12 de septiembre de 2011
12.09.2011
Claudio Cerdán. Escritor

"Alicante es una mina de oro por explotar para la novela negra"

12.09.2011 | 02:00
"Alicante es una mina de oro por explotar para la novela negra"

Los grandes escritores de nuestra Literatura nos dicen que es imposible encontrar a buenos novelistas a una edad más bien temprana. Sin embargo, el escritor murciano Claudio Cerdán no pasa de los treinta y ya cuenta con tres libros publicados. El último lleva por título El país de los ciegos y es su primera incursión en el género policíaco. Una novela ambientada en el lado más oscuro de Alicante, con policías corruptos y criminales desfilando por sus páginas.

"En una ocasión leí que Alicante tenía la tasa de crímenes más alta por habitante, por encima de Madrid. Aquello fue lo que hizo decidirme por la ciudad costera. Hoy en día ya no es necesario ubicar una novela negra en Barcelona o Nueva York: si hasta nos vienen historias de pueblecitos noruegos que ni aparecen en los mapas", nos cuenta.

La editorial Ilarión se ha encargado de la edición de la obra, que ha ocupado la lista de los libros más vendidos del Fnac, y fue además finalista del Premio Lengua de Trapo. Para quienes le hemos asestado un bocado a los primeros capítulos de la trama, el producto se presenta como un dulce muy apetitoso. Alicante, ahora sí, aparece como el escenario idóneo para el que es, sin duda, el género literario más candente del momento.

¿Y cómo se le ocurre a un murciano escribir una novela negra ambientada en Alicante?
Bueno, todo viene porque este murciano estuvo viviendo unos ocho años en Alicante. Y en ese tiempo pensé en escribir esta historia, y al apuntarme al Taller de Novela Negra de la Universidad de Alicante, que impartía e imparte el genial Mariano Sánchez Soler, terminé de decidirme. Durante esa época leí la noticia de que la provincia de Alicante tenía la tasa por criminalidad más alta de España. Incluso encontraron a un narcotraficante buscado por la Interpol viviendo en San Vicente con las huellas dactilares cambiadas por cirugía. Alicante es una mina de oro por explotar en la novela negra, y como ciudad me encanta. En el libro, Alicante es un personaje más.

¿Qué lugares o paisajes son los que más le han inspirado?
En la novela aparece un Alicante bastante reconocible, desde la cárcel de Fontcalent, hasta la plaza Gabriel Miró, Canalejas, la zona del puerto o la cuesta del Castillo de Santa Bárbara. También aparece esa otra cara de Alicante, la que no se ve a no ser que te fijes, más sórdida y sucia. Un parque por el día puede estar lleno de niños, pero a la noche lo toman los drogadictos.

¿Cuáles son los ingredientes obligados en toda novela negra?
Es un tema muy discutido por los expertos en el tema. Algunos hablan de crimen y sangre, en efecto, y otros argumentan que además tiene que proponer un juego al lector, es decir, cierto misterio, tensión sin resolver, difuminación entre el bien y el mal, etc... La novela negra es el reflejo de la sociedad actual, y hablar de crímenes hoy es hablar de atracar un banco o de descargarte una canción por Internet.

¿Las buenas ventas de su libro se han beneficiado del tirón de la novela negra y de Larsson?
Una de las primeras críticas que leí decía que, comparando ambas novelas, parecía que Larsson escribía para niños y yo para adultos. No sé hasta qué punto compartimos público, pero más que auge de la novela negra yo hablaría de auge de la novela negra nórdica. Si te apellidas Gómez vas a vender mucho menos que si te apellidas Lasbeck. De todas formas, espero que ese público que llega a la novela negra por Larsson continúe y busque obras más cercanas en el tiempo y la distancia.

¿Aspira a vivir de la Literatura, o no es un buen momento para planteárselo?
Soy joven y llevo poco tiempo escribiendo. De momento, he hecho lo más complicado en estos tiempos, que es publicar con cierta asiduidad. Mi objetivo es continuar escribiendo las historias que me gustan y tratar de llegar al mayor número de personas posibles. Esto es una carrera de larga distancia.

Hace poco participó en un taller literario dentro de una prisión. ¿Qué tal fue la experiencia?
Fue algo increíble como escritor. El protagonista de El país de los ciegos es un expresidiario que vuelve a la calle, y hay algunos capítulos que transcurren en prisión. A los presos participantes en el club les encantó la novela, y para mí es la mejor crítica que vaya a recibir jamás. Decían que parecía que hubiera estado dentro, que todos los detalles eran como los contaba. A uno le entusiasmó la escena del interrogatorio policial, a otro el realismo de la salida de la cárcel. Eso es lo que me pone las pilas, que el público más exigente que pueda imaginar disfrute con mi obra.

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