14 de julio de 2018
14.07.2018

«Totem» alza su gran carpa

El Circo del Sol empieza a montar la lona de 19 metros de altura y 51 de diámetro para acoger en cada función a 2.600 personas a partir del día 20

13.07.2018 | 23:17
«Totem» alza su gran carpa

Más de 60 operarios participan en el alzado en Alicante.

Al grito de «1, 2, 3... push» (empujar) más de 60 trabajadores, entre contratados y personal del circo, culminaron ayer en pocos minutos –por fases y de forma circular– una de las tareas más simbólicas: el big top raising o levantamiento de carpa del Circo del Sol. Ayer, en el segundo día de los ocho que emplean en el montaje en cada ciudad, el equipo aplaudió y silbó cuando instaló la gran carpa blanca en el recinto ferial de Rabasa en Alicante, que albergará en cada función a 2.586 personas entre el 20 de julio y el 19 de agosto.

Franck Hanselman, director de la gira de Totem, el nuevo espectáculo que bucea en el origen de la vida, indica que «levantar la gran carpa es un momento especial porque es cuando ya se ve que estamos aquí, en Alicante, montando» y añade que en este proceso se mueven 78 camiones con más de 2.000 toneladas de material y equipo con el que levantar el escenario, las gradas, la carpa de artistas y de entrada.

Hanselman apunta que a las cerca de 120 personas en gira se añaden otro centenar de trabajadores que se contratan en Alicante, «ya que no tenemos elefantes para hacer todo el trabajo», bromea. Luego, el trabajo a la inversa para desmontar es más rápido, «se quita todo en dos días», ya que la gravedad ayuda.

La gran carpa blanca que avisa ya a los alicantinos de la inminencia del espectáculo del Circo del Sol se asienta sobre cuatro mástiles de 26 metros de altura y el techo de la cubierta llega a 19 metros –los artistas pueden dar saltos de hasta 16 metros– en 51 de diámetro. «Llevamos más de 30 años montando y desmontando y la seguridad es lo más importante», apunta Hanselman sobre la carpa que, asegura, una vez montada «resiste hasta huracanes».

El jefe de seguridad, el sevillano-leonés Javier Pérez González, indica que en el equipo siempre hay un «maestro de carpas» que busca la mejor manera de levantarla y el viento es «el peor enemigo y el mejor aliado» así que siempre se trabaja «en contra del viento». Una vez arriba, la carpa puede soportar vientos de 120 kilómetros hora y terremotos de 7,5 grados en la escala Ritcher. Si suceden, «el lugar más seguro es estar dentro de la carpa».

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