21 de marzo de 2010
21.03.2010
UN SECTOR EN PLENO AUGE

Contra la crisis, industria cultural

La industria cultural representa en España cerca del 5% del Producto Interior Bruto mientras que en la Comunidad Valenciana alcanza el 3%

21.03.2010 | 01:00
Exposición del IVAM, "Pintadas sobre el mar".

La industria cultural representa en España cerca del 5% del Producto Interior Bruto mientras que en la Comunidad Valenciana alcanza el 3%, por encima de sectores como la agricultura o la energía. Los expertos sostienen que una apuesta por las empresas culturales puede contribuir al cambio de modelo productivo y denuncian que las ayudas al sector han caído en los últimos años.

No cuenta con grandes titulares en las páginas de los diarios económicos, ni llama la atención de corresponsales para el exterior del Financial Times. No hay planes E ni Confianza para evitar que la crisis económica se cebe sobre sus empresas. Sin embargo, según las últimas estimaciones del Ministerio de Cultura, el sector de la industria cultural supone ya en España el 5% del Producto Interior Bruto si se computan también las actividades que generan derechos de autor (arquitectura, publicidad o generación de software). En el caso de la Comunidad Valenciana, la Generalitat sostiene que la autonomía es en términos absolutos la cuarta en importancia a nivel nacional si se analizan número de empleados, aportación al PIB, número de empresas culturales, editoriales, productoras de cine o disposición de espacios escénicos teatrales.
Pero en materia estadística muy pocos coinciden. Según el último Anuario de Estadísticas Culturales 2009 elaborado por el ministerio, en 2008 el mercado laboral relacionado con la industria cultural representaba el 2,8% sobre el total del empleo en España. Rubén Gutiérrez del Castillo, coordinador del área de estudios de la Fundación Autor, explicaba recientemente en un estudio que en términos de aportación al PIB, la industria de la cultura y el ocio constituía antes del pinchazo inmobiliario la sexta más productiva por detrás de la construcción, las actividades inmobiliarias, la hostelería, el comercio al por menor y la intermediación financiera. Esta clasificación puede haberse modificado ahora con la crisis económica. Según declaró en un foro el director general de Política e Industrias Culturales, Guillermo Corral, la cultura está resistiendo bien la crisis. "Mucha gente considera los productos culturales una parte esencial de su bienestar, al que no renuncia", sostuvo Corral.
Este alto cargo del Ministerio plantea algo en lo que coincide el director del Servicio de Asistencia y Recursos Culturales de la Diputación de Valencia, José Luis Pinotti. "No hay datos reales para cuantificar el impacto de la industria cultural", dice Pinotti. "No es fácil de cuantificar [la aportación de la industria cultural al PIB] porque los sectores más clásicos de producción, como el editorial, se ven completados por otros como el diseño de moda, de arquitectura de autor, o lo videojuegos", manifestaba Corral en mayo del año pasado.
Pinotti lo tiene claro. Si se computasen los efectos inducidos sobre las economías en términos de movimiento económico y generación de empleo la industria cultural se auparía al segundo o tercer puesto como sector económico. Pinotti aporta la perspectiva que le da dirigir un servicio de asesoramiento a pueblos de la provincia de Valencia en materia de promoción cultural. Para él las Fallas, un desfile de Moros y Cristianos o montar una sociedad musical también son cultura y hasta ahora no se ha estudiado su impacto sobre la economía. "Son muchos recursos, pero son aportaciones económicas tan dispersas que nunca se ha hecho el esfuerzo de reagruparlas con la finalidad de demostrar el movimiento económico que hay detrás", afirma.
Con la intención de poner en valor el sector y caminar hacia su reconocimiento profesional, Pinotti impulsó a finales del año pasado el Congreso Internacional sobre la Plusvalía Económica de la Industria Cultural, del que ahora se están cerrando las ponencias. "Pretendemos demostrar que la cultura no es la hermana pobre ni la industria mendicante. Tiene tanta importancia como puede tener el turismo". El responsable de los servicios culturales de la corporación provincial explica que mientras el turismo se nutre de ingresos del ciudadano, en muchas ocasiones la cultura lo hace de fondos públicos y "parece que sea un saco sin fondo". "El sector cultural no ha sido capaz de demostrar que también genera actividad económica.
En colaboración con la Universidad de Valladolid, los impulsores de este congreso han encargado un amplio estudio para cuantificar el impacto real de la cultura sobre la economía, tanto directo como inducido. Los expertos no se ponen de acuerdo y desde algunas instancias universitarias se critica las estadísticas que cocina la Generalitat a partir de los anuarios del Ministerio de Cultura. En cualquier caso son en estos momentos la única fuente sobre el volumen del sector cultural en la Comunidad y señalan que la industria cultural representa el 3% del PIB regional, con un volumen de negocio de 2.630 millones de euros en 2008. Según la conselleria que dirige Trinidad Miró, la cultura como sector económico está por encima de otros como la alimentación, bebidas, tabaco, industrias químicas, de vehículos de motor o del sector energético. La últimas estadísticas del Ministerio de Cultura reflejan que en 2008 había en la Comunidad 6.361 empresas dedicadas al sector y que el turismo cultural significó ingresos de 166 millones de euros.
En términos de empleo, este sector cuenta con una masa laboral de 62.000 trabajadores, aunque ese cálculo incluye también a todos los empleados del sector público en las distintas áreas de política cultural. El profesor del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia, Pau Rausell, destaca, no obstante, que desde el año 2000 se ha producido una disminución progresiva de gasto público destinado a la cultura desde la Administración autonómica. "Hoy en día está bastante por debajo de la media. Desde 1995 se apostó por los eventos culturales, pero a partir de la década de los 2000 se fueron desviando recursos hacia eventos deportivos, que eran más fáciles de rentabilizar", dice Rausell en referencia a la rentabilidad política.

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