14 de diciembre de 2018
14.12.2018

Beethoven y Tchaikovsky para empezar

Josep Vicent dirige a la nueva formación estable en dos grandes obras de los compositores alemán y ruso

14.12.2018 | 00:15

Ludwig van Beethoven

Los estudiosos de Beethoven dividen su obra en tres períodos: hasta 1800, un estilo haydiano pero lleno de audacias en la forma y la orquestación; de 1800 a 1814, un pensamiento orquestal innovador que ya no se conforma con las audacias formales; después de 1814, estallan todos los moldes y sobreviene una espiritualización de la forma de la que es exponente único su Novena Sinfonía. La que escucharemos hoy corresponde al período central y más fecundo. El primer boceto data de 1803 y empezó a escribirla en 1805, inmediatamente después de la Heroica, la Tercera, pero no concluyó la obra hasta 1808. Fue estrenada el 22 de diciembre de 1808 en el Theater and der Wien en un programa que incluía otro estreno, el de la Sexta, Pastoral, que fue ejecutada en primer lugar. De las nueve sinfonías bethovenianas la Quinta «es la que más se distingue por su cohesión organizativa y expresiva», que justifica su aceptación por el público durante más de dos siglos, en opinión de Tranchefort. En 1810 escribió Ernst Theodor Amadeus Hoffmann que la Quinta Sinfonía expresa un alto grado de romanticismo en su música, «el romanticismo que revela el infinito» como en ninguna otra de sus composiciones. En 1830 Goethe, que la escuchó dirigida por Mendelssohn, escribió: «¡Es enorme, una locura! Le da a uno miedo de que se hunda la casa». Berlioz, cuando la escuchó en 1834 en París, escribió en la Gazzette musicale: "»El auditorio, en un momento de vértigo, ha cubierto a la orquesta con sus gritos...Un espasmo nervioso sacudía a toda la sala». Georg Knepler escribió en 1961 que en la Quinta Sinfonía, Beethoven, que había renunciado a la idea de vincular la victoria popular con la figura de Napoleón, todavía creía en la fuerza popular y la victoria que supuso la Revolución Francesa, de modo que para el compositor «los deseos y las dudas individuales no encuentran una solución que no sea la victoria de todo el pueblo». Habitualmente se interpretan encadenados los dos últimos movimientos.

1. Allegro con brio
2. Andante con moto
3. Allegro
4. Allegro presto (Finale)

Duración media: de treinta y uno a treinta y cuatro minutos.

Fue estrenada el 10 de febrero de 1878 en Moscú bajo la dirección de Nikolai Rubinstein. La primera ejecución no tuvo éxito lo que afectó mucho a Chaikovsky hasta que una ejecución posterior en San Petersburgo, el 25 de diciembre del mismo año, fue un triunfo tan clamoroso que tuvo que repetirse el Scherzo. La obra fue dedicada a Nadjda von Meck, «mi mejor amiga» escribiría el autor, a quien en una correspondencia desde mayo de 1877 le cuenta los pormenores de la obra y de cada uno de sus movimientos. «Quiero dedicaros esta sinfonía porque en ella encontraréis el eco de vuestras ideas y de vuestros sentimientos más profundos», escribió el compositor. Del primer movimiento dice que es el fatum, «esa fuerza fatal que impide la consecución del impulso hacia la felicidad, que vela celosamente para que el bienestar y la paz no sean nunca perfectos, que está siempre suspendido encima de nuestra cabeza como una espada de Damocles y envenena inexorable y constantemente nuestra alma». Para el autor, en este primer movimiento está el germen de toda la sinfonía, cuando «los sueños han invadido poco a poco toda el alma...pero no, sólo eran sueños y el fatum nos despierta». El segundo movimiento «expresa otra fase de la angustia, el estado de melancolía». Y sigue comentando a su amiga: «el tercer movimiento no expresa sentimientos definidos. Son caprichos arabescos, imágenes que no podemos apresar, que pasan por la imaginación...No nos sentimos alegres, pero tampoco tristes. Entre ellas se reconoce de repente una escena de mujiks ligeramente borrachos y una canción callejera. Después, un desfile militar que pasa a lo lejos. Son imágenes totalmente incoherentes, extrañas, absurdas, deshilvanadas...». El último movimiento es el cuadro de una fiesta popular: «el pueblo se divierte entregándose enteramente a la alegría» hasta que vuelve el fatum y te rememora sus recuerdos. Los otros son felices con sus sentimientos sencillos mientras «tú sólo puedes contar contigo mismo. ¡Alégrate del gozo de los demás! Cuando menos, podemos vivir...» concluye en su larga carta. Esta fijación en el tema del destino puede compararse con la Quinta del maestro de Bonn, aunque en el alemán sea sentimiento angustioso y en el del ruso, estoicismo. Chaikovsky, obsesionado por el fatum, volverá al tema en sus dos últimas sinfonías: en la Quinta y en la postrera Patética.

1. Andante sostenuto-Moderato con anima (in movimiento de valse)
2. Andantino in modo canzona
3. Scherzo (Pizzicato ostinato)-Allegro
4. Allegro con fuoco

Duración media: de cuarenta y dos a cuarenta y tres minutos.

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