04 de marzo de 2019
04.03.2019

Pío Baroja veía València «repugnante» y «el pueblo más antipático de toda España»

Confesó a su amigo Azorín su aversión por la ciudad en una carta que se encuentra en la Casa-Museo del alicantino

03.03.2019 | 19:45
Fotografía de Pío Baroja y Azorín junto a la polémica carta.

El escritor Pío Baroja confesó en una carta a su amigo y compañero de la Generación del 98 José Martínez Ruiz (Azorín) que veía la ciudad de València «repugnante» y que le parecía el «pueblo más antipático de toda España».

Así se lo escribió en una misiva de 1902 que se expone en una de las vitrinas de la Casa Museo Azorín de la Fundación Caja Mediterráneo, en Monóvar, donde se conservan 35 cartas de puño y letra de Pío Baroja, quien da nombre a una de las principales avenidas de la ciudad de València, la de la entrada principal del parque zoológico Bioparc.

En dos folios de tamaño cuartilla con membrete del área de Obras Públicas de la provincia de Castellón, donde su padre trabajaba de ingeniero, Pío Baroja explica que, tras una estancia en València, se ha dirigido a la ciudad castellonense para quedarse en casa de un amigo «al lado de un balcón con muchos tiestos» y añade que el viaje le ha parecido «latoso hasta la exageración».«Encontré Valencia tan repugnante como me parecía cuando tuve la desgracia de padecerla dos años y medio», opina haciendo referencia a los más de dos cursos que estudió Medicina debido al traslado de su padre desde Madrid.

La carta está escrita cuando Pío Baroja cuenta con 30 años y le añade que «la catedral, fea» hasta el punto de que «la reja de Villena es mejor que todas las que hay en la catedral de la encantadora ciudad de las flores, de Blasco Ibáñez y Rodrigo Soriano».

«Valencia para mí es el pueblo más antipático de toda España», sentencia para, a continuación, recordar que en el reciente viaje desde allí hasta Castellón fue testigo de «una serie de conversaciones entre gentes de Gandia, Xàtiva y Bocairent» en las que «las mujeres con todo eran las que llevaban la voz cantante y el estribillo de todos refiriéndose a los jesuitas era siempre decir: 'Mala chens', mala gente».

El autor de Zalacaín el aventurero, La busca y El árbol de la ciencia sigue explicando a su amigo y confidente Azorín que en Castellón «hay una iglesia gótica estropeada, que la han pintado de una manera loca».

El temperamental escritor nacido el día de los Santos Inocentes de 1872 en San Sebastián era gran amigo de Azorín, con quien fue precursor de una corriente de escritores, ensayistas y poetas, la Generación del 98, que vivieron en primera persona las consecuencias de la pérdida de las últimas colonias españolas.

El director de la casa-museo Azorín, José Payá Bernabé, señaló que ambos escritores se conocieron en 1900 en Madrid y que, basada en la «total sinceridad», la amistad duró toda la vida, como se refleja en que Azorín propiciara que Baroja ingresara en 1925 en la Real Academia Española (RAE).

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