12 de agosto de 2018
12.08.2018

Un luchador entre fogones

12.08.2018 | 00:45
Un luchador entre fogones

El pasado 25 de julio falleció el restaurador Ángel María Sarasola, propietario y cocinero del restaurante «Egun», además de haber sido uno impulsores del rugby en la provincia de Alicante. Se fue discretamente, como llegó hace 36 años. Acababa de cumplir 70 años.

Nacido en el seno de una familia de comerciantes de San Sebastián, Ángel María estudió hasta los catorce años con los hermanos Jesuitas de la capital donostiarra. Sus padres decidieron que lo mejor para su chicarrón era que se hiciese bachiller en un centro de reconocido prestigio. Ángel fue a parar con sus huesos como interno al Colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo, regentado por frailes Capuchinos y situado en la localidad navarra de Lecároz, enclavada en el valle del Baztán, a 60 kilómetros del domicilio familiar.

Con más rugby que libros, Ángel María superó la reválida. Con 16 años regresó a casa. Se enfundó una bata y ayudó a su padre a despachar legumbres a granel, jabones, colonia, juguetes, herramientas ropa e incluso pólvora.

Tozudo y fortachón, siguió jugando al rugby al final de cada jornada laboral en la Ciudad Deportiva de Anoeta, antiguo estadio de fútbol de la Real Sociedad. Una maldita lesión en un tobillo le obligó a cambiar el césped por los despachos del Atlético de San Sebastián, el club de sus amores. Su dolencia le dejó exento de la mili.

Ángel María seguía al frente del bazar familiar. Casado con Conchi Salazar, tenía pensado un plan para abrir un negocio de restauración en Novelda, junto a un amigo. Pero aquello quedó en el aire. Poco más tarde, en 1982, se encontró con un anuncio en el que se ofrecía trabajo en el hipermercado Mamut, que se levantó entre Alicante y Elche, donde en la actualidad se encuentra la Institución Ferial Alicantina (IFA). Ángel tenía 34 años, algunos más que Conchi. La pareja tenía dos bebés.

Entró como empleado en la sección de bebidas. Pero el gran supermercado apenas resistió 18 meses como negocio. Cerró sus puertas y todo el personal pasó por los pasillos del fracaso. Ángel pronto encontró trabajo: primero en la cocina de La Cantera y, algo más tarde en los fogones del Club de Tenis de Elche; Conchi se empleó en La Piel del Oso llevando la partida de pescado. Anteriormente, Ángel tan sólo había cocinado para amigotes en sociedades gastronómicas vascas (txokos).

El matrimonio decidió independizarse. A mediados de los años ochenta, Ángel y Conchi abrieron un pequeño restaurante en la calle Labradores, en el Casco Antiguo de Alicante, que bautizaron como «Borda Berri», cocina vasca de calidad y buenos vinos.

Se granjearon el respeto de la clientela. Pero el «Barrio» alicantino atravesaba por sus peores momentos: mucha droga e inseguridad en las calles. La pareja decidió dejar la esquinita y refugiarse en un local situado en la calle Jazmín. Estamos en 1990. Carnes y pescados y una amplia carta de aperitivos caseros para una parroquia asidua al lugar. Ángel siguió en el rugby como preparador, directivo y vicepresidente de la territorial valenciana.

Ahí sigue el restaurante, que Ángel María Sarasola bautizó como «Egun» (día a recordar en euskera). Ángel tenía dos citas obligadas en Donosti: la tamborrada y las regatas de traineras. Y ahí están Conchi, Anuska e Igor.

Ángel se marchó igual que vivió: luchando hasta el final y fiel a sus ideas. Descansa en paz, amigo.

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