27 de enero de 2019
27.01.2019

Misterios de faraones

El investigador alicantino Javier Martínez-Pinna publica La inmortalidad en el Antiguo Egipto, en el que analiza enigmas como la gran Esfinge de Guiza o el conocimiento que debía esconderse en la biblioteca de Alejandría

26.01.2019 | 22:01

Siglos después, todavía permanecen numerosos misterios sin resolver con enigmas como la gran Esfinge de Guiza, la biblioteca de Alejandría, el Valle de los Reyes o el Libro de Thot. Interrogantes que, a partir de fuentes documentales y alejándose de planteamientos esotéricos, que son puro sensacionalismo, trata de responder el investigador alicantino Javier Martínez-Pinna con La inmortalidad en el Antiguo Egipto (Luciérnaga-Grupo Planeta). Libro que, además, analiza los ritos funerarios y la concepción egipcia sobre el mundo sobrenatural, especialmente en lo relativo a la existencia de una vida más allá de la muerte.

«El Antiguo Egipto sigue atrayendo probablemente por el halo de misticismo y misterio que existe en torno a todo lo relacionado con esta civilización. El proceso de formación del nuevo estado egipcio sigue siendo poco conocido, por lo que cuando hablamos sobre sus orígenes nos seguimos encontrando a mitad de camino entre la historia y la leyenda. También nos llama la atención su obsesión por el mundo de la muerte y, por supuesto, todos los enigmas con los que se le sigue relacionando, lo que ha dado lugar a la aparición de teorías, muchas absurdas, irracionales, para tratar de comprender los motivos, por ejemplo, por los que levantaron sus grandes pirámides o lograron esa extraordinaria perfección técnica en la construcción de los grandes edificios que nos siguen maravillando», señala Javier Martínez-Pinna, historiador y profesor en el Jaime II de Alicante, quien agrega que «personalmente, creo que también nos llama la atención la mentalidad egipcia, tan distinta a la del hombre occidental, una mentalidad por la que se interpretaba el universo que les rodeaba como una especie de equilibrio entre fuerzas antagónicas, una que buscaba el orden y la otra encaminada al caos, por lo que los egipcios no entendieron el bien sin el mal, o la vida sin la muerte».

Sin apenas interrupciones de citas, y con un sentido didáctico, La inmortalidad en el Antiguo Egipto ahonda pues en temas como las pirámides de Guiza (Keops, Kefrén y Micerino), de la que se van conociendo nuevas noticias incluso hoy. «Desde la más remota Antigüedad siempre nos hemos hecho preguntas sobre la función y los motivos por los que se construyeron estos sobrecogedores edificios que son las pirámides. Muchos investigadores como Graham Hancock han llegado incluso a asegurar que la pirámide de Keops no fue simplemente una tumba e, incluso, que se construyó mucho tiempo antes de lo que reconocen los historiadores actuales. Hancock habla de la escasa fiabilidad con la que la Gran Pirámide ha sido adscrita al reinado de Keops, al basarse en las palabras del historiador griego Heródoto que visitó Egipto en el siglo V a.C., o, lo que es lo mismo, 2000 mil años después de la muerte de Keops. Desde entonces aparecieron todo tipo de teorías, casi todas de corte esotérico, como las que afirman que estos edificios fueron construidos por una civilización anterior, cuyo recuerdo se habría perdido en la bruma de la historia, una idea sugerente pero que carece de cualquier tipo de respaldo arqueológico o documental. En la actualidad la polémica continúa, ya que de forma recurrente nos encontramos en los medios de comunicación con noticias relacionadas con la gran pirámide Keops, como las que nos informan sobre la existencia de cámaras secretas situadas en el interior de la tumba y que habrían sido descubiertas mediante la utilización de tecnología novedosa aplicada al campo de la arqueología. Recientemente se llegó a descubrir una gran cavidad situada entre la Gran Galería del Rey y la de la Reina a la que no se tiene acceso, por lo que los más románticos empezaron a especular con la posibilidad de encontrar numerosos tesoros y riquezas inigualables».

Un estudio sobre las distintas representaciones de la Barca Solar, el transporte que sirve a los difuntos para iniciar el último viaje al más allá, o el Valle de los Reyes, el lugar donde se desarrolló el drama del secreto de la muerte y la resurrección de los faraones del Imperio Nuevo, completan esta obra también con referencias a la biblioteca de Alejandría. «Ptolomeo, uno de los grandes generales de Alejandro Magno, estableció una nueva dinastía en Egipto en el tránsito entre el IV y el III siglo a.C. Y en esta época se construyó en la ciudad de Alejandría el famoso Museion, en el que se encontraba la Biblioteca que se fundó con la intención de convertir la nueva ciudad en el centro de la cultura griega. El Museion fue un centro de investigación y enseñanza, en el que se dieron cita algunos de los sabios más prestigiosos de la Antigüedad como Eratóstones de Cirene, Aristarco de Samotracia o Apolonia de Roda. Al parecer, la Biblioteca llegó a albergar unos setecientos mil volúmenes de todas las materias, depositarias de un saber que desgraciadamente no ha llegado hasta nosotros debido a la terrible pérdida que supuso los incendios del edificio, el primero en tiempos de César, pero sobre todo el del siglo III, durante el reinado de Aureliano», concluye Pinna-Martínez.

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