19 de junio de 2010
19.06.2010
PERFIL POLÍTICO

El último comunista

19.06.2010 | 02:00

El intelectual luso ingresó en 1969 en el Partido Comunista de Portugal para abrazar una ideología que, si bien no abandonó nunca, fue tan víctima de su pensamiento crítico independiente como lo fueron las posturas derechistas o la propia democracia. Consciente de la importancia pública de sus opiniones, el autor fue tomando partido público ante problemas concretos, sin importar si eran de calado local o global, hasta sus últimos días.

El 16 de enero de 1969 ingresaba en el Partido Comunista Portugués, con el número de afiliado 145.167, José Sousa Saramago, escritor y periodista de 46 años. Saramago, que recientemente había realizado su primer viaje a España, hacía explícito así un compromiso con determinadas posiciones políticas que iría ahondando con las circunstancias venideras y ya no abandonaría. Será un comunista tenaz pero independiente, que mantuvo posiciones críticas en el seno de la formación.
La Revolución de los Claveles lo cogió recién regresado de España, donde había pasado unos días inquietos, a la espera de que se desarrollaran los acontecimientos. Con el nuevo régimen surgido tras el golpe del 25 de abril de 1974, Saramago fue nombrado asesor del Ministerio de Comunicación Social. En octubre de ese mismo año tomó parte en el VII Congreso del PCP, en el que retira de su programa la dictadura del proletariado.
En 1975 lo nombran director adjunto del nacionalizado Diario de Noticias, en el que asumió el papel de periodista revolucionario y del que acabaría saliendo envuelto en una gran polémica. Fue acusado de radicalismo marxista y de favorecer la expulsión de una veintena de periodistas críticos con su línea ideológica. Es calificado de contrarrevolucionario tras el golpe del 25 de noviembre, se queda sin trabajo y decide ganarse la vida con la escritura.
La militancia en el PCP con un compromiso activo es una constante en el resto de la década, aunque con la llegada de los ochenta y el aumento de la notoriedad como escritor, asistirá a las reuniones con menos asiduidad. En 1987, junto a otros intelectuales del PCP suscribe un documento que opta por una apertura interna de la formación política. Es elegido presidente de la Asamblea Municipal de Lisboa en 1989, cargo que abandona por discrepancias con la dirección del PCP.
Su nombre se incluyó en las listas del CDU (una coalición que incluye al PCP) a las primeras elecciones europeas, aunque dejó claro que "no me veo como eurodiputado, mi trabajo no es ese, [...] no me voy a convertir en eurodiputado".
En los noventa, y especialmente tras su traslado a Lanzarote y la concesión del premio Nobel, el compromiso de Saramago se encauzará cada vez menos a través de opciones partidistas y optará por el posicionamiento público ante problemas concretos, consciente el escritor de la trascendencia que tienen sus opiniones. Así, alerta sobre la sobreexplotación urbanística de Lanzarote o se alinea con las reivindicaciones del movimiento zapatista.
En 2003 se distancia del régimen cubano, aunque posteriormente volvería a reunirse con Fidel Castro. "Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino, yo me quedo" llegó a escribir. Censura a George W. Bush y critica la democracia, "una tomadura de pelo".
Saramago aparece cada vez más como una conciencia lúcida de la sociedad contemporánea y sus problemas, sean de ámbito local o planetario. El pasado mes de enero supimos de su apoyo a Aminatu Haidar, la activista saharaui que protagonizó una huelga de hambre en Guacimeta. "Sin Aminatu todos seríamos más pobres", proclamó.
Saramago nunca abandonó el compromiso político, aunque la expresión de este fuera adoptando diferentes cauces a lo largo de los años. El posicionamiento independiente del escritor poco conocido que se afilia al PCP es el mismo que el del novelista laureado con el Nobel que critica a George W. Bush, la democracia o la deriva del régimen castrista.

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