27 de febrero de 2019
27.02.2019
Música, crítica

La cercanía del corazón

26.02.2019 | 22:37
Maria Joao Pires.
Maria Joao Pires
Teatro Principal de Alicante
Obras de Mozart, Beethoven y Chopin. 
Sociedad de Conciertos de Alicante
 
Y como todo tiene su final parece que la carrera concertística de Maria Joao Pires llega al suyo. ­­­­O no. Porque primero se dijo que sí, después que quizás y ahora que no se sabe. De cualquier manera, y hasta que se demuestre lo contrario, puede ser que el del pasado lunes fuera el último concierto que realice en Alicante. El programa estuvo integrado por obras, de las más interpretadas además, de Mozart, Beethoven y Chopin. Es decir, más de lo mismo. Y es que a la pianista portuguesa nunca se le ha podido pedir mucha originalidad en su repertorio –al contrario que a otros pianistas de su generación como Pollini o Argerich, aunque estos últimos jueguen en ligas diferentes-. El recital lo abrió la Sonata en fa mayor kv. 332 de W. A. Mozart que pasó sin pena ni gloria por la sala del Teatro Principal excepción hecha de los golpes con el pedal que resonaban por doquier y el fraseo forzado y tendencioso del segundo movimiento de Mozart. Continuó dicha primera parte con la Sonata op. 13 en do menor conocida como Patética que la pianista afrontó -no sin antes hacer su riguroso show de caras y gestos por problemas con la iluminación- con un exceso de mano izquierda en el Grave que abre la obra y un tempo en la exposición que a la hora de repetir tuvo que moderar porque se le había ido de las manos. Fría fue la acogida de esta brillante obra por parte del público. 
 
La segunda parte estuvo monopolizada por la obra de F. Chopin y la parte de ésta en la que la señora Pires se ha especializado: nocturnos y valses. Leí -no sé dónde ni si es cierto- que no sé qué revista de música -de esas en las que no escriben músicos ni por casualidad- había considerado su grabación de los nocturnos del autor polaco como la de referencia. Evidentemente el que escribió esa barbaridad no conocía la de Rubinstein -o está contemplando otras razones o intereses extra musicales que se me escapan-. De cualquier manera, y si obviamos los crescendi en exabrupto, los pedales excesivos y los contrastes edulcorados el Chopin de la pianista portuguesa  -con un sonido bellísimo que tiene  que ver, entre otras cosas,  con que lleve su propio piano y el tratamiento que se le da a los macillos de éste- resulta altamente cautivador. 
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