11 de enero de 2019
11.01.2019

Vuelve Adda Simfònica con Mendelssohn y Brahms

El israelí Yaron Traub, exdirector de la Orquesta de València, conduce al conjunto alicantino con la pianista Varvara Nepomnyashchaya

10.01.2019 | 22:30

ADDA Símfònica

Varvara Nepomnyashchaya, solista

Yaron Traub, director.

Alicante, ADDA, 11 enero 2019, 20 horas.

Entradas entre 30 y 40 euros.


Felix Mendelssohn

(Hamburgo,1809-Leipzig, 1847)

El sueño de una noche de verano, Scherzo en sol menor (opus 61)

?En 1826, siendo estudiante en la Universidad de Berlín, Mendelssohn asistió a una representación de El sueño de una noche de verano, de W. Shakespeare. Inmediatamente compuso para la misma una Obertura que con la célebre Marcha Nupcial son las partes de esta obra que más popularidad han dado a su autor. Quince años más tarde completaría los restantes números de la música incidental para la comedia del autor inglés.

La primera ejecución completa, acompañando a la puesta en escena de la obra teatral, tuvo lugar en Postdam el 14 de octubre de 1843. Quince días después se repetiría en Leipizig. El Scherzo se interpretó entre los dos primeros actos y preludia las escenas del bosque durante la noche de San Juan. Es una pieza breve, de gran ligereza y transparencia orquestal, que suele incluirse con la Obertura, el Intermezzo, el Nocturno y la Marcha Nupcial bajo la forma de una suite de concierto abreviada. El Scherzo está escrito en medias tintas, con un final con un solo de la flauta mientras la orquesta se va eclipsando poco a poco.


Johannes Brahms

(Hamburgo, 1833- Viena, 1897)

Concierto para piano número 1, en re menor (opus 15)

?El año 1853 fue crucial en la vida de Brahms pues conoció al violinista Joseph Joachim y al compositor Robert Schumann, que le animaron a dedicarse a la composición. Entre 1854 y 1859 escribió su primer concierto para piano, que marcará el final del primer periodo de su obra creativa. La obra fue estrenada en Hannover el 22 de enero de 1859 -hará pronto 160 años- bajo la dirección de Joachim. Fue concebida, por consejo de Schumann, como una sinfonía.

Brahms, poco familiarizado con la escritura de orquesta, anotó la pieza para dos pianos. Conforme fue avanzando en el proceso de orquestación se reconvertiría en un concierto para piano y orquesta tras renunciar Brahms a incluir una marcha fúnebre que pasaría a formar parte de su Requiem alemán.

Las primeras ejecuciones del concierto desconcertaron al público pero suscitaron interés entre los críticos. El Adagio del concierto es un homenaje póstumo a Schumann, que había muerto en 1856, a quien Brahms llamaba Mein Herr Domini, por lo que anotó en la partitura, al comienzo de este tiempo, Benedictus qui venit in nomine Domini. Hasta 1881 no volvería a estrenar otro concierto para piano y orquesta, el Segundo y último de los creados por Brahms para este instrumento solista, que no sólo tuvo un gran éxito inicial sino que ha quedado como una de sus obras maestras.


Felix Mendelssohn

Sinfonía número 3, en la menor, «Escocesa» (opus 56)

?Mendelssohn escribió en su juventud doce sinfonías para orquesta de cuerda. De sus cinco sinfonías para gran orquesta, la Escocesa es, con la Italiana (cuarta) y la número 5, De la Reforma, las que se siguen ejecutando de un autor que aunque pertenece al romanticismo es considerado, por su mentalidad, el último de los músicos del clasicismo.

Mendelssohn, reconocido como el primer director de orquesta en el sentido moderno de la expresión, fue un gran viajero que conoció parte de Europa gozando del favor y la amistad de los monarcas, músicos e intelectuales de su época. Después de una estancia en Londres en la corte de la reina Victoria y su esposo Alberto, y tras haber conocido a Walter Scott, viajó en el verano de 1829 a tierras escocesas. La belleza del paisaje y el encanto misterioso que rodeaban aquellas tierras y sus leyendas, le movieron a iniciar la composición de una sinfonía tras visitar la capilla de Holyrood House en Edimburgo.

El 30 de julio de aquel 1829 escribió a sus familiares en Alemania: «Creo haber encontrado hoy, en esta vieja capilla, lo que será el principio de mi sinfonía escocesa». Tendrían que pasar una decena de años para que reanudara la escritura de la partitura, finalizada en 1842.

«Esta sinfonía escapa a la medida que yo creía tener», declaró ante las dificultades para reflejar «el ambiente de las brumas escocesas». Fueron la tranquilidad y seguridad que le proporcionaban su trabajo como director de la Gewandhaus de Leipzig y su feliz matrimonio con Cécile Jeanreaud los que permitieron a Mendelssohn concluir aquella obra iniciada en su juventud. Una composición impregnada del ambiente de las Highlands, de su historia revisada y corregida por Walter Scott, y de sus leyendas poetizadas por Macpherson.

El 3 de marzo de 1843, en la Gewandhaus de Leipzig, Mendelssohn la dirigió en su estreno, recibido con entusiasmo. Aquel mismo año, el 13 de junio, se interpretaría en la Philharmonic Society londinense dedicada a la Reina Victoria. Wagner, que admiraba mucho el tratamiento de los motivos populares de los dos primeros movimientos, dijo de Mendelssohn que en esta obra era «un paisajista de primer orden».

El compositor dejó escrito en el encabezamiento de la partitura original que «los diversos movimientos de esta sinfonía deben encadenarse el uno con el otro sin dejar lugar entre ellos para la tradicional pausa».

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