02 de enero de 2011
02.01.2011

La casa superviviente

02.01.2011 | 01:00
La Casa de la Asegurada y el edificio anexo han sido inaugurados en 2010 como Museo de Arte Contemporáneo de Alicante.

La Asegurada ha despedido 2010 cumpliendo 325 años defendiendo el honroso título de edificio más antiguo de la ciudad de Alicante. La construcción de la calle Villavieja nació como depósito municipal para garantizar el abastecimiento de grano, pero su versatilidad le ha hecho adaptarse a todas las épocas: ha sido almacén, cárcel y escuela antes de ser lo que es hoy, un museo referente en las vanguardias del siglo XX.

La Casa de la Asegurada ha celebrado en 2010 su 325 cumpleaños con una trayectoria tan robusta como sus muros y pilares. Con permiso de la Concatedral de San Nicolás, esta casa de la calle Villavieja del Barrio es el edificio más antiguo de Alicante y uno de sus emblemas en arquitectura civil. Pero La Asegurada, una construcción versátil convertida hoy en Museo de Arte Contemporáneo de Alicante, no siempre sirvió para albergar obras de arte únicas y para ser admirada por dentro y por fuera. El edificio tuvo un origen digno pero más bien humilde: nació en el año 1685, de padre desconocido en el extrarradio de una villa de 10.000 habitantes con la finalidad de almacenar grano y harinas para afrontar hambrunas.
El renovado esplendor de La Asegurada no es fruto de la casualidad: su aparente simplicidad esconde una estructura sólida y un interior polivalente que le han permitido no sólo sobrevivir al desarrollismo que acabó con gran parte del pasado arquitectónico de Alicante, sino también haber tenido destinos cada vez más nobles conforme iba ganando veteranía entre los edificios de la ciudad.

Sinónimo de confianza
El historiador Fernando Gil Sánchez recoge en su libro Crónicas alicantinas (1977) que el nombre de La Asegurada tiene su justificación "en el uso que se le dio al edificio al servir como depósito de artículos alimenticios". "Lo más lógico era aplicarle un nombre que ofreciera garantías a la población, asegurando el pan nuestro de cada día a los habitantes", afirma el autor. No obstante, reconoce la falta de "referencias concretas" sobre esta denominación, aunque su versión cuenta con el respaldo del cronista oficial de la ciudad, Enrique Cerdán Tato. "Recibe su nombre por asegurar el grano con la solidez de su construcción", apunta el especialista en historia local.
El arquitecto e historiador Marius Beviá sostiene que el depósito de harinas se levanta sobre " el solar de los antiguos baños islámicos de la plaza de Santa María", un lugar alejado del centro comercial de la ciudad, que ya se había trasladado a la plaza del mar y la plaza de la fruta (actual plaza de la Santísima Faz). Beviá apunta que la ubicación no fue gratuita, sino que se buscó "el punto más defendible de la villa, dentro de los dos anillos de murallas, formados por el mar y la puerta Ferrisa".
De esta manera, en el año 1865 se construyó La Asegurada por orden del Concejo local para servir como pósito ("edificio de carácter municipal, de muy antiguo origen, destinado a mantener acopio de granos, principalmente de trigo, y prestarlos en condiciones módicas a los labradores y vecinos durante los meses de menos abundancia", según la definición de la RAE).
El arquitecto experto en patrimonio Santiago Varela explica que el diseño inicial de La Asegurada destaca por su sencillo estilo barroco y el "clasicismo mitigado", donde llama la atención la ausencia de elementos decorativos, "a excepción del pórtico de orden dórico realizado para destacar el hueco de la entrada" y sobre el que se colocó una lápida conmemorativa. Como recoge Gil, el investigador Figueras Pacheco cuenta en su Resumen Histórico de la ciudad de Alicante que el frontispicio de piedra de La Asegurada se había construido con piedra de la cantera de San Julián, sobre la que se colocó "el escudo de armas de la ciudad grabado en piedra".
Durante toda su historia se han registrado a los maestros de obras y arquitectos que han trabajado en sus reformas, pero se ha perdido el nombre de quien recibió el encargo de levantar La Asegurada desde sus cimientos.
Pero fuese quien fuese el autor, proyectó un edificio "mucho más diáfano y versátil que una vivienda, al contar en su planta con cuatro pilares principales en el centro y tener el hueco de la escalera desplazado al fondo", como explica Varela. Este diseño, carente de muros de carga, "permite retabicar con facilidad y redistribuir el espacio", afirma el experto, quien añade que este sencillo edificio de tres plantas pertenece a una tipología muy extendida en aquel tiempo. Estaba hecho para amoldarse y resistir.

Harina, fusiles y cuadernos
Así pues, el pósito se mantuvo firme en su extrarradio y sirvió para el fin con el que había sido construido. Hasta el año 1843, alimentó y protegió con sus reservas de varias hambrunas no sólo a Alicante, sino también a Sant Joan y Mutxamel; pero también cautivó a los presos de la Guerra de Independencia y protegió pertrechos y arreos de artillería como cuerpo de guardia durante el conflicto con Francia.
En el año 1843 de ese mismo siglo el edificio vivió su primer ascenso sin perder un ápice de identidad. Un presupuesto de 3.589 reales de vellón fue la cantidad que estimó el arquitecto Emilio Jover para reconvertir La Asegurada en una escuela. "Dos años más tarde, a la ciudad se le concede el primer instituto de enseñanza media, que se instala en Casa de La Asegurada, donde se formaba a los hijos de la clase pudiente", asegura Cerdán Tato. El coronista asevera que estas reformas funcionaron como un embrión de la escuela de comercio que la burguesía comerciante acordaría construir en la segunda planta de la casa. De esta manera, en 1850 el instituto se convierte en una suerte de escuela de comercio municipal que adquiriría carácter oficial treinta y siete años después. También está documentado el aprovechamiento de este edificio como archivo notarial.
Durante la República y la posguerra, la casa se encontró en un estado de semiabandono que el Ayuntamiento estudió solucionar deshaciéndose de la todavía sede de la Escuela de Comercio, cuya finalidad "no estuvo muy definida durante aquellos años", según Cerdán Tato.

Asegurando el arte
El historiador Gil apunta que el Ayuntamiento invertía periódicamente "una cantidad escueta en el mantenimiento del edificio", hasta que vivió su penúltima reforma importante en 1966, pocos años antes de convertirse en el lugar de exhibición de la colección de arte contemporáneo donada por Eusebio Sempere.
En 1977 el artista alicantino, una de las figuras más respetadas e influyentes en el arte español del siglo pasado, inauguraba el museo que se había instalado en la Casa de la Asegurada con el valioso fondo artístico que él mismo había donado a la ciudad y bautizado como Colección Arte Siglo XX.
Entre las paredes que tres siglos antes se habían amontonado toneladas de grano se colocaron 177 obras entre las que se incluyen tanto pinturas como esculturas y otras obras gráficas en las que hay que destacar nombres como Picasso, Miró, Chagall, Tapies, Giacometti, Chillida, Julio González, Christo o Kandinsky. La Asegurada volvía a dignificar su función y se consolidaba como uno de los espacios más queridos y visitados de la ciudad.
El antiguo pósito de trigos de la ciudad volvió a colocar el cartel de cerrado por reformas en 2005, 320 años después de su inauguración. Esta vez volvía a mutar su interior para convertirse en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante, conocido como MACA, que fue inaugurado por toda la plana mayor del gobierno de la Comunidad el pasado mes de mayo. En diciembre de este año, el espacio expositivo de la sala inferior del nuevo museo abría sus puertas a una muestra sobre arte normativo. A finales de enero está prevista la apertura definitiva del MACA con sus colecciones permanentes: la Colección de Arte Siglo XX, el legado de Juana Francés y el propio fondo municipal de la obra del artista de Onil. El arte alicantino está asegurado.

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