06 de mayo de 2011
06.05.2011

Manzanares sigue con su idilio con Sevilla y roza otra tarde épica

El diestro José María Manzanares cortó la única oreja de la función, que pudieron ser más de no fallar con los aceros

07.05.2011 | 00:35
El torero Jose María Manzanares da la vuelta al ruedo tras cortar una oreja a su segundo toro, de la ganaderia Jandilla Vegahermosa, en la decimotercera corrida de abono de la Feria de Abril celebrada hoy en La Real Maestranza de Sevilla.

El diestro José María Manzanares cortó la única oreja de la función, que pudieron ser más de no fallar con los aceros en su primera faena, y a punto estuvo de rozar otra tarde épica hoy en Sevilla, con la que mantiene su personal idilio.


FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Jandilla, el tercero como sobrero, desiguales de presencia, justos de fuerzas, en el límite también de la raza y de poco juego. El quinto, encastadito, el único con contenido.

Sebastián Castella: pinchazo y estocada (ovación); y estocada trasera (ovación).

José María Manzanares: casi media y estocada (ovación tras petición insuficiente); y estocada (oreja tras aviso).

Alejandro Talavante: tres pinchazos y estocada (silencio); y media tendida (ovación en la despedida).

En cuadrillas, la "infantería" de Manzanares estuvo soberbia en el segundo, con una estupenda brega de Curro Javier, y excelentes pares de banderillas de Juan José Trujillo y Luis Blázquez, saludando los tres montera en mano mientras sonaba la música.

La plaza tuvo lleno de "no hay billetes" en tarde entoldada.

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TOREO SUBLIME

Es patente el estado de gracia de Manzanares. Sobre todo en esta plaza. Desde su anterior comparecencia hace seis días, cuando abrió la Puerta del Príncipe el día del indulto al toro "Arrojado" de Núñez del Cuvillo, en Sevilla no se habla más que de él. La ovación que saludó tras el paseíllo lo dice todo. La Maestranza está con Manzanares, y viceversa.

Su primera faena fue el fiel reflejo de que aquí el alicantino no perdona nada por ninguna circunstancia. A otro torero posiblemente no le hubiera servido el "jandilla", un animal en el límite de todo, cogido por alfileres y "cerrándose" poco a poco a la querencia.

Toreó Manzanares ajustado con el capote. Ya está dicho como estuvo de bien su cuadrilla. Pero no quería el toro "fiesta" en la muleta. Si acaso se tragaba el primer pase, y al segundo ya venía descompuesto. Se notaba mucho que se quería ir.

¿Cómo se explica que Manzanares le endilgara una faena mucho más que compuestita, de gran estética y en ocasiones hasta profundidad?
El toro no quería ir más allá de la raya de los picadores. Las embestidas se sucedían al paso, cuando Manzanares comenzó a "empujarle" a base de temple. Infalible temple, que unas veces le quita al toro las fuerzas de más, y otras les da las que le falta, como fue el caso.

Allí se sucedieron pases de uno en uno, imposible de otra manera, pero largos y de una extraordinaria belleza. Y entre series, los cambios de mano y las trincheras, de locura, como lo prueba aquel clima de frenesí. Faltó contundencia al matar para haber cortado una oreja, o quién sabe si las dos.

En el quinto, más de lo mismo. Otra vez el temple, la despaciosidad y el buen gusto. Toreo de cintura y muñeca. Toreo sublime, refrendado por el clamor de la plaza. Esta vez el toro duró más. Y el esfuerzo de Manzanares tuvo por fin la recompensa de una oreja.

Castella estuvo muy responsable toda la tarde. Su toro primero tenía cierta clase, pero le faltó agresividad. La estética del trasteo, de inmaculada limpieza, no tuvo la emoción necesario.

También sin celo y siempre pendiente de la huida, el cuarto no permitió armar faena. Castella lo exprimió mucho más allá de las posibilidades que ofrecía, y en las cercanías con "cositas" muy emotivas, pasándose los pitones muy cerca.

El primero de Talavante fue un toro moribundo a pesar del poco castigo que había llevado en varas. A las primeras de cambio estaba en el suelo, y a media altura defendiéndose, echando la cara arriba.

El sexto no aparentaba las dificultades que tenía, en el argot se dice con peligro "sordo". Ya en el recibo de capote "se metía" por los dos pitones. Y tomaba la muleta rebrincado, protestando por arriba, y cayéndose al bajarle la mano.

A pesar de todo, Talavante trató de buscarle las vueltas, sin tener en cuenta que se le quedaba debajo, frenándose en el centro de las suertes. Fue un trasteo muy laborioso y arriesgado, como reconoció el público con la ovación final.

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