaba la prioridad de los trabajos. El anterior aljibe que se descubrió escondía en su interior una figura de tamaño considerable. Así que había que probar suerte. Molina requirió los servicios del Consorcio Provincial de Bomberos para que abrieran paso dentro de este depósito.

El acceso estaba limitado por una entrada de unos 50 centímetros de diámetro. Debajo, una incógnita. El Grupo de Rescate, con el sargento jefe, Salvador Luque, a la cabeza y dos rescatadores, además de Turka, una perra de adiestrada para localizar personas en los derrumbes, se desplazaban hasta el yacimiento ilicitano y daban los primeros pasos para acceder al aljibe. Primero, comprobar si hay gases. Negativo. Segundo vestir con todo el equipo de seguridad y también la cámara en el casco para tomar imágenes del interior.

El descenso parece imposible, pero no lo es. Aunque a simple vista uno descarta que una persona entre por ese agujero, los bomberos son mucho más optimistas y aseguran que no hay problema. Al menos para ellos.

Tras el descenso, cuentan lo que ven. Un espacio de 2,5 metros de alto y uno de ancho. Restos antiguos, a primera vista, ninguno. Confirman que se trata de una cisterna porque no hay ni entrada ni salida de agua. Jaime Molina procede al descenso sin estar muy convencido del acceso. Pero no hay suerte. Unos cubos y una moneda (del rey Juan Carlos), todo ello se estima que de los 80, muestra que el depósito que recogía el agua de lluvia se utilizó hasta esa época. «Si han estado en uso lo normal es que hayan bajado a limpiarlos porque hay que mantenerlos en buen estado», destaca el arqueólogo tras salir a la superficie, no sin dificultad. «Servía para recoger el agua de lluvia, seguramente esto sería un patio», afirma Molina que resalta cómo se ven en las paredes las marcas de cal del agua, ya que «se echaba cal para que no se pudriese el agua y así aguantaba unos diez días».

Los bomberos proceden a sacar todas las piedras del interior y lo dejan limpio para que los expertos examinen si hay algún elemento antiguo. El siguiente paso se centra en documentar su existencia y su configuración. Para eso está la fotogrametría, que reproduce en tres dimensiones el espacio a través de 60 o 70 imágenes, de lo que se encarga el experto de la Universidad de Alicante José Antonio Moya.

Jaime Molina apunta que «noralmente» el aljibe se sitúa en el centro de un peristilo, de un patio porticado. «Es muy normal que al lado de las termas haya lo que se llamaba una palestra, que era un espacio para hacer deporte y que aparece en casi todas las termas, lo que ocurre es que estas son muy grandes y por tanto la palestra debería serlo también».

Ese será el próximo objetivo, «pero este año no nos va a dar tiempo, tendremos que planificarlo para el año que viene, más sabiendo que existe este aljibe en la zona».

Dos termas

Donde sí se han realizado excavaciones es en las termas donde se ha descubierto que en realidad hay dos complejos, uno de una fase anterior y otra posterior. «Hay un complejo termal que se erosiona, que no funciona bien, así que se abandona para hacer otro», afirma Molina. El primero data aproximadamente del siglo I «y están saliendo nuevas habitaciones, además hemos encontrado la boca del horno que alimentaba de calor al caldarium».

El año pasado se descubrieron dos salas y ahora han aparecido dos más. «Una es el tepidarium, la sala templada, y el frigidario, la sala fría. El año pasado sacamos el caldarium, la zona más caliente». Ahora, destaca, «empieza a tener todo más sentido, porque estas termas tienen una de las piscinas más grandes de la Península Ibérica y las termas que se descubrieron en su momento (en los 90) eran muy pequeñas para esa natatio».

Seguramente, continúa, «las termas se quedaron pequeñas, que pueden ser del cambio de era, de finales del siglo I antes de Cristo hasta el siglo I de nuestra era; después las termas grandes se construyeron en la segunda mitad del siglo I, produciéndose luego sucesivas construcciones y ampliaciones, que es lo que intentamos datar».

Este complejo termal funcionó hasta el siglo III o IV. «A partir de entonces se aprovechan las construcciones para hacer viviendas y se destruye mucho, aunque sigue habitado hasta el siglo VII u VIII por lo que estamos excavando unas termas que luego siguieron ocupadas varios siglos como viviendas».

La campaña recientemente finalizada en esta zona ha servido para limpiar los enlucidos de las salas y consolidarlas, de manera que una vez excavado «vamos a taparlo y cubrirlo con gravilla, para que cuando se musealice se decida qué se hace».

Entre los restos hallados, ha aparecido la base de una columna que podría pertenecer al peristilo de la plaza donde está el aljibe, además de cerámica y una campanita de cobre que sonaba cuando comenzaba a circular el aire caliente y la gente sabía que ya estaba accesibe la terma.

Lucerna con motivos eróticos

En el transcurso de la campaña han aparecido dos lucernas de cerámica, una de ellas con las figuras de un hombre y una mujer realizando el acto sexual, que los arqueólogos datan en el siglo II después de Cristo. Esta carga erótica en la ornamentación de estos objetos parece que era habitual. La otra presenta la imagen de un gladiador tracio, con una espada llamada «sica» y un escudo, y podría ser de la época augusta.

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