20 de febrero de 2019
20.02.2019
Catedrático de neurología de Harvard

Álvaro Pascual Leone: «Pensar en las musarañas es algo muy sano»

El neurólogo Álvaro Pascual Leone (València, 1961) lleva 23 años enseñando en Harvard y ha regresado esta semana a su ciudad natal

20.02.2019 | 04:15
El neurólogo Álvaro Pascual Leone.

Va a dar una conferencia sobre «El reto de educar un cerebro sano». Pascual propone tener un proyecto de vida definido para mantener una buena salud mental, así como no consumir sustancias nocivas y reducir el consumo de estimulantes o depresores cerebrales.

P ¿Cuáles son los hábitos con mayor impacto para mantener una buena salud cerebral?
R En primer lugar el tener un proyecto vital definido. Tener claro qué hace que te levantes cada mañana. Y para ser explícito, que ese plan de vida le transcienda a uno y se proyecte sobre los demás. No tiene por qué, pero puede ser religión, ética o humanismo, pero también el cuidar a los nietos. En segundo lugar la red social que uno tiene, desde la familia a la pareja pero también los amigos, la sociedad en la que vives, si te sientes apoyado o no por ella. Y no me refiero a una red tecnológica sino a la forma en la que se establecen las relaciones. La razón por la que estos dos factores son los más importantes es porque son mediadores del efecto del resto de hábitos de vida: la nutrición, el ejercicio físico, la calidad del sueño, los retos cognitivos, la salud física...
 
P ¿Entonces la soledad es una epidemia de nuestro tiempo?
R La soledad es una enfermedad dramática. Y para ser específico, la vivencia de la soledad, el sentirse solo. Alguien que está en mitad de una sociedad de miles y miles de personas y se siente solo, tiene una enfermedad mortal literalmente. 
 
P ¿Qué consejos da para mantener un cerebro sano?
R Lo primero es darnos cuenta que un cerebro sano no es un cerebro joven. Mucha gente dice «no, es que tiene 70 años y ya es mayor...» Esto es una falacia. El cerebro es distinto a cada edad, por tanto la definición de cerebro sano es aquel cuyo funcionamiento es el adecuado para la edad que la persona tiene. Para mantener el cerebro sano hay unos pilares de función de salud cerebral que se plasman en principios fundamentales que conocemos y que tienen que ver con el cuidarse físicamente. Esto, en general, la gente tiende a hacerlo bien. Lo que tiende a hacer mal es no darse cuenta de que igualmente importante para la salud general es evitar medicaciones que no te hacen falta. No tomar sustancias nocivas, reducir el consumo de estimulantes o depresores cerebrales que a lo mejor no necesitas y que se acumulan en su potencial de daños... La nutrición también es importante, pues la mayoría comemos lo máximo que podemos para no ganar demasiado peso. Y esto es lo contrario de lo que deberíamos hacer, comer lo mínimo posible para no perder demasiado peso. 
 
P ¿Y aquello de «mens sana in corpore sano»?
R El ejercicio físico es tan importante como el cognitivo, y común a los dos es el ponerse retos. No basta con moverse o correr, o con hacer cosas cognitivas como crucigramas o leer, eso está muy bien, pero tiene que ser algo que te saque de tu marco de comodidad, que te haga esforzarte, hacer cosas nuevas... Puede ser simplemente aprender a enviar wasaps a tus nietos y saber usar el teléfono móvil, cultivar bonsáis o a bailar tangos. En realidad, basta con cualquier afición en la que busques mejorar. 
 
P ¿El sueño también cuenta?
R Dormir es muy importante, no solo hacerlo de forma adecuada sino también dormir lo suficiente. La mayoría pensamos, «si puedo dormir cinco horas y aguantar, ya va bien». Eso puede ir bien a corto plazo, pero a la larga pasa factura.
 
P ¿Qué es dormir suficiente?
R Siete u ocho horas. Dormir es necesario, no por sentirse cansado o no, sino por esas funciones homeostáticas que produce el sueño en reorganización de sinapsis y de conexiones.
 
P Los niños están hiperconectados al móvil, incluso hasta altas horas de la noche. ¿Sería bueno  desconectarlos, no?
R Sí, tan sencillo como eso. El darse cuenta de que el descanso es un proceso tan activo para el cerebro como el hablar, es algo de lo que no nos damos cuenta. La gente dice, «no es que el niño está en clase y luego tiene que descansar el cerebro». El cerebro no descansa, hace otras cosas. Y esas otras cosas son igual de importantes. Una prueba de que no descansa es que gasta una cantidad desmesurada de energía todo el tiempo. El cerebro penas representa un 2 % de nuestro peso corporal pero consume constantemente el 20 % de nuestra energía. Diez veces más de lo que merecería por su peso, porque lo que hace es muy importante tanto cuando estás relacionándote con el mundo externo, como cuando no lo estás. Ese reposo que es activo es necesario para consolidar memorias, para limpiar conexiones que no sirven, para promover buena salud general. Si no lo permites estás quemando el motor. Es clave que los profesores se den cuenta que es tan importante el dejar tiempo libre a los alumnos, como guiarles en el uso de ese tiempo libre. No podemos pretender que un niño esté continuamente rindiendo. Pensar en las musarañas es algo muy sano, porque incluso ese pensamiento es un proceso activo. 
 
P ¿Como sociedad no les estamos exigiendo demasiado a los adolescentes, en los que cada vez vemos más trastornos?
R Esto es real. Una primera razón es porque hay realidades de contexto, como las expectativas de los padres y de las sociedad, o el tipo de relaciones que tenemos y las tecnologías que usamos, que demandan de una forma distinta al sistema nervioso y que pueden promover ciertas patologías, desde impulsividad, hasta ansiedad, hiperactividad... Desgraciadamente, hay otra razón: la falta de aceptación a nivel social de que hay una distribución entre todos nosotros y hay gente más tranquila y otros más ansiosos, más lentos o más hiperactivos, hay gente más capaz y otros menos capaces. Esa distribución normal queremos medicalizarla, y si a tu hijo le cuestan un poco las matemáticas en vez de sentarte con él e intentar ayudarle, lo llevamos a un psicólogo que le diagnostique una discalculia y le dé tratamiento. La medicalización de los trastornos nos permite sentirnos como padres mejor. No somos conscientes de que esa medicalización puede tener unas consecuencias. Debemos educar mejor a padres y docentes, siendo conscientes de que la solución al aumento de trastornos en niños no necesariamente debe ser una pastilla, sino que puede ser un cambio del contexto y apoyo social.
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